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Red Internacional
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ESCENARIO BONAERENSE. Kicillof: a contramano y "esperando la carroza" de Guzmán

El gobernador eligió al Bank of América y al City para renegociar la deuda pero profundiza su dependencia de un gobierno nacional empantanado en la negociación con los bonistas, cruzada por las turbulencias globales.

Walter "Pata" Moretti

Walter "Pata" Moretti @patamoretti

Martes 10 de marzo de 2020 18:28

Fotografía: Clarín

Luego del fracaso sufrido en enero pasado cuando el gobernador encaró personalmente las negociaciones con los bonistas y terminó cediendo a las presiones del fondo de inversión Fidelity -acordando pagar los U$S 250 millones del BP21-, ahora entrega el manejo de la deuda a los grandes banqueros imperialistas de Bank of América y el City. El cambio de estrategia es como saltar de la sartén al fuego. El gobierno provincial vuelve a a actuar de “buena fe” para garantizar la sostenibilidad de la deuda bonaerense, que se encuentra bajo legislación extranjera.

En medio de la inestabilidad económica internacional, expresada en estos días en las caídas de las bolsas y el derrumbe histórico en el precio del petróleo del “lunes negro” -que más allá de los rebotes puso sobre la mesa renovadas perspectivas de una mayor recesión mundial-, a Kicillof se le vienen vencimientos muy superiores al de enero pasado. Se trata nada más y nada menos que de $ 63 mil millones en el mes de junio. En el marco actual puede preverse un invierno muy duro para los bonaerenses.

“Esperando a Guzmán”

Como señalamos en la columna anterior, el pago de 250 millones de dólares “en tiempo y en forma” realizado en enero -tal como lo impusieron los bonistas- obligó al gobernador a “rascar la olla” de las famélicas finanzas bonaerenses.

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La precaria situación financiera provincial ante lo que se viene empuja al gobierno a una mayor dependencia del gobierno nacional. En este sentido Kicillof viene ensayando un catálogo de exigencias, que abarcan desde la indexación del Fondo del Conurbano -que en su momento también exigió con poca suerte la exgobernadora Vidal a Macri- y el traspaso de la tajada presupuestaria que Alberto Fernández amenaza con recortarle a Horacio Rodríguez Larreta; Kicillof quiere que esos fondos crucen el Riachuelo. A esto se suma el pedido del gobernador para que los subsidios a la energía y al transporte que en 2018 Macri traspasó a Vidal sean absorbidos nuevamente por Nación, y de esa manera ahorrarse $ 60 mil millones.

Pero la lista de Kicillof para juntar fondos para pagarles a los bonistas no termina ahí. En las últimas semanas demandó que se reconozca a la PBA como “provincia petrolera”, por ser el distrito que destila el 70 % del crudo extraído en el país. Con esta argumentación el gobernador añora ingresar al selecto club de las provincias petroleras, para entrar en la repartija de las regalías. Pero en este punto el intento de Kicillof se chocó de frente con el derrumbe histórico del precio internacional del petróleo, que a su vez pone en jaque a Vaca Muerta. En su momento Vidal, y ahora Kicillof, soñaban con aprovechar el puerto de Bahía Blanca para convertirlo en la boca de salida de su producción; ahora nubarrones muy negros sobrevuelan sobre el negocio imaginado.

La mayor dependencia del gobierno nacional no augura buenos tiempos para el gobierno bonaerense.

Las necesidades de Kicillof van a contramano de un gobierno nacional está parado en un terreno pantanoso, en una negociación por la deuda argentina donde los fondos de inversión que poseen los bonos, en medio de las turbulencias globales, endurecen sus posiciones complicando la hoja de ruta de Alberto Fernández y su ministro de Economía Martín Guzmán. Ambos pretendían quitas y reperfilamientos, lo cual llevaría seguramente a mayores ajustes a los ya realizados por el gobierno (eliminación de la movilidad de las jubilaciones, mantener los salarios planchados, creciente mortalidad infantil, nuevos tarifazos). El gobierno quiere renegociar casi U$S 70 mil millones contenidos en docenas de bonos, incluido el escandaloso bono a 100 años impulsado por “Toto” Caputo bajo el gobierno de Macri.

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La baja en el valor de los bonos en medio de las turbulencias actuales, si bien puede aflojar las negociaciones para el gobierno, también puede abrir las puertas a los fondos buitres para quedarse con los mismos a bajo precio para luego negarse a negociar, empujando al gobierno al default. Final abierto, y mientras tanto… “estamos esperando a Guzmán”, declaró un legislador del oficialismo bonaerense.

Los trabajadores no podemos esperar nada bueno de la negociación del gobierno con los fondos de inversión, cualquier resultado que salga de allí será a un alto precio para los trabajadores y el pueblo pobre. Hay que pararle la mano a los bonistas; hace falta desconocer una deuda ilegítima e ilegal, y romper con el FMI para terminar con la decadencia y el atraso del país que en gran parte se concentra el conurbano bonaerense.

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Walter "Pata" Moretti

Junta Interna de ATE - Ministerio de Desarrollo Social PBA

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