La CUT, en manos del Partido Comunista, no busca que las trabajadoras y los trabajadores nos unamos para hacerle frente a las reformas que anuncia el gobierno como la reducción de la indemnización por años de servicio o a los despidos. Tampoco busca que la clase trabajadora pueda unirse con la juventud o el pueblo mapuche: de ahí su indolencia frente al asesinato de Camilo Catrillanca. ¿Para qué está sirviendo entonces la CUT?

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.
Miércoles 5 de diciembre de 2018
Bárbara Figueroa quiso expresar que el acuerdo firmado con el gobierno en la negociación del sector público era un avance frente a los despidos que han tenido lugar: “Está en manos de todos los jefes de servicio, la Circular de renovación de los trabajadores a Contrata y esa es una materia, especialmente, sensible cuando hoy estamos viviendo un nivel de despido significativo, particularmente en la administración centralizada. Por lo menos, que ese punto haya ya estado en manos de los jefes de servicio, sin duda que ha sido una materia de valoración junto con otras temáticas tanto sectoriales como genéricas que nos van a desarrollar una agenda 2019”.
¿Sirvió la “estrategia” de la CUT dirigida por el PC en la negociación del sector público para frenar los despidos? No. El miércoles 28N firmaron un acuerdo y no pasaron más de dos días y el 10% de los trabajadores de las secretarías regionales ministeriales de Salud fueron despedidos. Al gobierno no se le ablandó en nada el corazón con las siempre tan bienintencionadas expresiones de disposición al diálogo social que revela el PC a través de Bárbara Figueroa
Resulta llamativo que sólo cinco días después, el 3 de diciembre, el portal de la CUT publique una noticia con el siguiente titular: “CUT y gremios de la Salud Pública denuncian masivos despidos injustificados y exigen al MinSal su reincorporación”. En ese mismo artículo leemos: “Solo en las secretarías regionales ministeriales de Salud (Seremis), alrededor del 10% de trabajadores de la dotación total fueron despedidos el viernes pasado; la cifra aumenta si se consideran los casos registrados en distintos hospitales y otros servicios dependientes del Ministerio de Salud (MinSal). Es por ello que la Secretaría de Salud de la CUT junto a gremios del sector realizaron este lunes una protesta en el frontis del edificio del MinSal y entregaron una carta a las autoridades en la que solicitan reincorporación de los funcionarios despedidos y una exhaustiva revisión de los procedimientos aplicados pues a juicio de los dirigentes se trata de despidos arbitrarios.”
¿Sirvió la “estrategia” de la CUT dirigida por el PC en la negociación del sector público para frenar los despidos? No. El miércoles 28N firmaron un acuerdo y no pasaron más de dos días y el 10% de los trabajadores de las secretarías regionales ministeriales de Salud fueron despedidos. Al gobierno no se le ablandó en nada el corazón con las siempre tan bienintencionadas expresiones de disposición al diálogo social que revela el PC a través de Bárbara Figueroa: “es muy valioso que este sea un acuerdo no con el Parlamento, sino que, con los gremios, porque eso da cuenta de que es posible llegar a acuerdos con los trabajadores cuando ambas partes tienen la disposición a ceder”. El problema es que quienes cedieron después de firmar el acuerdo con el gobierno, fueron los trabajadores, con un 0,6% de aumento real, en tanto el 2,9% restante de aumento, se contrarresta con la inflación. Y dos días después de que Bárbara Figueroa celebrara que esté en manos de los jefes de servicio la Circular de renovación de los trabajadores a contrata, despidieron a uno de cada diez trabajadores de las secretarías de Salud. Esto en realidad es expresión de que bajo Piñera la CUT en manos del PC no está buscando enfrentar los despidos. Por eso dejó pasar los cierres de empresas -Maersk, Cial, Pastas Suazo, entre otras- y desvinculaciones en junio. Su única acción del año fue el 8N, más bien testimonial.
A la luz de este hecho, reflexionemos sobre las siguientes palabras de la presidenta de la CUT: “Sabemos que siempre vamos a aspirar a mucho más de lo que hemos conseguido, pero hoy han hecho un esfuerzo muy importante los gremios, los presidentes y presidentas y creo que eso también tiene que ser altamente valorado junto con la disposición que ha tenido el Ejecutivo de correr las fronteras, de correr los límites de lo que originalmente nos habían propuesto, lo que nos permitiese por lo tanto llegar hoy a este acuerdo”.
Todos tenemos que valorar la disposición de gremios, presidentes de asociaciones y gobierno a ceder un poquito, esa es la idea central. Dos días después vinieron despidos masivos. Preguntémonos entonces ¿sirve de algo mantener una práctica como de la CUT en manos del PC que habla de paro activo para ciertas fechas, para luego regresar a una rutina en la que lo más importante es que todos nos mostremos “civilizados” y siempre abiertos a conversar con gobiernos y jefes?
Sin aprovechar la crisis ni unir las filas de la clase trabajadora
Tengamos en cuenta que se podría haber actuado de otra manera, se podría haber luchado. El gobierno venía golpeado por una oleada de cuestionamientos producto del asesinato de Camilo Catrillanca a manos de Carabineros. El 20 de noviembre, intentando descomprimir la crisis, había renunciado Luis Mayol como intendente de la Araucanía y se anunció una interpelación al ministro Chadwick, impulsada por la oposición parlamentaria. Esas medidas ejecutadas en los palacios del régimen político no son la expresión de la rabia del pueblo mapuche y decenas de miles de jóvenes que se manifestaron a lo largo de norte a sur, en colegios, universidades y calles, en comunidades de Wallmapu. Pero son sintomáticas de las peripecias que ha estado sobrellevando Piñera que venía bastante calmo desde el fallo de La Haya.
Por otro lado, desde mediados de noviembre, en Valparaíso está en curso el paro de los trabajadores portuarios que han visto mermada su situación y sus ingresos por la reducción de turnos. La Unión Portuaria ha reaparecido en la escena, intentando ligarse a los huelguistas y expandirse a Valparaíso, y en San Vicente y Talcahuano ha anunciado que no atenderá los remolcadores de Ultratug en solidaridad con los eventuales de Valparaíso. Pero no termina de coordinar una acción nacional, un paro, que podría transformarse en un factor que haga girar toda la situación política reponiendo a los trabajadores como protagonistas.
¿Por qué la ANEF, el Colegio de Profesores y la CUT esperaron recién al 26 para impulsar movilizaciones? Creemos que era posible y necesario impulsar un proceso de discusión y asambleas desde las bases para incluir como demanda de las movilizaciones la inmediata desmilitarización de la Araucanía, la disolución del comando jungla y el castigo a los culpables del asesinato. El nivel de temor del gobierno al ver a los trabajadores uniendo su lucha a la lucha del pueblo mapuche y la juventud que venía despertando el colegios y universidades, hubiese sido grande.
El asesinato de Catrillanca también fue comentado en los lugares de trabajo, especialmente en la juventud, aunque no al nivel que en los lugares de estudio. En el GAM, en pleno centro de Santiago, trabajadoras y trabajadores del sindicato organizaron la pintada de un enorme lienzo con el rostro de Catrillanca y una denuncia al Estado; en FCAB y en Correos Chile, en colegios de La Granja y Antofagasta, ferroviarios, postales y profesores, sin militancia o con militancia, han expresado su repudio.
Desde conversaciones pedagógicas en los trabajos hasta movilización en la calle. Es una pelea de la que las y los militantes del PTR hemos sido parte.
Defender la idea de que la lucha hay que darla “separados siempre”, sin siquiera coordinar acciones comunes, sólo ayuda al control de las direcciones burocráticas. Pero efectivamente eso es lo que ocurre, esa es la comprensión de las cosas que tienen estos dirigentes como Bárbara Figueroa: para ellos hay que dar las luchas separadamente y por demandas parciales. No hay que pelear por la unidad de las filas de la clase trabajadora ni por la unidad con la juventud o el pueblo mapuche.
Unir la lucha sindical a la lucha política hubiese aumentado enormemente la capacidad de lograr las demandas del sector público y a su vez hubiese aportado fuerza contra la represión al pueblo mapuche. Pero ahí están la burocracia sindical, el Partido Comunista y Bárbara Figueroa, festejando que todos cedieron un poco. Hasta tal punto es evidente que se trata de una claudicación de la burocracia sindical la manera en que se bajó el paro el pasado miércoles 28N, que la ANEF en asamblea nacional tuvo que resolver paralizar de nuevo el jueves 6 de diciembre en contra de los despidos y retomar las movilizaciones. No se puede tapar el sol con un dedo.
¿Mejor divididos?
¿Por qué no buscaron unir la lucha del sector público a la lucha de los portuarios de Valparaíso? Nada lo impedía. Por ejemplo, en Antofagasta, la confluencia de trabajadoras y familias dispuestas a pelear por su reubicación en FCAB en contra el magnate Luksic con los militantes del PTR, ha permitido que este año se desarrolle una tradición de acciones unitarias que no existe en otro lugar: se ha hecho frecuente ver a los “chaquetas naranjas” ferroviarios, con profesores y trabajadores de la ANEF como la semana pasada, o incluso con el movimiento de mujeres y contra la contaminación.
las corrientes políticas que dirigen las organizaciones más masivas de la clase trabajadora como lo es la CUT o como lo podría ser el Colegio de Profesores, han tenido una estrategia de “espera pasiva”, es decir, se han limitado a ciertos “hitos de movilización” pero más bien han preferido siempre dialogar, no han activado la fuerza de la clase trabajadora con un plan de lucha y paralizaciones, no ha sido su cometido aliarse con la juventud, el movimiento de mujeres y el pueblo mapuche. Por eso la displicencia con el asesinato de Camilo Catrillanca, por eso la impavidez rutinaria con el paro portuario en Valparaíso. Se podía salir de la modorra, prefirieron no hacerlo.
Defender la idea de que la lucha hay que darla “separados siempre”, sin siquiera coordinar acciones comunes, sólo ayuda al control de las direcciones burocráticas. Pero efectivamente eso es lo que ocurre, esa es la comprensión de las cosas que tienen estos dirigentes como Bárbara Figueroa: para ellos hay que dar las luchas separadamente y por demandas parciales. No hay que pelear por la unidad de las filas de la clase trabajadora ni por la unidad con la juventud o el pueblo mapuche. Los aliados son otros: los parlamentarios de oposición, la Democracia Cristiana. Y cada vez que se pueda “agradecer” la buena disposición del gobierno, se hace. Pero esa “estrategia” está revelando toda su inutilidad.
Que el gobierno mienta y no respete su propia Circular respecto a los trabajadores a contrata y los despidos, no es algo que deba asombrarnos. No podemos quedarnos en la explicación fácil de la mentira del gobierno. La pregunta es ¿por qué el gobierno no tiene el temor a que esta medida genere una respuesta de los trabajadores y se permite despedir sin tapujos al 10% de quienes laboran en las secretarías de salud y anunciar reformas como la reducción de la indemnización por años de servicio? La respuesta es simple: porque las corrientes políticas que dirigen las organizaciones más masivas de la clase trabajadora como lo es la CUT o como lo podría ser el Colegio de Profesores, han tenido una estrategia de “espera pasiva”, es decir, se han limitado a ciertos “hitos de movilización” pero más bien han preferido siempre dialogar, no han activado la fuerza de la clase trabajadora con un plan de lucha y paralizaciones, no ha sido su cometido aliarse con la juventud, el movimiento de mujeres y el pueblo mapuche. Por eso la displicencia con el asesinato de Camilo Catrillanca, por eso la impavidez rutinaria con el paro portuario en Valparaíso. Se podía salir de la modorra, prefirieron no hacerlo.
Quieren bajar las expectativas
La resultante de este actuar es bajar las expectativas de la clase trabajadora y retrasar su proceso de constituirse en sujeto político. Hay muchos intelectuales que teorizan que la clase trabajadora ya no existe o no es un actor central. Pero en realidad que a momentos “parezca no existir” o que no sea aquí y ahora un actor central, también es fruto de la forma en que dirigen estas direcciones burocráticas: prefieren verla “en paz” mientras ellos se encargan de lograr un 3,5% de aumento como ahora en el sector público, prefieren “que no se meta en política” y que siempre piense por sector y no como clase: los públicos por un lado, los portuarios, por otro.
Es en este marco, con esta estrategia, con esta forma de actuar, que el Partido Comunista impulsa la propuesta de una jornada laboral de 40 horas. Camila Vallejo o la Constramet defienden la propuesta. Uno podría pensar ¿están acá elevando las expectativas de la clase trabajadora? Pero la respuesta es no. En realidad, quieren convencer a empresarios de que esta propuesta podría beneficiar a la productividad.
Por otro lado, su “política de alianzas” no fortalece para nada la pelea por bajar la jornada laboral. Por eso ha tenido tan poco impacto esta demanda en boca del PC.
Por otro lado, el Frente Amplio tampoco viene siendo una alternativa en los sindicatos. El Colegio de Profesores dirigido por el PH pospuso sus movilizaciones hasta 2019 y sus dirigentes se encargaron de dividir las movilizaciones como el pasado 3 y 4 de octubre. Luis Mesina ahora celebra un acuerdo por arriba con la CUT para fortalecer la “unidad político-sindical”: “La idea fundamental es sumar esfuerzos, hacer converger las fuerzas representativas del movimiento social en la perspectiva de contener y detener esta ofensiva del Gobierno que busca justamente legislar conculcando derechos fundamentales. Lo estamos viendo en todos los planos. Quieren instalar nuevamente una reforma laboral que coloque el acento en la flexibilidad en un país que ya tiene desbordes de flexibilización que no se comprenden”. El problema es que las acciones del pasado 24 de octubre y 8 de noviembre no se prepararon desde los lugares de trabajo, con asambleas, y en el marco de preparar un plan para hacerle frente al plan completo del gobierno. La coordinación sólo de figuras por arriba no es la verdadera unidad.
Una alternativa en el movimiento obrero
Desde La Izquierda Diario y el Partido de Trabajadores Revolucionarios defendemos el programa de 30 horas semanales, 5 días, y que todas y todos trabajen, como una respuesta al aumento de la cesantía. Pero si nuestra expectativa es más elevada, es porque nuestro proyecto político es de ruptura con el capitalismo. Reducir la jornada laboral es necesario para no dejar la vida en los lugares de trabajo, para tener tiempo para descansar, para la recreación, para las personas que queremos y la creatividad. Y sólo un proyecto socialista puede organizar la sociedad sin que todo sea funcional a los bolsillos de magnates y empresarios.
Pelear por un programa así requiere que la clase trabajadora se transforme en sujeto de su liberación. Pero ese camino es imposible si no batallamos ahora para que los sindicatos se transformen en verdaderas herramientas de combate para defendernos de despidos y aliarnos con la juventud, el pueblo mapuche y el movimiento de mujeres. Que ello ocurra no será producto de la “recapacitación moral” de los actuales dirigentes burocráticos que han condenado a la espera pasiva mientras Piñera anuncia sus reformas. Será fruto de la pelea de una corriente revolucionaria de cientos de miles que todavía tenemos que construir, un partido revolucionario de la clase trabajadora con un programa socialista, que tendrá que enfrentar a quienes quieren que nos adaptemos a los planes de Piñera y los empresarios. Es a esa tarea que nos dedicamos día a día quienes militamos en el Partido de Trabajadores Revolucionarios.

Juan Valenzuela
Santiago de Chile