Karl Marx escribió en 1850 una reseña de "Les Conspirateurs" de A. Chenu. Se publicó en alemán y solo está on line en francés.
Martes 10 de abril de 2018 22:07
Walter Benjamin en el “Libro de los pasajes” cita una larga reflexión de Karl Marx sobre la naturaleza de la conspiración en los procesos revolucionarios de 1848 en Francia. Es un texto raro en el que Marx explica la diferencia entre los conspiradores de ocasión y los profesionales.
El texto es una reseña a la obra de A. Chenu cuya descripción en la Biblioteca Gálica es “participó en todas las insurrecciones desde 1832 y era bien conocido por la policía. En 1844 evitó por poco la corte marcial por deserción. En 1847 estuvo involucrado en la conspiración de la bomba incendiaria; logró no ser arrestado, pero fue sentenciado en rebeldía. Sus coacusados lo tacharon de estar en connivencia con la policía, huyó a Holanda hasta 1848”.
Es un libro de memorias de las barricadas, de la lucha, del conflicto permanente de Francia hasta la Comuna de París.
Dice Karl Marx que la diferencia entre los conspiradores profesionales y los ocasionales es su actitud ante la vida: “Con la organización de las conspiraciones proletarias, se planteó la necesidad de dividir el trabajo: sus miembros se dividieron en dos grupos, conspiradores ocasionales, esto es, trabajadores que sólo colaboraban en la conspiración junto a sus demás ocupaciones, acudiendo únicamente a las reuniones, y estando preparados para juntarse, a una orden del jefe, en la plaza designada, y conspiradores de profesión, que le dedicaba toda su actividad y vivían de ella [...]”.
Sigue Marx “los conspiradores profesionales están marcados por la bohemia, sargentos reclutadores de la conspiración, van de taberna en taberna tomando el pulso a los trabajadores, escogen su gente, la enredan en la conspiración [...] el conspirador es naturalmente muy alegre, y se convierte pronto en el ambiente tabernario [...] este humor tabernario se acrecienta aún más por los continuos peligros al que está expuesto, en todo momento le pueden llamar a la barricada y allí puede caer, a cada paso la policía le pone trampas que le pueden llevar a la prisión o a galeras [...] al mismo tiempo, la costumbre del peligro le vuelve indiferente en grado sumo a la vida y a la libertad. En la cárcel está como en su casa, como el local del tabernero.”
En dicho texto, de 1850, publicado en la Nueva Gaceta Renana, Marx sugiere que el conspirador profesional en la fase proletaria de la historia está marcado por la precariedad, su labor en medio de la crisis económica le impiden tener medios ciertos: reina la incertidumbre de su existencia. A menudo tiene problemas con la policía, en ocasiones tienen vidas normales pero la regla es la irregularidad. Su origen social proletario y su deseo de la conspiración les impide vivir en la tranquilidad pues pueden ser llamados a la barricada de un día para el otro. De ahí que los conspiradores profesionales aprecien cada minuto de vida: pues podrían perderla en algún momento. Por eso disfruta el placer de la vida en el momento y son a menudo alegres.
Dentro de todo existe la dignidad. Son inocentes para la historia pero en el problema de su centro social hay una línea delgada en cuanto a su efectividad. Sigue Karl Marx “Saltan a los inventos que se supone hacen milagros revolucionarios: bombas incendiarias, dispositivos destructivos de efecto mágico, revueltas que se espera que sean más milagrosas y sorprendentes en efecto, ya que su base es menos racional.”
¿Cómo imaginar la sociedad postcapitalista antes de la Comuna de París? El mérito de los conspiradores profesionales es intentarlo. Sólo el movimiento real de los trabajadores, la Comuna, liquidó una época: el de la conspiración profesional y sentó las bases para la concepción comunista del Estado en Karl Marx.
Es pues la conspiración profesional de una época previa a la Comuna de París, pero su mérito es intentar cambiar el mundo aunque estaban equivocados en la estrategia. Como en el caso de Blanqui, Marx pensaba que estaba equivocado pero le reconocía que era "esencialmente un revolucionario político", inocente ante la historia.
Marx en el Mensaje a la Liga de los Comunistas escribe con claridad. El Manifiesto Comunista, la intervención de los miembros de la Liga en las revoluciones de 1848 y 1849 declaró el final de los conspiradores ocasionales y el nacimiento de la Liga de los Comunistas: los hombres decididos con un programa revolucionario, interviniendo en la lucha de clases y con la claridad de las tareas del proletariado para dar final a una época de organización del movimiento obrero.
Dice Marx: los comunistas deben superar la organización ocasional y construir el partido de la revolución: superar a la pequeñoburguesía democrática y organizarse con el movimiento real del proletariado.
“Los obreros deberán llevar al extremo las propuestas de los demócratas, que, como es natural, no actuarán como revolucionarios, sino como simples reformistas. Estas propuestas deberán ser convertidas en ataques directos contra la propiedad privada. Así, por ejemplo, si los pequeños burgueses proponen el rescate de los ferrocarriles y de las fábricas, los obreros deben exigir que, como propiedad de los reaccionarios, estos ferrocarriles y estas fábricas sean simplemente confiscados por el Estado sin ninguna indemnización. Si los demócratas proponen impuestos proporcionales, los obreros deben exigir impuestos progresivos. Si los propios demócratas proponen impuestos progresivos moderados, los obreros deben insistir en un impuesto cuya tarifa crezca en tales proporciones que provoque la ruina del gran capital; si los demócratas piden la regularización de la deuda pública, los obreros deben exigir la bancarrota del Estado. Así pues, las reivindicaciones de los obreros deben regirse en todas partes por las concesiones y medidas de los demócratas.”
Así, luego de revelar la estrategia impotente de las corrientes demócratas Marx propone:
Pero la máxima aportación a la victoria final la harán los propios obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeñoburgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser: la revolución permanente.
Bibliografía consultada:
Marx, Karl y Engels, Fredrich, Los conspirateurs, Paris, 1850.
Marx, Karl, Mensaje a la Liga de los Comunistas. 1849.
Benjamin, Walter, El libro de los pasajes, Akal, Madrid, 2010, p. 620. Carpeta, conspiraciones camaradería.