Mientras el fuego arrasa el bosque nativo en la Cuesta del Ternero, salen a la luz los problemas que atraviesan brigadistas y combatientes de incendios en Rio Negro y Chubut. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) declara que el incendio aún activo superó las 10.000 hectáreas. La especulación y el desequilibrio ambiental como causa.

Ulises Crauchuk Corresponsal Comarca Andina | @ulisescrauchuk
Martes 26 de enero de 2021 20:27
Mientras el fuego, que avanzaba en dirección sureste hacia El Maitén por la ladera del Cerro Piltriquitrón, comienza a retroceder sobre sus pasos en dirección Este poniendo en alerta a parajes como Mallín Ahogado y el Cerro Saturnino al otro lado de la ruta 40. Fuentes del Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales (SPLIF) destacan la falta de personal para enfrentar la gravedad del incendio.
La dotación actual del SPLIF es de no más de 25 combatientes. En años anteriores eran incorporados entre 10 y 15 contratados por la temporada de verano a causa del aumento del riesgo de incendios, pero desde hace dos años la dotación se mantiene sin incorporaciones a la planta permanente. La provincia ha declarado no estar en condiciones de incorporar personal, lo que redunda en la sobrecarga del personal ante situaciones como la actual, donde por lo menos la dotación debiera duplicarse.
A esto se suma la deficiencia en indumentaria y material de protección. Cascos forestales que se compraron y no aparecen en el momento que son necesarios. Ropa y calzados insuficientes que son entregados cada dos años, y un conjunto de aspectos logísticos que acaban siendo resueltos por la solidaridad de la población con los combatientes.
En el caso de brigadistas del lado de Chubut, las condiciones de precarización son aún más graves y se suman al atraso de tres meses en el pago de sus haberes, aguinaldo y congelamiento paritario, re categorización e ingreso de personal que ya lleva tres años al calor de la crisis provincial.
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— La Izquierda Diario (@izquierdadiario) January 26, 2021
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego informa que el año pasado entre el 1 de enero y el 12 de diciembre de 2020, fueron más de 42000 has las que se quemaron en Río Negro. Con los datos de hoy en tres días se alcanzó un 15% de ese total.
El mayor peligro lo representan las plantaciones de pinos que constituyen un verdadero polvorín. A la perdida de flora y fauna nativa producto de los incendios, siguen años en los que el renoval de las coníferas exóticas, que se benefician del fuego para diseminar sus semillas y tienen un crecimiento inicial mucho más acelerado, ahoga la flora nativa. El resultado son espesos mantos de coníferas donde no habitan aves y animales autóctonos, suelos acidificados y baja del nivel freático debido al excesivo consumo de agua de dichas especies. Una desertificación verde que avanza año a año, e incendio tras incendio en la zona andina.
La secretaria de bosques es la encargada de controlar dichas plantaciones, peor también fue la promotora de la siembra de coníferas por su relativamente rápida posibilidad de comercialización como madera.
En los últimos años se ha sumado a ello el negocio de los bonos verdes. Enormes extensiones en distintos puntos del país son sembradas de coníferas debido a su supuesta capacidad de absorción del dióxido de carbono liberado a la atmosfera por la industria y el uso de hidrocarburos. Por caso, uno de los que apunta a este mercado es el magnate italiano Luciano Benetton con sus enormes plantaciones de pino en el noroeste de Chubut, pero también YPF en el norte neuquino.
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Este año que pasó, el país recibió cerca de U$d 90 millones en concepto de bonos verdes que son comprados por empresas contaminantes del primer mundo a cambio de conservar sus niveles de contaminación “compensados” por plantaciones que la absorberían.
Lo paradójico es lo rápido que esta “esponja de carbono” libera nuevamente el carbono absorbido ante los incendios. Solo los incendios en el delta del Paraná frente a Rosario este año, liberaron tanto carbono al aire como 700.000 autos en un año.
Sumando la desinversión en prevención y combate de incendios, la especulación en la siembra descontrolada de coníferas y la especulación inmobiliaria que promueve los incendios como método para lograr loteos en zonas prohibidas, la solución parece muy distinta a la individualización de las responsabilidades que toda campaña estatal plantea.