Ha sido una iniciativa presentada y retirada un centenar de veces en los últimos veinte años. Hace 5 años el PAN lanzó una iniciativa que aprobaron los diputados pero la rechazaron los senadores priístas. ¿De veras se acabará con esta garantía de impunidad de gobernantes y parlamentarios?

Raúl Dosta @raul_dosta
Miércoles 25 de abril de 2018
La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el dictamen que elimina el fuero a los diputados y senadores, así como a ministros de la Suprema Corte de Nación, de los órganos electorales y autoridades locales en todos los niveles para que puedan responder por imputaciones de orden penal que se señalen en su contra.
Paternalismo múltiple
La rapiña electoral salió a relucir cuando los principales partidos salieron a adjudicarse a autoría de esta reforma, comenzando por el PRI, que anunció que su candidato Meade fue quien propuso hacer este cambio constitucional. Ahora se pondrán a hacer mucho ruido presumiendo de esta iniciativa a la que llamarán “Ley Meade”. Marko Cortés declaró también que fue su candidato Ricardo Anaya quien la presentó a nombre de Acción Nacional.
Senadores del PRD y el PT ya adelantaron que darán su voto aprobatorio, “nosotros la apoyamos porque hemos inscrito reiteradamente iniciativas en favor del tema” aseguró el coordinador del PRD, Luis Sánchez.
Todas esta competencia de declaraciones triunfalistas rayan en la ridiculez puesto el interés en capitalizar electoralmente la eliminación de fueros. Aunque también es conocimiento público que esta propuesta ha sido planteada por muchos años por Andrés Manuel López Obrador, para quien sería uno de los pilares necesarios para edificar una “política anticorrupción”.
Entonces, ¿cómo es posible que el PRI haya impulsado esta iniciativa que favorecería y le daría la razón a AMLO?
Más aún, suena inverosímil que los priistas renuncien a su principal fuente de impunidad. No en balde en Proceso se reseñaba en febrero pasado: “Ante la proximidad de la selección de aspirantes a candidatos a diputados y senadores por el PRI, un torrente de funcionarios, exlíderes del partido, dirigentes sindicales y sectoriales, legisladores, exgobernadores, empresarios e hijos de mandatarios con biografías cuestionables han hecho una larga fila en la que se pelean los primeros lugares”.
Y es que la combinación del fuero y la pasividad interesada de la PGR, era la principal herramienta para evadir la cárcel de los gobernantes, jueces y legisladores corruptos.
¿Por qué eliminar el fuero?
En la medida en que la democracia capitalista se ha ido degradando al paso de las décadas los regímenes cada vez menos pueden garantizar un “equilibrio” entre los diversos poderes que componen las instituciones con que la clase dominante mantiene su hegemonía entre las masas. Esto al grado que es más común ver regímenes de tipo presidencialista, es decir, con un peso decisivo del poder ejecutivo donde los poderes legislativos no compensan los abusos o excesos de aquél, como es el caso mexicano, en el que además el poder judicial no tiene base representativa alguna sino que es designado por el presidente.
En los albores de la democracia burguesa el fuero surge como necesidad política para frenar los excesos autoritarios del ejecutivo que pudiera enderezar la fuerza del estado contra representantes opositores y perseguirlos judicialmente para bloquear la actividad de éstos.
Garantía de impunidad
Pero ante la degeneración brutal del aparato estatal que ha caído en un mar de corrupción en contubernio con los empresarios, para sacar junto a ellos la mejor tajada posible de la explotación de las clases subalterna y del saqueo del Estado, el fuero ha cambiado de su contenido original.
Así, no se puede entender cómo se impulsa desde el estado un nuevo aeropuerto, geográfícamente inviable donde se dilapidarán, de acuerdo con los datos denunciados por López Obrador, 200 mil millones de dólares con cargo al endeudamiento estatal, sin que los funcionarios involucrados tengan el menor temor de ser cuestionados o denunciados penalmente por su participación en el desfalco que hay detrás de una obra pública. O en el caso de las obras fraudulentas como las “realizadas” por Odebretch en la ampliación de la refinería de Tula y autorizadas por Lozoya Austin a cambio de una decena de millones de dólares y que las instancias gubernamentales han hecho todo lo posible por ocultar.
El fuero ha adquirido el carácter de garantía de sobrevivencia ante una acusación de corrupción, para darle al funcionario ladrón, tiempo y espacio para evadir sus responsabilidades ante la ley. Si actualmente están en la cárcel Javier Duarte, Roberto Borge y Tomás Yarrington extraditado en EEUU, se debe más a que la PGR, la otra pata de la impunidad desde el Estado, por más que se haya hecho omisa, ha tenido que extraditar a los dos primeros por la acción efectiva de las autoridades de Panamá y Guatemala y la Interpol.
Tanto robo y tanta impunidad desde el Estado ha hecho que escándalos como la Estafa Maestra de la que los probables responsables son Meade y Rosario Robles irriten cada vez más a la opinión pública y obliguen a que los partidos del régimen, ante el terrible descrédito del gobierno priista, salgan a ofrecer como una promesa central “acabar” con la corrupción y tengan que proponer la eliminación del fuero y poner a sus bancadas parlamentarias a trabajar en ello.
Una propuesta perniciosa
Sin embargo, algunos personajes han salido a advertir que la eliminación puede tener un uso pernicioso. Es decir, que se pueda convertir en una herramienta para perseguir a políticos y funcionarios opositores a quien detenta el poder a retroceder en sus posturas políticas o incluso como para coercionarlos a sumarse a sus propias filas. Sólo por poner un caso hipotético, el desconcertante paso que dio de Silvano Aureoles, gobernador perredista y hasta hace unos días impulsor de la candidatura de Ricardo Anaya, cambiando de bando y anunciando que se suma a la campaña del priista Meade.
El argumento “convencedor” ante la pérdida del fuero podría ser: “la única opción sería unirte a nosotros que tenemos a nuestro lado a la PGR y si ella no mueve un dedo, no tienes nada que temer, y si no quieres... también tenemos la PGR”.
Una vía rápida para volver
Pareciera tan inverosímil el abandono del fuero de los políticos corruptos chapulines, quienes buscan elección tras elección un nuevo cargo para mantenerse a salvo del castigo de sus fechorías, pero sería funcional en la lógica que este asunto fue utilizado en Brasil, mediante el impeachment, o juicio político para desaforar a la presidenta Dilma Rouseff y sacarla del gobierno e imponer así un golpe de estado por la vía administrativa.
La eliminación del fuero simplificaría las cosas para repetir una política similar en nuestro país. ¿Será que los gurús del PRI, el PAN y la comparsa del PRD, hayan visualizado el peor escenario posible para ellos en este 1 de julio: la derrota a pesar de las medidas fraudulentas, ante un aplastante victoria de AMLO? En un escenario así, la ausencia de fuero les daría una opción para volver al poder lo más rápido posible sin tener que esperar a una alternancia seis años después.
Los grandes negocios que llevan los grandes empresarios y el séquito de funcionarios que los cobija en el aparato estatal en nombre del gran capital extranjero no admiten interrupción alguna y sólo a condición de “prestarle” algunos meses un año quizás el poder a AMLO, en tanto se desactiva las expectación de las masas por un gobierno que ven como suyo, valdría la pena esperar para reanudar la contraofensiva por el poder. ¿Será?
Las elecciones de julio están exacerbando la lucha en las alturas como muestra de la descomposición orgánica de los partidos tradicionales que tienden a disociarse de las aspiraciones de las masas. En ese trance el Morena es el que podría capitalizar el descontento social y el hundimiento electoral de los partidos del otrora “Pacto por México”, como vimos en el debate del “todos contra AMLO”.
A pesar de hay pequeños sectores descontentos con su dirección, porque ha abierto las puertas a exfuncionarios y políticos procedentes de aquellos partidos, el respaldo de las masas a López Obrador llevará al máximo las tensiones entre los actores políticos por un lado y la necesidad de tomar una decisión crucial por parte de la clase dominante, aceptar o no la alternancia.
Los trabajadores del campo y la ciudad, los desposeídos de la barbarie capitalista, los sin techo, sin empleo y tierra a quienes sólo nos reservan el papel de espectadores en su circo de falsa representación política para los que sólo tenemos que ir a depositar cada seis años un voto y volver a nuestra miseria, tenemos que organizarnos y prepararnos a levantar nuestra voz, independientemente del escenario que “los de arriba” quieran imponer.
En las fábricas, en las colonias, en las escuelas, tenemos que levantar nuestra propia propuesta. Con fuero o sin fuero, buscan sacarnos la máxima ganancia y robar lo más que pueden del erario. Tenemos que imponerles nuestra propia noción de fuero, el poder organizado desde abajo. Un gobierno de trabajadores y hacer que la crisis la paguen ellos mientras organizamos nuestras propias instituciones para producir sin explotación ni latrocinios de por medio.