Veracruz: Javier Duarte ha lanzado una serie de amenazas públicas a periodistas y la impunidad por los crímenes contra estos. Tan sólo en los cuatro años de gestión de Duarte y hasta antes del crimen contra Rubén, habían sido asesinados catorce periodistas. Nos encontramos con otra terrible noticia que ha generado una profunda indignación: el asesinato en la Cuidad de México del periodista Rubén Espinosa, Mile Virginia Martín, Yesenia Quiroz, Nadia Vera y Olivia Alejandra Negrete después de haber sido violadas y torturadas.

Andrés Aullet Abogado y maestro en Derechos Humanos
Viernes 7 de agosto de 2015
Hace tan sólo seis meses desde Izquierda Diario hicimos mención del asesinato en Veracruz, entre otros más, del periodista José Moisés Sánchez Cerezo, producto de la violencia contra este gremio.
Nuevamente nos encontramos con otra terrible noticia que ha generado una profunda indignación: el asesinato en la Cuidad de México del periodista Rubén Espinosa, Mile Virginia Martín, Yesenia Quiroz, Nadia Vera y Olivia Alejandra Negrete después de haber sido violadas y torturadas.
Lo grave del contexto es todo el ambiente que hay detrás del crimen, en el que Javier Duarte ha lanzado una serie de amenazas públicas a periodistas y la impunidad por los crímenes contra estos. Tan sólo en los cuatro años de gestión de Duarte y hasta antes del crimen contra Rubén, habían sido asesinados catorce periodistas.
El perfil de los periodistas asesinados tiene elementos en común: la fuerte denuncia y crítica a las políticas públicas del Gobernador de Veracruz, Javier Duarte y a los diversos señalamientos a la impunidad hacia los crímenes del narcotráfico y el asesinato de periodistas; las denuncias previas por la violación a sus derechos humanos y su integridad como profesionistas; las amenazas de muerte que recibieron antes de su asesinato y la omisión e inactividad del Gobierno del estado para proteger a los denunciantes y actuar contra las amenazas y; además, responsabilizarlos directamente de su muerte.
México y la "democracia"
La biografía de México, documentada en los últimos 9 años por cientos de periodistas, activistas, luchadores sociales, intelectuales, sindicatos democráticos, organizaciones de derechos humanos y civiles y comunidades es, la de la “democracia” de la militarización, la represión, el autoritarismo, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales, la violación generalizada de derechos humanos, los miles de muertos de la guerra contra el narco, los feminicidios, la trata de personas -especialmente de mujeres-, el tráfico de órganos y por si fuera poco, la aplicación de las reformas estructurales y los despojos a comunidades operadas por el Régimen del Pacto por México encabezado por el gobierno priísta de Peña Nieto, del PRI, PAN, PRD, PVEM, entre otros y sus gobernadores; todos ellos, al servicio del gran capital nacional o extranjero.
Estamos en el país de los más de 25 mil desaparecidos y los más de 250 mil muertos, de los comuneros masacrados en Ostula; de los 43 normalistas de Ayotzinapa, de Tlatlaya, de Apatzingan, de Xochicuautla, del Veracruz que calza al norte desde el Río Bravo hasta el sur en frontera con Guatemala; hablo del mismo país que en otros momentos se llama Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Oaxaca, etc.
A su salida de Veracruz, y tras varias amenazas contra su vida, Rubén señaló que abandonaba ese estado, porque no quería ser el número trece, en alusión al asesinato compañeros del gremio victimados durante la gestión de Duarte.
Rubén como otros periodistas en Veracruz habían denunciado públicamente las amenazas de muerte contra su persona, las cuales se consumaron con un resultado trágico. El caso de Rubén, no fue la excepción. No es menos importante el feminicidio contra las cuatro mujeres, la tortura y las violaciones que cumplen claramente con las características de un mensaje político: quitarse de encima a las personas incómodas y a quienes las rodean, acallar las voces de descontento y tratar de infundir terror contra quienes denuncian y se oponen a las políticas de quienes están en el poder rematando al país y llevando acabo jugosos negocios con las transnacionales y el narcotráfico.
Duarte y el periodismo
En redes sociales destaca un video en el que se escucha que Duarte presuntamente convocó a diversos periodistas para dejarles clara la línea a seguir del periodismo en Veracruz. En el video Duarte menciona entre otras cosas que, “sabe quienes son los mafiosos en el estado”, y alude también directamente -según él- a periodistas implicados y a los círculos cercanos a ellos. Evidentemente a Duarte le incomoda el periodismo crítico y el activismo de oposición como “veladamente” lo deja ver.
Las líneas periodísticas están trazadas por las balas y las amenazas, y a aquellas o aquellos que osen romper las reglas, las escribirán con su propia sangre. Cobra caro las osadías y reparte palmaditas en la espalda a los “chayoteros”, muchos de ellos de las grandes televisoras que infunden la idea de la duda, del desprestigio y la calumnia de las víctimas, varios de ellos luchadores sociales, activistas y periodistas. Reza el decálogo de Duarte: que el silencio y la complicidad con su gobierno y los grupos criminales es el mejor aliado de los periodistas.
Mientras tanto ante este crimen, el régimen se cubre por enésima vez las espaldas y, Mancera no es la excepción. Ya las líneas de investigación de la PGJDF se trazan en supuestos crímenes pasionales, asaltos, fiestas y, no dudemos que próximamente aparezca la línea del suicidio -como ocurrió en el caso de Digna Ochoa- pero en esta ocasión con carácter colectivo. El GDF está dispuesto a limpiar las manchas del crimen contra Rubén y las cuatro mujeres asesinadas con sus propias manos ¡va, no es de extrañarse! después de su afanosa labor de policía del gobierno del PRI llenando las cárceles de la ciudad con presos políticos, no se podía esperar menos para hacerle el aguante a los “cuates”.
Bajo la responsabilidad de estos gobiernos, una vez más puede quedar impune este crimen y se seguirán violando los derechos humanos de las víctimas y sus familias, a menos que pongamos un alto en las calles de todo el país, imponiendo una gran medida de fuerza poniendo en pie un movimiento democrático para parar la militarización y las balas, los crímenes políticos contra luchadores sociales, periodistas, campesinos indígenas, estudiantes y activistas, las ejecuciones extrajudiciales, los feminicidios, las desapariciones y el motivo de todo: las reformas estructurales, los negocios del crimen organizado y sus socios en el poder.
Rubén y Nadia dejaron claro el nombre de quien estaba detrás de sus acosadores, finalmente victimarios. Pero ese mismo nombre se replica en diversas esferas en el poder y adquiere la identidad de Peña Nieto, Cienfuegos, Murillo Karam, O. Chong, etc., etc., etc., y que encarnan en sus militares, paramilitares, las fuerzas represivas y sus sicarios.
Los verdugos, los silenciadores y sus amos no quedarán absueltos. Los trabajadores, los campesinos, las mujeres, los pueblos originarios tenemos la obligación de llevar la justicia hasta sus últimas consecuencias tomando en nuestras manos de una vez por todas, el destino de México en defensa de nuestros Derechos Humanos, laborales, de nuestras tierras, etc. Los de bajo necesitamos cerrar filas y luchar contra las reformas estructurales, la represión y contra el asesinato de luchadores sociales.

Andrés Aullet
Abogado y maestro en Derechos Humanos