A una semana de la reunión de Viena para discutir el futuro de Siria cada uno de los asistentes parece reafirmar su propio juego. Irán deja claro que su objetivo, junto al de Rusia, es apuntalar a Al Assad para una eventual transición.
Jueves 5 de noviembre de 2015
Fotografía: Reuters
Terminadas las fotos y los apretones de manos de la pasada cumbre de Viena en la que Irán y Arabia Saudita, dos potencias regionales enfrentadas, se sentaron en la misma mesa para discutir el futuro de Siria, cada país volvió a reafirmar su posición. El presidente sirio Bashar Al Assad, que no fue invitado a la cumbre pero dominó la agenda, sigue siendo el centro del debate sobre Siria. Más precisamente si formará parte o no de un proceso de transición política en el país como defienden Irán y Rusia.
Para dejar en claro la cuestión un asesor del líder supremo ayatolá Ali Khamenei, manifestó públicamente que Irán no colaborará con Estados Unidos en la "lucha contra los terroristas en Siria".
"Irán no cooperará directa ni indirectamente con Estados Unidos", señaló Ali Akbar Velayati, según Press TV, tras reunirse con el viceministro de Relaciones Exteriores de Siria, Faisal Mekdad, en Teherán. No se trata solo de un “desplante” a Estados Unidos y su idea de reforzar su intervención en Siria por medio del envío de al menos 50 tropas de élite en el terreno, algo que se venía negando a hacer hasta el momento.
Irán pretende dejar en claro con estas declaraciones algo que ya había mencionado Rusia durante la reunión de la semana pasada, y que no es solo el apoyo militar a Al Assad, sino darle el respaldo político ante el resto de los países que deberían consultarle antes de realizar cualquier operación en su territorio.
En esta sintonía Velayati dijo que "Irán no aceptará ninguna iniciativa relativa a Siria sin consultar al gobierno y a la población del país". La realidad es que hace tiempo que Al Assad domina solo una pequeña porción del territorio de Siria, y desde el inicio de la guerra hace ya cuatro años su “legitimidad política” es algo relativo.
Mientras tanto los actores que intervienen en el conflicto sirio tratan de limar las ventajas de sus adversarios. Así la intervención de Estados Unidos trata de fortalecer (o al menos evitar que se sigan debilitando) a un sector de la oposición moderada a Al Assad que ha venido siendo atacada por los bombardeos de las fuerzas rusas durante el último mes.
Al mismo tiempo EEUU busca que Rusia pague algún precio por su aventura militar. No por nada los medios estadounidenses revelaron, contra lo que dice o no quiere reconocer el propio gobierno de Putin, que el avión de pasajeros ruso que cayó en Egipto el fin de semana fue probablemente derribado por una bomba colocada por el Estado Islámico.
Para ambas partes se trata de establecer una relación de fuerzas favorable a sus intereses durante una hipotética negociación de una salida política al conflicto. Algo semejante a una quimera en un conflicto que lleva cuatro años y ya suma 11 millones de desplazados, 250.000 muertos y 80 % de la población viviendo en condiciones de pobreza.