El subalférez Echazú es uno de los gendarmes sospechados por la desaparición de Maldonado. Quiere defenderse criminalizando al joven desaparecido y a todos los que cortaron la ruta ese día.

Cecilia Rodríguez @cecilia.laura.r
Miércoles 20 de septiembre de 2017
Insólito, increíble, pero real. Según el diario Clarín, el subalférez Echazú, uno de los gendarmes sospechados por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, acusará de intento de homicidio a todos aquellos que participaron del corte de la ruta 40 aquel 1ro de agosto en el que Santiago fue visto por última vez. El propio joven desaparecido sería acusado “por lo que pasaría de desaparecido a prófugo”, indicó una fuente consultada por el citado diario.
La noticia, que lleva al paroxismo esa vieja estrategia de “culpabilizar a la víctima”, llega en el marco de la batería de hostigamientos que lanzó el Juez Otranto contra la comunidad mapuche de Cushamen. El Juez ordenó un rastrillaje sobre el área del río Chubut donde habitan las familias de la comunidad, impidiendo ingresar a los querellantes y a la familia Maldonado para ejercer control sobre la producción de las “pruebas”, que, al parecer fueron de pocas a ninguna. A su vez, las fuerzas presentes ataron a varios de los testigos durante más de seis horas. Entre ellos, a Matías Santana, el joven que declaró ante el juez haber visto a gendarmería llevarse a Santiago. También detuvieron arbitrariamente a una mujer de la comunidad, mientras, al día de la fecha, todos los gendarmes que participaron del operativo represivo durante el cual desapareció Maldonado no solo están libres sino que ni siquiera están imputados.
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Uno de los que goza de esa impunidad, brindada y asegurada por el Juez, es el subalférez Echazú, que ahora lanza su amenaza en busca de defenderse de las acusaciones que pesan en su contra. Recordemos que Echazú, perteneciente al Escuadrón 35 de El Bolsón, es uno de los diez o doce gendarmes que no solo participaron de la cacería de manifestantes, tierras adentro del Pu Lof de Cushamen, sino que llegaron hasta la orilla del río, al sitio donde desapareció Santiago. La cacería se hizo con piedras, balas de goma y, según se demostró recientemente, con pistolas 9 milímetros. El propio Echazú fue fotografiando subiendo desde el río portando una escopeta, exhibiendo una herida en el pómulo derecho.
Fuentes judiciales indicaron a Clarín, hace unos días, que “el subalférez pudo haber actuado violentamente movido por la furia y la adrenalina del momento y golpear a Maldonado hasta llevarlo a la muerte”. Una acusación e intento de justificación a la vez.
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Un detalle se suma a las sospechas: la mayoría de los efectivos del Escuadrón al que pertenece Echazú, y Echazú mismo, se tomaron licencia el día siguiente a la represión. Las autoridades quisieron explicar la extraña coincidencia aludiendo a que eran licencias programadas, aunque nada explicaron sobre el hecho de que todos los gendarmes se fueran llevándose sus celulares y sin dar explicaciones de lo que sucedió.
Ahora, Echazú, gozando de las mil ventajas que le otorga el Juez Otranto, dice que él fue víctima de un intento de homicidio y amenaza a acusar a todos los que participaron del corte de ruta reprimido por gendarmería: es decir, a todos los testigos que lo acusan a él de la desaparición de Maldonado y al propio joven desaparecido. Las pruebas de Echazú: un piedrazo que arbitrariamente cayó en su pómulo y que no le impidió continuar su persecución sobre los manifestantes y el propio Santiago, hasta la vera del río en donde, hace 50 días, el joven fue visto por última vez.

Cecilia Rodríguez
Militante del PTS-Frente de Izquierda. Escritora y parte del staff de La Izquierda Diario desde su fundación. Es autora de la novela "El triángulo" (El salmón, 2018) y de Los cuentos de la abuela loba (Hexágono, 2020)