La investigadora de Conicet conversó con La Izquierda Diario sobre la reforma laboral. La flexibilización laboral hoy y la continuidad con las transformaciones de los 90 en la “década ganada”.
Jueves 16 de noviembre de 2017

En la primera parte de la entrevista, la investigadora de Conicet Julia Soul señaló cómo afectaría la reforma laboral a los sectores de trabajadores registrados por empeorar sus condiciones actuales de trabajo y en particular aquellos que pudieron contener más la oleada flexibilizadora desde los 90, y para aquellos que ya están en la informalidad en cómo los perjudica en poder mejorar sus condiciones y pasar a estar en blanco. En particular, Julia Soul indicó que en muchos sectores la jornada laboral está efectivamente flexibilizada. En la segunda parte de la entrevista se profundiza en aquellos elementos de los años '90 sobre los cuales se asienta el gobierno para avanzar en la reforma. {{LID: ¿Qué medidas introducidas en los años ´90 se mantuvieron vigentes y cuáles tuvieron alguna modificación sustantiva después de su implementación durante la primer avanzada flexibilizadora?}} JS: Yo pienso que la gran transformación en cuanto a las formas de usar productivamente la fuerza de trabajo se produjeron en la década del
90 porque, aunque podemos detectar algunos elementos en los 80, incluso a nivel de organización del proceso de trabajo que son compatibles, que son orgánicos, con formas flexibilizadas de contratación y consumo productivo, aunque se pudieran detectar algunos globos de ensayo, durante los
80 el movimiento obrero, el movimiento sindical, la clase trabajadora, tuvo la suficiente fuerza como para bloquear esos avances.
De todas maneras, en los 90 en el marco de la hiperinflación, de la sucesión de despidos que se dio con las privatizaciones, de una política gubernamental y de las patronales que desarmó una estrategia reivindicativa del movimiento obrero muy vinculada con mejorar mejoras económicas y mejoras en las condiciones de trabajo de manera alternada, subordinando una a la otra, en este marco es que logran generalizarse, implementarse, las medidas que más cambiaron las relaciones laborales y el consumo productivo de la fuerza de trabajo. En ese sentido, este momento que estamos atravesando ahora tiene una clara continuidad con aquel momento en el sentido de que es momento de atacar, y no de negociar las reformas o las transformaciones con las organizaciones sindicales o con organizaciones de la clase en términos generales. Es el momento de atacar, estamos en medio de una ofensiva vinculada con la baja en la tasa de inversión, vinculada con una situación de débil acumulación a escala global, que hace que los capitalistas tengan una necesidad muy fuerte de bajar los costos laborales y de incrementar la explotación. Entonces esto hace que este paquete de medidas que aparecen como sistematizadas, que aparecen como no sujetas a discusión, que aparecen como medidas generalizadas para toda la clase, hace que se obstaculice la visión de lo que realmente estuvo vigente durante los
90, las grandes transformaciones de esa década y cuánto de estas propuestas tienen de continuidad con esas transformaciones.
La posibilidad de negociar salarios en función del incremento de la productividad está planteada en la ley de empleo del 91, la posibilidad de negociar jornadas laborales flexibles en función de los convenios sectoriales también es de aquella época, la posibilidad de negociar salarios y componentes de los salarios de manera descentralizada también es un proceso que se dio y que se mantiene vigente hoy, y que tiene su impacto en justamente cuánto y cómo varía la proporción del básico en el salario total en los distintos sectores de trabajadores y esto hace que justamente pueda atacarse el costo de las indemnizaciones por ahí.
La posibilidad de flexibilizar la jornada está muy extendida, incluso en aquellos sectores que aparentemente conservan la jornada de 8 horas en los convenios, a través de los sistemas de turnos, a través de una licuación de todos los momentos de la jornada laboral que supondrían pago de horas extras o un pago mayor como el trabajo de los domingos o feriados. Eso en todo el área de comercio, de servicios está absolutamente implementado. Incluso recuerdo en algunas reuniones o discusiones con delegados y activistas sindicales allá en 2005 y 2006, cuando se está un poco reactivando la actividad reivindicativa del movimiento obrero en su sector ocupado el planteo era “bueno, pidamos que se respeten las jornadas de los convenios”. El planteo de los bancarios, de los empleados de comercio, el planteo de los trabajadores del subte antes de tener las 6 horas. La reivindicación era que por el respeto a la jornada establecida en el convenio colectivo.
Eso da la pauta de que hubo un grado de flexibilización de la jornada, que si bien logró morigerarse en términos económicos, no siempre logra morigerarse en términos de la libertad que tiene el empresario para disponer de los trabajadores de acuerdo a las necesidades de la producción.
Otro tanto acontece con la discusión de la flexibilidad de tareas en numerosas industrias, en numerosos sectores industriales, y esto muy vinculado con cambios en los procesos de trabajo, se desarrolló una flexibilidad de tareas, que en muchísimos casos no fue negociada con las organizaciones sindicales, no surge de ahí algún nuevo sistema o escalafón de categorías o de calificaciones o salarial, sino que simplemente se produce en los hechos la adición de tareas a los trabajadores, la especialización, por consiguiente se pierde la relación entre salarios y tareas que había caracterizado los esquemas anteriores de negociación en el uso de la fuerza de trabajo.
Esto también es un elemento que, por ejemplo en comercio se ha desarrollado mucho, también en servicios y en algunos sectores industriales tiene importante presencia aunque ahí hubo como otros procesos de resistencia.
De manera tal que la actual avanzada flexibilizadora se asienta sobre tendencias y elementos ya presentes en el uso de la fuerza de trabajo, en la forma en que los capitalistas consumen productivamente la fuerza de trabajo. Que lo que venía pasando quizás hasta ahora era que se habían encarado estrategias reivindicativas vinculadas mejorar los ingresos, con mejorar el precio de la fuerza de trabajo, pero no las formas de uso, no cambiar las formas de uso que se fueron instituyendo durante los noventa. Entonces por eso la posibilidad de generalización de esas formas de uso ya cuenta con una clase capitalista, una clase burguesa, con 20 años o más de experiencia en cómo implementarlas, en cómo desarrollarlas.
En ese sentido, es necesario que la oposición a la reforma laboral produzca de manera unánime, generalizada, por parte de todos los sectores del movimiento obrero, de los trabajadores, de la clase trabajadora, porque justamente ese desarrollo desigual que tuvieron hasta ahora algunas formas de precarización hace que cada sector esté precarizado de manera diferente, con lo cual es importante una expresión que pueda conjuntar todas esas reivindicaciones y todos esos reclamos, en una práctica política de resistencia a la embestida del gobierno.
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Redacción
Redacción central La Izquierda Diario