Liberbank subcontrata la limpieza de sus sucursales a una empresa que impone jornadas de trabajo de 10 minutos a sus empleadas. La precariedad laboral alcanza niveles absolutamente increíbles.
Jaime Castán @JaimeCastanCRT
Martes 18 de febrero de 2020
El banco Liberbank, constituido en 2011 a partir de diversas cajas de ahorro —Cajastur, Caja de Extremadura, Caja Castilla-La Mancha y Caja Cantabria— mantiene el servicio de limpieza de sus sedes y oficinas subcontratado a empresas privadas. Ahora, se ha dado a conocer que la nueva empresa que ha adquirido la contrata, adjudicada al Grupo Net, ha empeorado las condiciones laborales de sus trabajadoras alcanzando un límite vergonzoso, imponiendo jornadas de trabajo de 10 minutos al día.
El Grupo Net ha sido denunciado por las trabajadoras y los sindicatos, por la "modificación sustancial" de las jornadas de trabajo de 80 mujeres, afectando especialmente a 30 de ellas. Jornadas que pasan de 7 horas y 15 minutos a la semana a menos de dos horas, incluso con 13 mujeres cuya jornada semanal en Liberbank es inferior a tres horas. Las afectadas en la nueva contrata pasarán a trabajar solo 30 minutos a la semana, con esas ridículas jornadas de 10 minutos.
La situación laboral de los servicios de limpieza se ha precarizado todavía más de lo que estaba, en puestos de trabajo desempeñados fundamentalmente por mujeres, lo cual no es casual. Tareas como la limpieza o el cuidado de personas recae principalmente en mujeres y, sobre todo, en mujeres migrantes. Puestos de trabajo precarizados y especialmente feminizados, resultado de una clara discriminación social y empresarial.
Esta situación ha alcanzado niveles increíbles, como muestra el caso de Liberbank y el Grupo Net. Donde además se denuncia que la empresa ha comunicado cuestiones como los constantes cambios de condiciones laborales vía WhatsApp y sin la pertinente documentación que justifique las causas.
El capitalismo neoliberal se ha dedicado en las últimas décadas a dividir muchas de las tareas en las empresas, adjudicando puestos de trabajo concretos a distintas subcontrataciones. Una fragmentación de la clase obrera a través de distintas condiciones laborales y jurídicas, lo que intenta dificultar la sindicalización y la defensa de los derechos laborales.
Trabajar menos horas, trabajar mejor, trabajar todas y todos
Las consecuencias de la crisis económica se han cargado sobre las espaldas de la clase trabajadora y de los sectores populares, especialmente sobre la juventud, las mujeres y las personas migrantes. Por un lado, se han mantenido las ganancias capitalistas alargando las jornadas laborales y reduciendo los salarios. Jornadas de más de 10 horas, con situaciones de absoluta regulación laboral, se han vuelto a generalizar.
Al mismo tiempo, se imponen jornadas de trabajo de muy pocas horas —o como acabamos de ver, incluso de pocos minutos—. Muchas veces el coste de desplazarse al trabajo, especialmente en las grandes ciudades, difícilmente es compensado.
Mientras se alargan jornadas de trabajo y edades de jubilación, se mantienen tasas de paro y de subempleo gravísimas y estructurales. Frente a esta lógica, es preciso reivindicar lo único que daría una salida progresiva al problema: el reparto de las horas de trabajo entre todas las personas dispuestas a trabajar.
La reducción de la jornada laboral, sin reducir, sino incluso aumentando los salarios, es una consigna de vital importancia para poder trabajar todas y todos, trabajar menos y mejor. Un cuestionamiento profundo de las lógicas capitalistas y de las ganancias de las grandes empresas; porque sus ganancias son a costa de nuestra vida.