La política del gobierno hacia el magisterio y la educación pública, que promete continuar con los dictados de la OCDE, muestra la necesidad de que los trabajadores de la educación nos unamos con los de otros sectores, manteniendo nuestra independencia política.
Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Miércoles 20 de febrero de 2019
En junio de 2018, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) realizó la última jornada de lucha durante el sexenio de Enrique Peña Nieto contra la reforma educativa, con paros estatales, movilizaciones y un plantón a las afueras de la Secretaría de Gobernación en la Ciudad de México.
Sin embargo, pocos días antes de las elecciones del 1 de julio, la dirigencia de la Coordinadora tomó la decisión de levantar el plantón, como muestra de “buena voluntad” y de confianza ante lo que se veía ya como el inminente triunfo de López Obrador, quien prometió la “cancelación” de la reforma educativa.
Desde entonces, más allá de algunas movilizaciones puntuales, la política de la dirección de la CNTE ha estado centrada en la búsqueda del diálogo y la negociación, primero con el gobierno electo y ahora con el gobierno federal, como vía para que se solucionen las demandas magisteriales.
Si bien la promesa de cancelar la reforma educativa fue la respuesta de Andrés Manuel López Obrador a la persistente movilización magisterial por la abrogación de esta reforma, esta política no sólo tuvo el objetivo de ganar el voto de los maestros. Buscó también sacarlos de las calles y desviar su lucha hacia la confianza en el proceso electoral y en los legisladores “progresistas” del régimen. Para que el magisterio abandone su tradición combativa, se subordine al gobierno y no aliente las luchas de otros sectores de trabajadores.
Ahora que se discute la iniciativa presentada por AMLO para reformar los artículos 3, 31 y 73 constitucionales, y luego de la invitación de Esteban Moctezuma a la OCDE para que este organismo imperialista colabore en la elaboración del proyecto educativo mexicano, en las instancias de la CNTE se está planteando la necesidad de convocar a nuevas movilizaciones, aunque la política de la dirigencia de la Coordinadora sigue centrada en las mesas de trabajo con el gobierno.
Mientras tanto, ya vimos cómo respondió el presidente de la república a la justa lucha de los maestros michoacanos, acusándolos de “chantajistas” y “conservadores” para volcar a la opinión pública en su contra. O más recientemente la represión de la policía del gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, del Morena, contra los maestros de telebachillerato que se manifestaban por el pago de salarios adeudados. Mientras los jueces, legisladores y funcionarios siguen cobrando altos sueldos y se destinan más recursos a las fuerzas armadas.
Si algo muestra hasta ahora la política del gobierno respecto al magisterio y la educación pública, es que nos quiere pasivos y subordinados en tanto, como ahora señala la CNTE, sus propuestas no resuelven el tema de la abrogación y son en buena medida de continuidad neoliberal. Ante esto, en consecuencia, los maestros no podemos confiar en que bastará con una mesa de negociación y algo de presión para lograr nuestras demandas.
Hay que considerar, además, que el gobierno ha privilegiado la negociación con los charros del SNTE, tanto los de Alfonso Cepeda como los de Elba Esther Gordillo agrupados en Maestros por México, con quienes Esteban Moctezuma tiene bastante cercanía.
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El magisterio necesita una política independiente y combativa para triunfar
Sin negarnos al diálogo, desde la agrupación Nuestra Clase opinamos que la política de la CNTE no debe centrarse en la búsqueda de mesas con el gobierno, sino en el fortalecimiento de la movilización independiente, mediante el impulso de la unidad de las filas magisteriales, con los padres de familia y otros sectores de trabajadores.
Las grandes luchas magisteriales del sexenio pasado ya demostraron la necesidad de no quedar aislados, pues los maestros no podremos solos contra los poderosos intereses empresariales detrás de la reforma educativa. La unidad con otros sectores alcanzada en los movimientos de 2013 y 2016 debe ir más allá.
En el contexto de las luchas que se vienen desarrollando en el país, como los paros y huelgas obreras en Matamoros, que ahora enfrentan miles de despidos, las huelgas del SITUAM y el STEUABJO, y la lucha de los trabajadores estatales contra los despidos del gobierno, la CNTE, como referente combativo nacional, puede jugar un papel muy importante llamando a coordinar todas las luchas, para que ninguna quede aislada, unificando las demandas de abrogación total de la reforma educativa, la reinstalación de los cesados y otras planteadas por el magisterio, con las de los demás sectores, para llevar adelante un plan de acción unificado.
Los tres días de paro y las movilizaciones anunciadas en la CDMX por la Sección 22 de Oaxaca para los días 25, 26 y 27 de febrero (por confirmarse en la Asamblea Nacional Representativa de la CNTE el 23 de febrero), pueden ser el punto de partida para mostrar esta unidad en las calles.
La CNTE debe llamar a todo el magisterio nacional, a los padres de familia y a las organizaciones sindicales que se reclaman democráticas, como la Unión Nacional de Trabajadores, la Nueva Central de Trabajadores y el sindicato minero, a acordar un plan de acción y un paro nacional en solidaridad con los sectores en lucha.
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Junto a ello, consideramos indispensable que la CNTE impulse una gran campaña y convoque ya a todo el magisterio nacional a organizarse democráticamente desde las escuelas, las zonas y las secciones para cerrarle el paso a Elba Esther Gordillo y enfrentar a los charros de Alfonso Cepeda, luchando por la democratización del SNTE y su independencia del Estado.