Los riesgos para la salud y el medioambiente son parte de las razones que menciona el estudio.
Martes 22 de diciembre de 2020
La agencia de investigación Forensic Architecture, en colaboración con la agrupación No+Lacrimógenas, concluyó que el gas lacrimógeno debería ser prohibido. Esto debido a las concentraciones de este gas en las inmediaciones de la Plaza de la Dignidad, que durante este año "superaron en 135 veces" la concentración máxima que los mismos manuales de Carabineros han establecido.
La investigación utilizó técnicas de investigación visual, software de detección a medida de objetos, modelación digital y simulaciones avanzadas de dinámica de fluidos para examinar la escala del uso de gas lacrimógeno a lo largo de un día de protestas. En este caso, la muestra fue tomada el 20 de diciembre de 2019, para así detectar de forma eficaz los riesgos para la salud de quienes sufren la represión y la violencia policial.
El 20 de diciembre, como indica el estudio, se utilizaron 594 cartuchos de gas lacrimógeno en contra de los manifestantes, en ese sentido, se logró establecer que la densidad de los químicos tóxicos en el aire en algunos puntos de la Plaza de la Dignidad excedió por lejos los niveles de toxicidad considerados "seguros".
La investigadora del Forensic Architecture, Martyna Marciniak, indicó que el estudio demuestra que "a pesar de que existen regulaciones para el uso de gas lacrimógeno, en la práctica, estas regulaciones simplemente no pueden ser implementadas ni verificadas in situ, y que como consecuencia, los límites establecidos de gas lacrimógeno son transgredidos ampliamente".
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Marciniak agregó que "además del debilitamiento más inmediato de los manifestantes, los niveles de toxicidad en el aire son muy peligrosos y que muy posiblemente causan efectos duraderos para la salud, impactando también el medio ambiente. Por todo esto, el gas lacrimógeno debería ser prohibido".
Por otro lado, la Dra. Samaneh Moafi, también nvestigadora del Forensic Architecture, señaló que "el espacio urbano -las calles y las rotondas- fue un aspecto crucial de las revueltas del 2019 en Chile, Hong Kong, el Líbano y otros lugares. La gente usó calles y plazas para producir prácticas colectivas de expresión de su descontento. Para suprimir a los manifestantes, las autoridades llenaron el espacio aéreo con químicos tóxicos. Los informes médicos evidencian su impacto brutal".
La violencia policial, las violaciones de los DDHH y los atentados graves contra la salud de las personas, son una política sistemática del Estado de Chile en contra de quienes han salido a la calle a repudiar a este gobierno.

Javier Ilabaca
Estudiante de Periodismo, Universidad Central de Chile