Esta iniciativa propone una reducción en un país que ocupa el primer lugar en jornadas más largas, pero ¿se garantizará el mismo salario trabajando menos horas?
Lunes 15 de agosto de 2022

El miércoles 10 de agosto, el senador Ricardo Velázquez Meza, del Grupo Parlamentario Morena, presentó un proyecto de decreto por el que se reforma el artículo 61, Capitulo II, Jornada de Trabajo, de la Ley Federal del Trabajo (LFT).
Dicha iniciativa se turnó a las Comisiones de Trabajo y Previsión Social del Senado y de Estudios Legislativos de la Cámara de Senadores, donde se analizará la propuesta para reducir de 48 a 36 horas el máximo legal de la jornada semanal, por lo que se pasaría de ocho horas a seis horas de jornada diaria de trabajo, seis días a la semana.
Actualmente, en México existen tres tipos de jornadas laborales: diurna (ocho horas), nocturna (siete horas) y mixta (siete horas y media). La iniciativa de reforma propone que las tres jornadas laborales duren seis horas diarias. El Senador Velázquez retomó el caso de Suecia, donde se ha implementado una jornada laboral de seis horas diarias para aumentar la salud y la productividad, “sin presentar tiempos de ocio”.
¿Cuántas horas se labora en México?
México se posiciona en los primeros lugares con las más largas jornadas laborales a nivel mundial y el promedio de horas trabajadas es el más alto de todos los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Lo anterior implica que la jornada de 8 horas ni siquiera es real para amplios sectores, que trabajan más, pues aunque alrededor de 26 millones de trabajadorxs basificados tienen jornadas de 35 a 48 horas semanales -según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de febrero -, a por lo menos 16 millones de esos mismos trabajadorxs les exigen laborar más de lo permitido, sin pago de horas extras.
Sin embargo, para lxs trabajadorxs precarizadxs y subsumidos en la informalidad, la realidad es todavía más cruda, pues al no contar con derechos laborales, se les niegan cuestiones tan básicas como contratos en los cuales se establezca el tiempo a laborar, por lo que impunemente sus jornadas se pueden llegar a elevar sin pago o incremento de su salario.
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Durante la pandemia México tuvo el primer lugar con una mayor jornada laboral entre los países de América Latina, a pesar de que en este periodo hubo una disminución en el total de horas de trabajo. En junio de este año, la ENOE reportó que hubo un crecimiento de personas que laboran más de 48 horas a la semana, es decir, con una jornada superior a las 8 horas diarias reglamentarias.
En total, en México se labora en promedio 2,124 horas al año, en comparación con 1,687 del promedio de los países de la OCDE.
Del papel a los hechos
Entre las prioridades de Ricardo Velázquez se menciona la preocupación por aumentar la productividad, discurso dirigido a los grandes empresarios. Pero no queda claro si la medida beneficiaría a las y los trabajadores, es decir, si la iniciativa implica o no una reducción salarial.
Por lo pronto, hay que enmarcar esta iniciativa en una serie de promesas y medidas en materia laboral que ha realizado el gobierno de la 4T, pero que se han quedado muy cortas, como lo es el aumento del salario que solo alcanzó a los basificados y que resulta insuficiente frente a la creciente inflación. Otras estaban dentro de la reforma laboral, pero han sido discursos como en el caso de la prohibición del outsourcing, que sólo se regularizó, o la democratización y libertad sindical, para lo cual no son suficientes las medidas implementadas, como el voto universal de dirigentes. En esencia, la política laboral no ha sido a favor de las y los trabajadores, sino de mayor precarización laboral y de fragmentación de nuestras filas al promoverse el surgimiento de sindicatos alternativos.
Hay que considerar entonces que la única forma en que la reducción de la jornada laboral sea una medida progresiva es sin reducir el salario, el cual además debe aumentar por arriba de la inflación, que en julio de este año llegó al 8,15% -la tasa más alta en los últimos 22 años- e incrementarse automáticamente conforme suban los precios de la canasta básica.
Para ello, las y los trabajadores requerimos representantes políticos independientes como parte de la lucha por hacer efectiva esta propuesta, a lo cual han respondido experiencias como la campaña de Sulem Estrada, maestra de educación básica y Miriam Hernández, trabajadora de la UNAM, de la fórmula "Anticapitalistas al Congreso", que contendieron por una diputación local en el Distrito 32 de Coyoacán, así como la campaña del Frente de Izquierda Anticapitalista (FIA) por una diputación federal, encabezada por la trabajadora estatal Flora Aco, desde donde se ha formulado la consigna de reducción de la jornada laboral articulada con la cuestión del salario y del desempleo:
“Ante la crisis, 6 horas de trabajo, 5 días a la semana. ¡Trabajo para todos! Reparto de las horas de trabajo y aumento general de salarios de acuerdo con el costo de la canasta básica, ajustables según el aumento de precios.”
Por lo que se vuelve necesaria la organización de las y los trabajadores, construyendo sus propias representaciones políticas, para exigir la reducción efectiva de la jornada laboral sin reducción salarial, el reparto de las horas de trabajo entre empleados y desempleados y el aumento automático del salario según la inflación.