Licenciada y profesora de Sociología (UBA). Escribe en La Izquierda Diario, columnista dominical de Editorial de editoriales.

Liliana O. Calo @LilianaOgCa
Martes 31 de agosto de 2021 00:02
¿Cuál es el contexto en el que se darán las próximas PASO?
Hay una degradación de las condiciones de vida de la clase trabajadora y sectores populares, que genera un malestar que todavía no se desató. Todos los indicadores económicos y sociales vienen empeorando: pobreza, inflación, salarios, desigualdad. La pandemia no hizo más que agudizar problemas estructurales preexistentes y también hubo decisiones del gobierno como ajustar las jubilaciones. La deuda con el FMI que dejó Macri es un factor determinante en la política del gobierno, y ahí no hay grieta. Detrás de la campaña hay un debate oculto más de fondo, en el que acuerdan el Frente de Todos y Juntos por el Cambio: cómo conseguir dólares para pagar deuda. Están pensando en la megaminería, granjas porcinas, salmoneras, profundizar el agronegocio. Todas actividades que destruyen y contaminan el medio ambiente, favoreciendo la concentración de negociados en monopolios, y que crean muy poco empleo. Es la planificación de un saqueo permanente de recursos naturales y riquezas, mientras administran la pobreza o van por más ajuste, atacando derechos laborales como pide el FMI. No hay salida ni futuro con estas opciones, y solo el Frente de Izquierda pone esto en el centro de la agenda.
Sí, está más en agenda el malestar con la política tradicional. Se viene de la experiencia del desastre de Macri que está muy fresca, y casi dos años del Frente de Todos donde muchos esperaban que estemos mejor y estamos peor. El vacunatorio VIP, la foto del festejo de cumpleaños con el presidente o la de Carrió, no hacen más que echar leña a ese hartazgo que tiene bases materiales. Hay expresiones por izquierda de ese descontento en nuevos procesos de organización y lucha en la clase trabajadora. Los autoconvocados de la salud en Neuquén, que cortaron la ruta de Vaca Muerta junto a la comunidad mapuche, fue el más significativo. Pero hubo cientos de procesos que son sintomáticos: vitivinícolas de Mendoza y Tucumán que con autoorganización pasaron por encima de las conducciones burocráticas de los sindicatos. Precarizados y tercerizados de energía, la juventud de las apps. La toma de tierras de Guernica mostró la decisión de la acción directa frente al problema estructural de la vivienda. Por derecha vimos la huelga policial, o la presencia de los libertarios.
Cómo se va expresar ese malestar electoralmente es una incógnita. Hay indicadores que preocupan a varios: en las elecciones de Salta entre 12% y 13% de voto en blanco o en Jujuy un alto ausentismo aunque también hubo un muy buen resultado de la izquierda. Las PASO van a ser un primer termómetro, pero tampoco creo que lo muestren cabalmente. Es algo que está levando, hay una experiencia con el peronismo en el poder que está comenzando, y estuvo muy mediada o enlentecida por la pandemia. Influye además que la conducción mayoritaria de sindicatos y movimientos sociales están alineadas con el gobierno, y actúan para que eso no se desarrolle.
En ese marco, ¿cómo pueden leerse las distintas alianzas y listas que finalmente se presentan?
Todavía las coaliciones son necesarias para ganar elecciones, pero también se desgastan gobernando la administración o la profundización de la pobreza. El Frente de Todos y Juntos por el Cambio tienen cada uno sus núcleos duros, sin esos núcleos no ganan pero sólo con eso tampoco. Cristina Fernández eligió a Alberto Fernández, correrse al centro para lograr apoyos más allá del “kirchnerismo duro”, y hoy es la principal promotora de la unidad del peronismo a pesar de todas las tensiones internas. Y en Juntos por el Cambio se están matando por el liderazgo tras el fracaso de Macri y buscan renovar sus caras, compitiendo en las PASO pero manteniendo la unidad.
Hay otro tercio que no entra en ninguno de estos núcleos duros. Son los que oscilan y expresan primero los descontentos o decepciones electoralmente. Hoy se habla mucho de los libertarios, aunque inflados a fuerza de plata y presencia mediática, veamos que emergen más después del fracaso de Macri, expresando un programa de derecha y ajuste más radical. Por eso Macri tiene que volver a aparecer en la campaña, para contener ese extremo, aunque no sea lo más deseable para Juntos.
En el otro extremo, el Frente de Izquierda Unidad, surgido en la última presidencia de Cristina Fernández, ha logrado expresar una franja importante de la clase trabajadora. Es la única fuerza política que se mantuvo independiente de los partidos tradicionales y siempre ligada a los reclamos y causas populares de los ocupados, desocupados, el movimiento de mujeres o socioambiental, antirrepresivo. Este punto es para destacar porque a pesar de los discursos encendidos en campaña, ni los libertarios son muy distintos al macrismo (acordaron con Larreta en 2019), ni el Frente de Todos es tan opositor a Juntos. Muchos de sus integrantes dieron apoyo al gobierno de Macri (Sergio Massa, gobernadores), y lo hacen con Larreta en la Ciudad. A Leandro Santoro, que encabeza en ese distrito, hace poco le preguntaron por esa asociación del peronismo con Juntos, y no pudo negarla.
De fondo, en la política tradicional el debate central es cómo hacer gobernable un ajuste que ellos ven como inevitable porque Macri metió al FMI, y el peronismo se queja pero no lo cuestiona. Salvo el Frente de Izquierda, las demás opciones no conciben un futuro sin el FMI y eso va a seguir alimentando la decadencia. Especialmente Cristina Fernández está dando señales para ir a un gran acuerdo nacional, porque ninguna de esas dos coaliciones puede hacer el ajuste que necesitan por sí solos. Ni Macri arrasando en las elecciones de 2017 pudo, y se enfrentó a las movilizaciones contra la reforma jubilatoria. Eso muestra también que la relación de fuerzas real se define en la calle, en la lucha de clases.
¿El clima político regional impacta y cómo en la agenda electoral argentina?
En el gobierno se volvió hasta un eje de campaña jactarse que en un clima regional de rebeliones, en Argentina haya más “estabilidad”. Está en las discusiones con funcionarios de EEUU si el gobierno puede ser un aliado de Biden, como referencia de esa estabilidad en la región. Hay una preocupación del poder económico y de la política tradicional y saben que Cristina es una pieza fundamental. El peronismo tiene trayectoria en cumplir ese rol contenedor del descontento popular, como el “hay 2019”, por la vía de haber estatizado los sindicatos, más recientemente a los movimiento sociales desde que emergieron como actor en el 2001, aunque esa contención empieza a ser cuestionada en nuevos procesos.
Pero el impacto de esas rebeliones en trabajadores, jóvenes, sectores populares también existe. Hay una referencia del poder de la calle. En Chile se vio claro: fue la movilización, y especialmente la huelga, lo que impuso cambios en la constitución de Pinochet. Estos ejemplos conforman esa levadura de hartazgo. Lo de Chile, Colombia, fueron rebeliones de una magnitud inesperada, que canalizaron algo más profundo que la oposición a medidas de ajuste. Como dijo el pueblo chileno, no eran 30 pesos sino 30 años.
Luego de 2001 en nuestro país los jóvenes ganaron protagonismo como un actor de la vida política. Pasaron 20 años de esto, ¿Cómo te parece que viven el presente? ¿Qué esperan del futuro? ¿Cómo se vinculan con el sistema político?
Son dos generaciones con experiencias muy distintas, la juventud post 2001 y la de ahora. En un sentido están haciendo el camino inverso. El 2001 fue un momento de efervescencia de masas, deliberación en asambleas populares, miles en las calles, que expresó otra política, intereses opuestos a los que siempre representó el peronismo y el radicalismo. Lo que vino después, fue una recomposición económica acompañada de una gran política de Estado del kirchnerismo de pasivización y recomposición de las instituciones, tomando muchas de las demandas que impusieron las movilizaciones del 2001, como los derechos humanos. Es cuando crean una “juventud de los palacios”, integrada al Estado, que les fue dando cuerpo como corriente dentro del peronismo, buscando reforzar la idea de que la política era desde la administración del Estado.
Los jóvenes de hoy, vivieron la decadencia del kirchnerismo y luego el macrismo. En sus familias tienen más problemas económicos, les costó más estudiar y tienen laburos muy precarios. De hecho la desocupación juvenil es casi el doble del promedio; y la precarización supera el 70%. En los barrios populares sufren el hostigamiento y la violencia policial. A esta generación tiene poco para ofrecerles la política de los palacios. La vinculación con la política en las nuevas generaciones creo que hoy pasa más por identificarse con movimientos, como el de las mujeres o en defensa del medio ambiente. Con la lucha por el aborto y el NiUnaMenos se vio que hubo que irrumpir con enormes movilizaciones para imponer nuestros reclamos. Eso, sumado al impacto de las rebeliones en Latinoamérica abre perspectivas interesantes.
Hoy la política ¿es un concepto o solo marketing y encuestas?
Creo que la política es más que un concepto. Es una práctica que representa o busca expresar intereses de clase. Por supuesto que se utilizan esas herramientas de marketing y encuestas. Pero sería una subestimación decir que el macrismo, por ejemplo, es mero marketing, además porque el Frente de Todos también lo utiliza. La cuestión es para qué las usan, que en la política tradicional más bien es para armar relatos sobre su gestión en el Estado o vender sus propuestas en elecciones. Qué distinto sería si hicieran encuestas para que se expresen las necesidades del pueblo trabajador y se tomen medidas estructurales a su favor. Por eso, hay que preguntarse quién hace la política, cómo y para qué intereses, sacando todo relato del medio y viendo los hechos.
Desde esa distinción, se pueden ver dos grandes formas de hacer política. Por un lado, quienes promueven que sea una actividad exclusiva de un grupo minoritario, especializado, representando a distintos sectores de las clases dominantes. Los que buscan evitar rebeliones o estallidos de los trabajadores y sectores populares porque no conciben que ellos hagan política directamente, sino solo a través de “sus representantes”. Del otro lado, la política puede hacerse como un conjunto de ideas, valores, métodos que orientan la actividad colectiva pero para potenciar justamente que sea la clase trabajadora, los sectores populares, el movimiento de mujeres los protagonistas en la toma de decisiones en una sociedad. Es la política que desarrolla la izquierda trotskista, donde se unen teoría y práctica y toman vida.
En este sentido, ¿qué rol están jugando las redes sociales en el desarrollo de esta campaña? ¿Qué peso considerás le están dando los diferentes frentes políticos?
Las redes sociales vienen ganando peso en nuestra vida cotidiana y todos los frentes políticos tienen que dialogar con esa realidad. Pienso que hay dos fenómenos para pensar sobre el rol de las redes sociales. De un lado, el creciente papel de estas corporaciones como Google o Facebook en el monopolio de la información y la posibilidad de censurar. Tienen la capacidad de decidir qué te vas a encontrar cuando entrás a internet, y son como un “gran hermano” que recopilan información de nuestras preferencias para el negocio publicitario y las campañas electorales. Hoy se debate la necesidad de regularlas y es una preocupación desde Trump a Biden, además de toda la disputa geopolítica que involucra a las plataformas, entre EEUU, China, Rusia.
Por otro lado, en las redes se está expresando algo nuevo en la juventud con un mundo enorme de influencers, youtubers, artistas, creadores de contenidos que tienen públicos muy grandes. De alguna manera encontraron en las redes una forma de desplegar talentos y creatividad que no podían desarrollarse por otros canales tradicionales. Esos pibes y pibas no miran tele, no leen los diarios, están en las redes: para el esparcimiento, aprender o informarse. Incluso para organizar reclamos y convocar a protestas, en Colombia o Hong Kong tuvieron un papel impresionante. Creo que la política tradicional viene intentando meterse en ese mundo, pero está a destiempo, porque cambia muy rápido.
Esta doble cara de las redes sociales muestra las contradicciones intrínsecas del capitalismo: hay una potencialidad enorme de la tecnología, con el despliegue de creatividad y acceso a la información, que termina siendo limitada y deformada para los intereses de grandes corporaciones y clases dominantes.
Frente al agotamiento de experiencias neoliberales, como ocurre en Chile, se está dando la emergencia de referentes independientes, o como en Perú figuras como la de Pedro Castillo. En el país se viene dando cierta continuidad en la expresión electoral de la izquierda radical, identificada con el trotskismo. ¿Cómo ves desde tu perspectiva esta cuestión? ¿Qué revela del actual momento político?
El agotamiento del neoliberalismo es un problema transversal en todo el mundo, como proyecto capitalista está en crisis y la pandemia lo vino a agravar. Crece como nunca la desigualdad y la pobreza, mientras en EEUU un CEO promedio gana en un año nueve veces lo que un trabajador promedio va a ganar en toda su vida. ¡En toda su vida! Esa brecha salarial hoy es de 351 a 1, cuando en 1965 era de 15 a 1. Esa decadencia no es gratis, por eso hay rebeliones, nuevos fenómenos políticos por izquierda y por derecha. Se ve hasta en la crisis de hegemonía norteamericana con su retirada de Afganistán. El dilema es que, si bien las protestas en América Latina fueron contra gobiernos más de derecha, en Argentina las condiciones estructurales neoliberales se mantienen aunque gobierne el peronismo, con el agregado de la deuda que dejó Macri con el FMI.
A diferencia de otros países, en Argentina hay una izquierda trotskista más fuerte, con una trayectoria y un arraigo en la clase trabajadora, el movimiento de desocupados, de las mujeres, la juventud. El Frente de Izquierda Unidad además existe hace 10 años, cuenta con diputados y referentes de movimientos de lucha reales, personalidades muy reconocidas como Nicolás del Caño, Myriam Bregman, o Alejandro Vilca en Jujuy, Raúl Godoy en Neuquén. Para el momento que estamos atravesando, que la izquierda trotskista tenga ese peso político en Argentina, puede ser decisivo en los procesos que vengan a diferencia de otros lugares donde no existe esa acumulación.
Es un momento de tensa calma. Nadie puede negar ni afirmar que una chispa encienda la llama como en Chile, que pasó de ser un oasis modelo del capitalismo en la región a ser epicentro de la rebelión. Hasta ahora vimos más revueltas, pero está inscripto en la situación que empecemos a ver y hablar de revoluciones.
El Frente de Izquierda Unidad cuenta con diputados y referentes de movimientos de lucha reales, personalidades como Nicolás del Caño, Myriam Bregman, o Alejandro Vilca en Jujuy, Raúl Godoy en Neuquén. Para el momento que estamos atravesando, que la izquierda trotskista tenga ese peso político en Argentina, puede ser decisivo en los procesos que vengan.
Acerca de la entrevistada
Jesica Calcagno es Licenciada y profesora de Sociología (UBA). Escribe en La Izquierda Diario, columnista dominical de Editorial de editoriales.

Liliana O. Calo
Nació en la ciudad de Bs. As. Historiadora.