Por detrás de la imagen que el poder público insiste en divulgar al mundo, de un Brasil pacífico y lleno de bellezas, y de una población feliz y lista para recibir a los turistas, hay muchos problemas que las autoridades quieren esconder debajo de la alfombra.
Viernes 5 de agosto de 2016
Ya estamos en el inicio de los juegos olímpicos 2016 en Brasil. Pero esto no significa que la nación celebra como quieren hacer creer al mundo los gobernantes y los organizadores de este evento. Desde el anuncio de que la ciudad de Río de Janeiro sería sede de los juegos, la población vino demostrando su insatisfacción con el gasto de millones de dinero público, valor que sería sacado de áreas fundamentales como la salud y la educación para beneficiar solamente a las millonarias constructoras brasileras involucradas en las obras.
Han ocurrido muchas manifestaciones en rechazo al evento que sería realizado sobre las ruinas de un Estado quebrado económicamente, que no resolvió ni las más mínimas demandas como la epidemia de Zika Virus, cuya solución se basaba simplemente en mejoras en el saneamiento básico y la extensión del tratamiento médico, y de un gobierno que determina absurdos como qué los turistas tengan prioridad en la asistencia médica antes que los residentes de la ciudad. La población de ciudades como São Gonçalo y Angra dos Reis salieron a la calle y consiguieron impedir el paso de la antorcha olímpica. Este es el clima de insatisfacción y revuelta en el que se inauguran los juegos olímpicos este viernes 5 de agosto.
En este punto es que podemos encontrar similitudes entre los juegos olímpicos de México 68 y hoy en Brasil 2016: La intención del poder público en ocultar la insatisfacción del pueblo en un contexto lleno de incoherencias en que ocurren los juegos usando inclusive la violencia y la represión policial. En la ciudad de Tlatelolco, en México, en octubre del 68, ocurrió una masacre cuya repercusión fue mundial cuando a los 10 días del inicio de los juegos olímpicos en aquel país el ejército abrió fuego contra los estudiantes de la Universidad Autónoma del México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional que hacían una manifestación pacífica por la democratización del país, liberación de los detenidos políticos y contra un gobierno autoritario y repudiando la desigualdad social alarmante en aquel tiempo. En esta masacre, más de 300 personas fueron asesinadas.
Foto: Masacre a estudiantes, México 68.
Así como el gobierno mexicano ha conferido impunidad a su ejército para proteger una imagen fantasiosa de un país “desarrollado” durante las olimpiadas, lo que ha permitido que los asesinos cuenten con impunidad hasta hoy, en Brasil, la Cámara de los Diputados aprobó un proyecto de ley que determina un juicio privilegiado a los policías que cometan asesinatos durante las olimpiadas. No van a ser juzgados por un jurado popular mas sí por la justicia militar, abriendo el principal precedente para que se queden impunes por cualquier crimen que puedan cometer contra la población.
Así como la juventud mexicana fue masacrada para ocultar que en aquel país el gobierno se preocupa no por los problemas sociales pero si en mantener las apariencias para recibir a los turistas y engañar a el mundo, en Río de Janeiro, la juventud negra también viene sufriendo una masacre hace mucho tiempo, desde la creación de las UPPs (unidades de pacificación) que fueron anunciadas como “una preparación para los juegos, una limpieza de la ciudad”.
Debemos enfrentar a los gobiernos que orquestan esta “fiesta olímpica del desempleo y de crisis en la salud y la educación con el mismo coraje que tuvieron los estudiantes mexicanos quiénes llenaron las calles en el 68. Debemos levantarnos contra este Gobierno capitalista que, con su negligencia, todos los días permite la muerte de los trabajadores, ancianos y niños en los hospitales llenos y quebrados; un gobierno que promueve masacres contra la juventud negra como solución para los problemas que el mismo crea con su negligencia y que busca a toda costa invisibilizar nuestra lucha. Un gobierno que no nos representa, y no soluciona ni las demandas más básicas de la sociedad como son la salud y la educación.
*Artículo de Zuca Falcão, La Izquierda Diario Brasil. Traducido al español por Zuca Falcão para La Izquierda Diario Bolivia.