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Red Internacional
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Diario del juicio. Juicio por las Brigadas: "No vengo a pedir justicia, vengo a homenajear a los 30 mil"

Haydeé Lampugnani y su hijo Gervasio Díaz testificaron en el juicio por los Pozos de Quilmes, Banfield y Lanús. Un contundente relato político sobre el genocidio, las consecuencias en su familia y la continua responsabilidad del Estado frente a la impunidad de la que gozan los genocidas.

Valeria Jasper

Valeria Jasper @ValeriaMachluk

Sábado 14 de agosto de 2021 00:45

Día 35 del juicio. De un lado, más testimonios de víctimas, sobrevivientes y familiares que confirman una vez más que el plan sistemático de exterminio llevado a cabo por la dictadura cívico militar eclesiástica empezó antes del 24 de marzo de 1976. Del otro, no solo el silencio de siempre de los genocidas; la virtualidad permite que ni siquiera deban estar conectados. Más privilegios...

Mamá

Primero habló Haydeé Lampugnani. "Somos una familia diezmada por la represión", manifestó con contundencia. Asistente social en un barrio de la periferia platense, realizaba tareas de promoción comunitaria y conciencia política. "Hacía trabajo de base".

El 5 de octubre de 1976 fue secuestrada en la vía pública. "Te va a pasar lo mismo que a tu marido", le dijeron. Guillermo Díaz Nieto había sido amenazado por la CNU y lo habían intentado secuestrar. El 8 de febrero de 1975 junto a dos compañeros fue secuestrado en Tucumán. Fueron los primeros detenidos del Operativo Independencia. El terror planificado ya había empezado.

Días antes del secuestro de Haydeé, su suegro, Rafael Díaz Martínez, había venido de Catamarca para visitar a su nuera y sus nietos Rafael (4 años) y Gervasio (3 años). Fue secuestrado de un café junto al sobrino de monseñor José María Plaza, gran colaborador de la dictadura. A los pocos días fue liberado en la zona de Punta Lara; el sobrino de Plaza sigue desaparecido.

"Lo último que veo son las baldosas de la vereda", manifestó Haydeé mientras relataba el raid que vivió en su secuestro. Pasó por varios centros clandestinos: Comisaría 5° de La Plata, Arana, Vesubio. Pasó más de 20 días sin comer, fue colgada de los brazos y torturada con picana eléctrica, la bañaron a manguerazos. " No solo era la tortura, sino una afrenta permanente a la dignidad de la persona".

Haydeé pasó por la Brigada de Investigaciones de Lanús, como prefiere llamar al centro clandestino El Infierno, "para que quede claro de quiénes estamos hablando". Recordó que allí la celda era tan pequeña que las seis personas que la ocupaban, se turnaban para poder acostarse.

Posteriormente fue trasladada a La Perla, en Córdoba, dejando por sentado algo que surge en todos los testimonios que vienen brindándose a lo largo de los procesos judiciales y que certifica una vez más la idea de una plan sistemático de exterminio: “El traslado a La Perla prueba la coordinación y la sistematización que han hecho en todo este diseño represivo. Yo paso de ser una presa o secuestrada de la policía de la Provincia a manos del Tercer Cuerpo del Ejército”, afirmó. Allí recién le dieron de comer.

En octubre de 1977 supo el paradero de sus hijos; se encontraban en Catamarca con su familia paterna. En Córdoba estuvo hasta septiembre de 1977 cuando la trasladaron a la cárcel de Devoto donde meses después, ya en febrero de 1978, volvió a ver a sus hijos.

Hijo

"Contar parte de mi vida tiene como objetivo dejar absolutamente en claro lo que implicó la responsabilidad del Estado argentino en lo que fue el secuestro y desaparición de mi madre y mi padre", denunció desde el inicio de su declaración Gervasio Díaz, desde la ciudad de Cipolletti, a lo que agregó que "cuando digo Estado digo en democracia, Estado en dictadura genocida y nuevamente en democracia desde 1983".

La historia de su familia es otro ejemplo que marca que la dictadura no empezó con el golpe de marzo de 1976. En febrero de 1975, mientras vivían en Tucumán, intentando iniciar una nueva etapa familiar, luego de ser perseguidos y amenazados como relató su madre, su padre fue secuestrado.

Al año siguiente vuelven a La Plata. En el mes de octubre se llevaron a su madre. En su desarrollo reivindicó a Liliana Violini, quien cree los protegió luego del secuestro de su madre. "Pudo resguardarnos de las atrocidades de estos genocidas". Pasaron parte de su infancia junto a su familia paterna en Catamarca. Desde allí su abuelo se escribía con Haydeé, una vez legalizada en Córdoba, así ella supo que los niños estaban bien. Una vez en la cárcel de Devoto, pudieron reencontrarse, aunque la tortura que los genocidas ejercían seguía haciendo de las suyas. "Ir con mis abuelos a ver a mi vieja fue una de las cosas más aterradoras que me tocó vivir. La requisa, el maltrato, el miedo de entrar y no salir. Nos sometieron a la imposibilidad del contacto, no pude abrazar a mi mamá".

En la búsqueda de reconstruir la vida familiar, vivieron el "exilio interno", llegando a la ciudad de Cipolletti, donde la solidaridad de los vecinos fue fundamental para continuar. En la escuela secundaria pudo empezar a hablar y en ese momento pudo empezar a participar de movilizaciones. Con los años se fue acercando a las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén y del Alto Valle y a Jaime de Nevares, donde encontraron contención para “poder reconstruirnos”. Participar de la agrupación Hijos le permitió hacer una reconstrucción colectiva de su historia personal y familiar.

En su relato, enalteció la figura de su madre, quien siempre les dijo la verdad. "Reivindico su lugar como mujer, una madre sola con dos hijos, que salió adelante con la verdad". “Siempre supimos quiénes somos y de quiénes somos hijos”, aseveró antes de afirmar, dirigiéndose al Tribunal que “después de tantos años no vengo a pedir justicia. Los momentos de justicia fueron los de movilización popular, los de escraches, los momentos de gritarles a la cara a los asesinos". Fundamentó sus palabras en el hecho de que los represores sigan gozando de privilegios y poder. "El poder que tienen los genocidas hoy nos generó la desaparición de Julio López".

En su cierre, en la figura de su padre, homenajeó a los 30 mil compañeros y compañeras desaparecidas: "Mi papá no es una foto, es esa generación que entendió que se podía vivir en una sociedad distinta y lo dio todo, hasta su propia vida. Rendirles homenaje a ellos, decirles a mis hijos que el mejor legado que les puedo dejar es la memoria; la mía y la de la lucha de mis padres".

El último testimonio de la jornada fue el de Hugo Pujol, hermano de Graciela, quién se encuentra desaparecida.

Seguí la cobertura del juicio por La Izquierda Diario