El Obispado de Cádiz y Ceuta impide a Alex Salinas, un joven transexual ser el padrino del bautizo de su sobrino. Ante ello, el joven tiene previsto interponer una demanda judicial por la fuerte discriminación que ha recibido.
Àngels Vilaseca Barcelona / Trabajadora de Servicios Sociales
Miércoles 29 de julio de 2015
Fotografía: CGT Telepizza @telepizzaexplot
Hace pocos días se abrió la polémica por un nuevo caso de transfobia por parte de la Iglesia Católica. Se vetó el derecho a Alex Salinas de ser padrino de su sobrino por el simple hecho de ser transexual. A pesar de que en su DNI consté que es un hombre, la Iglesia no solo lo sigue considerando como una mujer, sino que lo juzga y discrimina por su identidad de género.
El argumento que da el Obispado pertinente es que la condición del joven no se adecua con los requisitos establecidos en el Código de Derecho Canónico sobre los sacramentos. Para la institución católica él no lleva “una vida congruente con la fe”.
Así mismo, para su defensa, afirmó cínicamente que este caso “no supone ninguna discriminación” ya que esto “sucede con frecuencia” con aquellas personas que no son consideradas “idóneas”. Es decir, que abiertamente la Iglesia muestra que este no ha sido el único caso de exclusión de alguien por su identidad y/o orientación de género.
Diversas organizaciones han denunciado lo ocurrido y han mostrado su apoyo al joven. La Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA) ha manifestado que “de nuevo la Iglesia excluye, discrimina y maltrata a las personas transexuales”. A la vez ha afirmado que pondrá una demanda a la Fiscalía de Igualdad y contra los delitos de odio de Cádiz.
Por otra parte, la Federación Andaluza de la asociación Arco Iris, que lucha por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y interesexuales, ha denunciado lo sucedido como un caso de discriminación transfóbica, a la vez que denuncia el papel que ha tenido la Iglesia a lo largo de la historia. "La Iglesia Católica continúa siendo uno de los agentes que más influencia tienen para perpetuar la homofobia y la transfobia en el mundo".
Como sabemos este no es un caso aislado, a la vez que son frecuentes las declaraciones homófobas y transfóbicas que se dan con total impunidad por parte de la institución eclesiástica del Estado Español. No es de extrañar ante uno de los organismos que aún recibe grandes beneficios y privilegios económicos por parte del Estado.
Tal y como manifestaron las distintas organizaciones es importante denunciar cómo la Iglesia Católica, que a pesar del supuesto discurso más “progresista” del nuevo Papa, sigue siendo uno de los principales agentes y responsables de la estigmatización, discriminación y violencia ejercida hacia las personas transexuales y el resto de colectivos LGTBI.
No olvidemos que en pleno siglo XXI la Iglesia Católica sigue considerando la homosexualidad y la transexualidad como una patología y una enfermedad mental.