El Banco Mundial publicó un informe en el cual Argentina aparece, junto con Uruguay y Chile, como uno de los países con menores niveles de pobreza de América Latina. El índice de pobreza de nuestro país es situado en el 10 %, más del doble que el 4,7 % que reconoció en su último informe el INDEC.

Pablo Anino @PabloAnino
Miércoles 11 de marzo de 2015
El Banco Mundial dio a conocer el informe titulado “Los olvidados, pobreza crónica en América Latina y el Caribe”.
Allí se señala que “Uruguay, Argentina y Chile exhiben las menores tasas de pobreza crónica, con cifras en torno al 10 por ciento. En el otro extremo, Nicaragua, Honduras y Guatemala detentan tasas de pobreza crónica significativamente más altas que el promedio regional de 21 por ciento, variando de 37 por ciento en Nicaragua a 50 por ciento en Guatemala".
Télam, la agencia oficial de noticias, reseñando el informe del Banco Mundial se apresuró a destacar que Argentina exhibe las menores tasas de pobreza crónica de la región. Pero no se percató de que el 10 por ciento de pobreza crónica que registra el Banco Mundial para nuestro país más que duplica la última cifra de pobreza reconocida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
El INDEC publicó por última vez los índices de pobreza en el primer semestre de 2013. Allí apenas reconoce un 4,7 por ciento de personas en situación de pobreza, para los aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares.
Según los guarismos oficiales, en el primer semestre de 2013 existían aglomerados que prácticamente habían eliminado la pobreza y la indigencia. Por ejemplo, el Gran Mendoza registraba apenas 1,7 por ciento de personas pobres y Gran La Plata 1 por ciento. En el noroeste argentino (Jujuy-Palpalá, Salta, Gran Tucumán-Tafí Viejo, Santiago del Estero-La Banda, Gran Catamarca y La Rioja) la indigencia había virtualmente desaparecido con una tasa cercana al 0 por ciento. Los mismos datos ficcionales se repiten en el noreste (Corrientes, Formosa, Gran Resistencia, Posadas) con 1,7 por ciento de personas indigentes.
Tal vez porque creyó resueltos esos problemas para siempre es que el INDEC consideró oportuno discontinuar la publicación de las series estadísticas. No es casual que el ex jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, haya considerado "un hecho aislado" la muerte por desnutrición en el norte del país de un niño qom.
La manipulación de los indicadores por la intervención del INDEC fue carcomiendo progresivamente a todo el sistema estadístico. El resultado es un dibujo donde el contraste entre la realidad y la ficción presentada por la intervención del INDEC es cada vez más evidente.
Las estimaciones alternativas, como la realizada por el Observatorio de Datos Económicos y Sociales de la CTG opositora que dirige Hugo Moyano, ubican a la pobreza afectando al 28,9 por ciento de la población en enero de 2015.
Quieren que los pobres paguen la crisis
Volviendo al informe del Banco Mundial, si bien destaca que desde principios del siglo XXI “setenta millones de personas, una cifra extraordinaria, salieron de la pobreza; el resultado más impresionante en reducción de la pobreza en la región en décadas”, todavía “uno de cada cinco latinoamericanos o alrededor de 130 millones de personas no han conocido nada distinto a la pobreza, subsistiendo con menos de US$ 4 al día a lo largo de sus vidas. Estos son los pobres crónicos de la región”.
El documento también dice que “una faceta adicional de la dramática reducción de la pobreza es el surgimiento de una amplia clase media en ALC, la cual se incrementó en alrededor del 23 por ciento de la población en el 2003 a 34 por ciento en 2012 y superando en 2010 por primera vez el número de personas pobres”.
Pero la situación está cambiando con el desmejoramiento de las condiciones económicas. Según el Banco Mundial el crecimiento del PIB se retrajo desde 6 por ciento en 2010 a 0,8 por ciento en 2014. Por lo cual, “esta contracción probablemente elimine uno de los principales motores detrás de la fuerte contracción en la pobreza: un mejor mercado de trabajo”.
El deterioro de la situación económica está detrás del desgaste de varios de los gobiernos latinoamericanos denominados posneoliberales que hoy vuelcan los costos de la crisis sobre los trabajadores. Mientras hubo bonanza económica las burguesías permitieron que a los pobres les lleguen apenas las migajas de las enormes ganancias capitalistas. En épocas de vacas flacas, ni eso.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.