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Red Internacional
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Magisterio. La CNTE regresa a clases y el gobierno contrataca

Con el regreso a clases en Chiapas finaliza el prolongado y combativo paro magisterial sin haber conseguido su objetivo principal: la abrogación de la reforma educativa. ¿Por qué la reforma no cayó, contrario a lo que algunos dirigentes de la CNTE livianamente afirmaban hace algunas semanas? ¿Cómo queda el movimiento magisterial y a dónde va?

Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Viernes 23 de septiembre de 2016

Tras el inicio del ciclo escolar en Oaxaca, los maestros chiapanecos habían tomado la determinación de mantenerse en paro, a pesar de quedar aislados y bajo amenaza de represión. Esto, como consecuencia de la política de negociar por separado (cada estado según sus condiciones) adoptada por la dirigencia de la CNTE, rompiendo, de hecho, con el mandato de negociación única y contribuyendo a la división del movimiento.

La mejor forma que encontró el gobierno para terminar con el paro en Chiapas, fue mediante un engaño, ofreciendo verbalmente la suspensión de la reforma educativa en el estado. Una vez levantado el paro, Nuño salió a declarar que no hay ningún acuerdo con los maestros chiapanecos y que la reforma se aplicará en todo el país, sin excepciones.

¿Por qué después de cuatro meses de intensa lucha, que recorrió varios estados y la capital del país, con amplio apoyo popular y solidaridad internacional, el movimiento magisterial no logró sus objetivos?

Los distintos pasos de la lucha

Luego de semanas de enfrentamiento contra las evaluaciones, el 15 de mayo comenzó el paro de la CNTE. Durante estos cuatro meses de lucha hubo importantísimos paros magisteriales y movilizaciones en el país, que junto con los graves errores políticos del gobierno (Nochixtlán, Trump) o el escándalo de la tesis de Peña Nieto, le plantearon un grave problema político al abrirse un escenario de mayor polarización y deslegitimación; con presiones de la derecha, y el imperialismo norteamericano tomando distancia y un profundo descrédito.

El movimiento, a partir de la represión en Nochixtlán, se fortaleció, obligando al gobierno a volver a la mesa que había suspendido.

Pero las semanas pasaban, se mantenían los paros, los bloqueos carreteros; la disposición a la lucha era enorme y se manifestaba desde abajo la unidad entre maestros, padres de familia, sectores populares y en algunos casos sindicatos locales; se expresaba el apoyo de intelectuales, del EZLN, la solidaridad internacional; el movimiento se extendía a otros estados, y nada pasaba en las mesas de negociación. Había condiciones para frenar la reforma.

Al no acceder la CNTE a retirar los bloqueos carreteros en Oaxaca el gobierno nuevamente suspende el diálogo y reafirma que la reforma no se negocia. Aunque se logra liberar a los dirigentes de la CNTE, muchos más continúan presos y queda sin resolverse la cuestión de los despidos. Pese a esto, la CNTE sigue demandando dialogar.

Los dirigentes se justificarán diciendo que no había fuerza para más, pero opinamos que fue su política centrada en la negociación y no en la extensión de la lucha y el fortalecimiento del movimiento, la que impidió hasta ahora triunfar.

¿Qué hizo falta hasta ahora?

Pensamos que para lograr abrogar la reforma hacía falta extender el movimiento, con una política de unidad entre la CNTE y todos los maestros de base del sindicato descontentos con la burocracia pero que quieren luchar. Como se vio en Nuevo León, donde la movilización sobrepasó a los líderes de las secciones 21 y 50, desafiando las amenazas del gobernador Jaime Rodríguez “El Bronco”. Ahí fue significativo que los maestros del SNTE y los inconformes, adscritos a la CNTE, formaron el Colectivo de Maestros de Nuevo León.

Para desarrollar las tendencias a la unidad magisterial, obrera y popular, no bastaba con dejar a las bases de los estados la responsabilidad de forjar únicamente las alianzas a nivel regional con otros sectores. Era necesaria una política unitaria impulsada por la dirección del movimiento para desarrollarlo hacia todo el país, valiéndose del enorme apoyo popular que llegó a contrarrestar la campaña mediática de desprestigo.

Sin embargo la CNTE no demandó a las organizaciones sindicales que se reclaman opositoras desarrollar un frente único en las calles que fortaleciera la lucha contra los planes del gobierno.

Era necesario emplazar desde las bases a las direcciones como las de la Unión Nacional de Trabajadores y los mineros encabezados por Napoleón Gómez Urrutia, a que pasaran de las declaraciones a los hechos y tomaran medidas contundentes (como el paro en solidaridad del 26 de mayo realizado por el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Guerrero). Así como a los jornaleros de San Quintín y a las luchas de las maquiladoras de Ciudad Juárez. No hacerlo, impidió el fortalecimiento del movimiento.

En cambio, fue rechazada la propuesta que hicimos desde Nuestra Clase de realizar un Encuentro Nacional de organizaciones sindicales, sociales y populares que acordara cómo fortalecer nuestra lucha ante el gobierno, y le pusiera fecha al paro nacional. Por ello, en la Ciudad de México propusimos impulsar una Asamblea Metropolitana para soldar las tendencias a la unidad entre maestros de preescolar, primaria, secundaria, padres de familia y vecinos que se expresaban en las delegaciones, lo cual también fue bloqueado por los dirigentes de la CNTE en la capital.

Un error: confiar en el Congreso de la Unión

Ahora, a las rutas pedagógica y jurídica, la CNTE integra la opción legislativa para impulsar, de la mano del PRD -cuyos gobernadores son enemigos del movimiento-, una iniciativa ciudadana de reforma de la reforma en el Congreso, anunciando que, ya sin paros en ningún estado, el gobierno se sentará a negociar, obviando las declaraciones de Aurelio Nuño en el sentido de que a la reforma educativa no se le modificará ni una coma.

Mientras tanto, la reforma continúa intacta, para aplicarse en todo del país a gusto de la SEP y la COPARMEX. Con el retroceso de la lucha, el gobierno ha desatado una intensa represión sobre el conjunto del movimiento, fuera y dentro de las escuelas.

Continúa la ofensiva gubernamental

Tan sólo entre el 10 y el 15 de septiembre, fueron asesinados los profesores Ricardo Mejía Samaniego, Jorge Vela Díaz y el padre de familia Agustín Pavia Pavia; fueron desalojados el plantón de Oaxaca y el de normalistas en Morelia; hubo enfrentamientos con la policía en Tapachula y una brutal represión el día del grito en Oaxaca.

A lo anterior se suman los presos (maestros y no docentes) y los despedidos junto al envalentonamiento de la derecha que demanda la represión contra el magisterio.

Desafortunadamente, los dirigentes de la CNTE insisten en la misma política de diálogo-y de confianza en las instituciones reaccionarias-, que ya demostró su impotencia, y sin la fuerza del paro, sólo puede llevarnos a un fuerte retroceso. La misma nos desarma políticamente para enfrentar la represión y reorganizar al movimiento.

Por una política independiente

Pero no nos han derrotado y muchos maestros y padres queremos continuar luchando.

Para hacer frente a la represión y en la perspectiva de recomponer el movimiento, debemos cambiar la política y reorganizarnos confiando en nuestras propias fuerzas.

No podemos confiar en instituciones como el Congreso que avaló la reforma educativa, ni en los partidos patronales como el PRD qué, mientras pretende recomponerse para las elecciones con su “iniciativa ciudadana” para reformar la reforma, reprime al movimiento magisterial ahí donde gobierna (como en Michoacán y Oaxaca) y que votó las modificaciones a los artículos 3 y 73 constitucionales. Tampoco en el Morena de López Obrador, quien salió en defensa de Peña Nieto y la figura presidencial preocupado más en garantizar la estabilidad del régimen.

Tenemos que impulsar la más amplia unidad entre maestros de todos los niveles y padres de familia, llamando al movimiento obrero como el de San Quintín y los de las maquilas en Juárez, a los sindicatos que se reclaman democráticos como los de la UNT, la Nueva Central de Trabajadores y el de mineros; a los organismos de derechos humanos, a los estudiantes, al movimiento de mujeres y a las organizaciones sociales y de izquierda a solidarizarse y movilizarse junto al magisterio para frenar esta nueva embestida del gobierno y la derecha.

La movilización de miles el 15 de septiembre en la Cd. de México exigiendo ¡Fuera Peña!, así como las acciones magisteriales que se mantienen en estados como Sinaloa, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Chiapas, muestran la persistencia de un profundo descontento contra el gobierno.

Mostremos en las calles que no estamos dispuestos a ceder. Impulsemos una gran campaña nacional e internacional contra la represión, retomando la propuesta de Encuentro Nacional de sindicatos, organizaciones y sectores en lucha para discutir un plan de acción común. Reagrupémonos en la Ciudad de México retomando el impulso de la Asamblea Metropolitana ahora para frenar la represión en las aulas.

Al mismo tiempo, abramos la discusión sobre la necesidad de dirigir nuestras fuerzas contra los charros traidores encabezados por Juan Díaz de la Torre, hacia la recuperación de nuestro sindicato como instrumento de lucha al servicio de los trabajadores.