Desde hace años no se visualizaba un escenario de protestas tan intensas, como las registradas durante las últimas horas en las calles de Santiago, a raíz del alza en el pasaje del Metro a $830 ¿La monumental batalla del pueblo trabajador ecuatoriano y el análisis antisistema que se extrae de la película "Guasón" tienen en algo en común con la jornada de revuelta vivida en Chile?
Sábado 19 de octubre de 2019
FOTO: El Búnker INC.
Hace un par de días el mundo entero fue testigo de cómo la organización en las calles de miles de trabajadores, estudiantes, indígenas, junto a distintos sectores de explotados y oprimidos en Ecuador, eran capaces de devolverle de revés, el paquetazo de precios que quiso imponer el Fondo Monetario Internacional (FMI), a través del gobierno de Lenin Moreno. Un triunfo defensivo frente a un paladín del neoliberalismo, que repta de país en país propagando miserias y ajustes al conjunto del pueblo trabajador, pactando con cada gobierno de turno, emisarios naturales del empresariado.
Por otra parte, y casi simultáneamente, se venía presentando en distintos cines, la película “Guasón”(Joker) dirigida por Todd Philips, que con la magistral actuación de Joaquín Phoenix, da vida al desdichado y atormentado Arthur Fleck. Personaje que padece las miserias más nefastas de la exclusión social y la pobreza, en medio de una Ciudad Gótica que se cae a pedazos. Esto frente a un odio de clase que escala hacia los magnates, tomando en cuenta las enormes fortunas que amasan, mientras la mayoría del pueblo trabajador se hunde en la desolación de la realidad.
¿Coincidencia? Pareciera que no podría estar más lejos de ser una cuestión azarosa, la ficción de Gotham City de una parte, y la realidad de las calles de Quito en otra, presionan a desarrollar nuevos fenómenos de combatividad, los que al contar con un gran respaldo de sectores de masas, reponen la necesidad de enfrentar en las calles a los gobiernos. Cuestión que se evidencia claramente en las masivas protestas, principalmente de la juventud, frente al alza de las tarifas a $830 en el Metro, produciéndose actos espontáneos de evasión y enfrentamientos con Carabineros, en distintas estaciones de la ciudad de Santiago, dejando decenas de personas heridas y detenciones. Además, el Estado de Emergencia impuesto por el presidente Piñera, promoviendo la circulación y control de las Fuerzas Armadas sobre el conjunto de la población de Santiago y Chacabuco, limitando los derechos de locomoción y reunión como en dictadura.
Las máscaras de payaso, y las frases como “We are all clowns”, comienzan a aparecer en los rincones de Santiago, junto a un fuego ecuatoriano que corre por la sangre de miles. Y donde aquel fragmento de la reconocida canción de Las Manos de Filippi (Sr. Crobranza) “el precio también sube, también sube la venganza”, se hace sentir y con bastante fuerza. Ante un pueblo trabajador, que hace suyo un odio de clase hacia los responsables de la precariedad de la vida, que es la burguesía, la clase empresarial que gobierna gracias al beneplácito de sus “lame botas”, la casta política de ministros y parlamentarios que se enriquecen a costa de legislar a favor de sus leyes, amparados en la violencia de las Fuerzas Armadas.
Desde los "combobreaker" de las pensionadas, respondiendo a las preguntas insidiosas y criminalizadoras de los matinales (AFP, salarios, represión, etc), hasta las decenas de personas abalanzándose sobre las puertas del Metro, hay una fractura social y política que se encuentra expuesta, y donde el conjunto de la clase trabajadora, junto a los miles de jóvenes, mujeres, pobladores, mapuche, LGTB, y los distintos sectores oprimidos de la sociedad, tienen la oportunidad de dar vuelta la historia y asestarle de una vez por todas una estocada mortal a este gobierno de empresarios.
Queda claro en lo inmediato la necesidad de bajar este Estado de Emergencia, echar a la podrida institución militar junto a su personal reaccionario de las calles, y tirar la antidemocrática y criminalizadora Ley de Seguridad Interior del Estado.
Y a su vez, se visualiza la necesidad de luchar contra las tarifas usureras que imponen los empresarios, a través de su aval el gobierno, y por la estatización del metro bajo la gestión de trabajadores y usuarios, que ponga fin al enriquecimiento de los privados del transporte, ante una inmensa mayoría, a la que se le va su sueldo en los vagones del metro.
El gobierno busca hacer de nosotros tristes payasos deambulando por las calles de Santiago, en cambio nosotros, nosotras y nosotres, ser una gran fuerza, un gran movimiento organizado que barra con la herencia de la dictadura, la constitución y sus leyes a la medida de los empresarios. ¿Estamos viviendo una nueva revuelta de la chaucha como a mitad del siglo pasado? Lo que sí está claro es que ¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!