El viernes 23 de marzo muchas cosas se pusieron en juego para el movimiento estudiantil en la Universidad de Tarapacá. A partir de esto queremos abrir algunas reflexiones que nos permitan enfrentar mejor los desafíos que tenemos los estudiantes con las luchas por venir.

Camila Acuña Trabajadora Social y militante de Pan y Rosas
Martes 27 de marzo de 2018
La semana pasada estuvieron en la palestra dos debates nacionales, que fueron centrales para entender los acontecimientos que se vivieron en Arica con la venida de José Antonio Kast.
Por un lado, un ambiente nacionalista a propósito de las conversaciones en la Haya sobre el conflicto marítimo entre Chile y Bolivia, que llevo a tener a la ciudad embanderada tras la votación unánime del concejo municipal. Por otro lado los hechos ocurridos en concepción, y luego en Iquique, donde hubo funas al representante de la ultra derecha en Chile.
Kast, el caso particular de un problema general
El escenario para quienes nos organizábamos cambió drásticamente el miércoles 21, cuando se llevó a cabo la funa en Iquique. Esta funa tuvo sus particularidades, entre ellas los golpes que recibió Jose A. Kast en respuesta al mar de provocaciones dentro de una universidad que por años se ha movilizado contra quienes pretenden seguir manteniendo la educación de mercado. Contra gobiernos como el de Piñera, que el 2011 asesinó cobardemente en medio de la lucha por la educación gratuita a Manuel Gutierrez. En este sentido Kast, como un reconocido Pinochetista, se ha mostrado a favor de mantener toda la herencia sistemática de la dictadura, que se expresa en los limitados derechos que existen en materia de salud, educación, pensiones, viviendas, etc.
La funa en Iquique fue expresión de este rechazo, y de la polarización social existente en el país, que abre un cuestionamiento profundo al régimen y a sus instituciones.
Si bien este rechazo se expresó individualmente en la figura de José Antonio Kast, quien buscaba ser agredido para victimizarse frente a la opinión pública (como lo consiguió), no podemos reducir el problema sistemático solo a la figura de éste.
Cada acción del movimiento estudiantil debe ser con el objetivo de fortalecer nuestra organización, y articulación, para crear una correlación de fuerzas necesaria que vaya poniendo la balanza a nuestro favor, y así cada golpe que demos sea mucho más fuerte, sea mucho más de masas, y por lo mismo sea imparable. El movimiento estudiantil debe superar los “golpes de efecto”, y por lo mismo, todas nuestras acciones deben estar enfocadas con fines estratégicos. No sólo queremos golpear a Kast, sino a todo su régimen. Tenemos la tarea de seguir pelando por la educación gratuita, derecho que no piensan cedernos. Es por lo mismo que no caemos en conversaciones estériles con los gobiernos del duopolio, como las que han planteado las direcciones de la Confech, hoy en manos del Frente Amplio. Debemos discutir y construir un plan de acción en nuestras carreras y universidades.
Es a partir de este análisis que expresamos nuestra más profunda solidaridad con los estudiantes que hoy puedan verse afectados por la política represiva que están llevando políticos de Chile Vamos, como también de otras coaliciones, y estaremos atentos a cualquier acto de parte de las autoridades universitarias contra nuestros compañeros. Si tocan a uno, nos movilizamos todos.
En este sentido creemos que la Confech debe ponerse al frente en la tarea de esta organización, y no seguir moviéndose con los ritmos que nos impone el gobierno. El derecho a la educación gratuita, los pequeños avances existentes, hoy con Piñera empiezan a ponerse en riesgo.
Arica, la conquista de una pequeña batalla
A partir de la medición de correlación de fuerza, en la Universidad de Tarapacá tuvimos que reubicar nuestra intervención, ya que el sentido común nos ponía a la defensiva.
Se tuvo que reinstalar el debate, cambiar el foco de la victimización para dejar a Kast como lo que es, un defensor de los violadores de derechos humanos de los cuales su familia es cómplice en asesinatos y desapariciones de 70 campesinos de Paine en dictadura. Es decir, golpear una de sus principales políticas, y con ello, todo el régimen que defiende.
Se hizo un llamado abierto a funar su política, que pese a toda la criminalización contra los estudiantes dentro de la semana, mostro a un gran sector que no se deja engañar por las maniobras de la derecha, y esto se expresó en una exitosa organización tanto de la pintatón, como de la funa.
Es por eso que pensamos que una situacion defensiva no debe ser adaptarse al sentido comun, sino como saber dar golpes habilidosos a nuestros enemigos y al mismo tiempo fortalecer al movimiento estudiantil, que en la universidad venia de reflujos luego de los paños fríos que puso la Nueva Mayoría.
Remarcamos esta pequeña batalla ganada, un importante primer paso para enfrentar lo que se vendrá estos cuatro años con el gerente Piñera como presidente.
Una reflexión, a propósito del uso de la violencia
Como marxistas hacemos una lectura del período, y sobre cómo es la dinámica de las clases que intervienen en el. Es utópico pensar que procesos como una revolución, o una contra revolución, no puedan darse en este siglo. Es más, es el camino de la organización la que nos lleva a esos desenlaces, es por eso que debemos sacar balances de estas batallas.
Al mismo tiempo es imposible no ver la decadencia y putrefacción del sistema, que cada vez es puesta más al descubierto por las mismas clases gobernantes. La crisis económica ha escalado a niveles impensados, cada vez es más profunda, y pese a los sueños liberales de una regulación de la economía, al estar esta misma basada en la sobreproducción, sólo queda decir que crisis y capitalismo van de la mano.
En un Chile polarizado, situaciones como las de Iquique se verán con más frecuencia. La pregunta es si serán hechos aislados, o contaran con la aprobación y la fuerza de la acentuación de la lucha de clases.
Un puñado de empresarios hoy domina el mundo económica y políticamente. Tienen toda una casta de políticos que defienden sus intereses, los de la propiedad privada. Se aprovechan del robo legal que ampara el capital, a través de la explotación de quienes no tienen más que vender que su fuerza de trabajo. Por este lado tenemos a toda una mayoría de personas, pueblo trabajador, que sufren constantemente la violencia del sistema.
Marx y Engels escribían en el manifiesto comunista que:
“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.”
Acabar con el robo de los empresarios no sucederá de forma pacífica, por más que muchos pacifistas lo deseen con todas sus fuerzas. Ellos tienen un ejército, y un estado que los resguarda, y como ha sido a través de la historia, no dudaran en usarlos.
Quienes nos proponemos otro tipo de sociedad debemos tener claridad de esto. Como anticipaba Trotsky “Aquel que piense que es necesario renunciar a la lucha física, debe renunciar a toda lucha, pues el espíritu no vive sin la carne.” Al mismo tiempo que entendamos esto debemos ver la necesidad urgente de la construcción de una organización revolucionaria que prevea estos desenlaces, que saque lecciones de los procesos de la lucha de clases y los coordine para que tengan un buen puerto; la revolución. El partido revolucionario es la pluma que puede desestabilizar la balanza.