Un repaso por el sistema de salud de La Matanza desde la voz de trabajadores que enfrentan la pandemia del coronavirus con graves déficits en infraestructura, ausencia de insumos, falta de personal y precarización laboral. El Hospital Paroissien, pese a haber sido uno de los elegidos para la descentralización de los tests, todavía no tiene la licitación firme. Los empresarios no pueden seguir decidiendo sobre nuestras vidas.

Daniel San Martín La Izquierda Diario La Matanza @danisanmart_
Lunes 13 de abril de 2020 22:02
En el municipio más poblado de Gran Buenos Aires, la llegada de la pandemia deja expuesta la precariedad y hacinamiento de gran parte de la población. El distrito cuenta con 122 villas y asentamientos, y solo el 60% de la población tiene acceso a cloacas (relevamiento realizado por el Observatorio de la UNLaM). Esta situación de precariedad estructural en sectores del segundo y tercer cordón hace casi imposible cuestiones tan elementales como el lavado de manos y la higiene necesaria para que el virus no se propague.
Para graficar de forma directa el estado de los hospitales, desde La Izquierda Diario entrevistamos a trabajadores que están en la primera línea, enfrentando el brote de dengue y preparándose para el pico de la pandemia de coronavirus. El distrito cuenta con siete hospitales estatales en actividad, entre municipales y provinciales y en la ultima década se han multiplicado las clinicas privadas.
Transitando el cuarto mandato como intendente, Fernando Espinoza (intercalado con un mandato de Verónica Magario, actual vicegobernadora de la provincia) no parece haber tenido entre sus prioridades revertir las deficiencias estructurales. En lo que no ha dudado es en inundar el distrito de gendarmes y soldados.
Millones de trabajadores sufren las consecuencias de una precariedad estructural que en este caso es imposible reducirla a la pesada herencia.
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Valeria Bonetto, presidenta de la seccional CICOP del Hospital Paroissien y Secretaria de DD.HH. y Género nos cuenta con preocupación: “El problema es de salud pero también es social y tiene que ver con las condiciones de vida. La cuarentena es necesaria, pero con presupuesto real para enfrentar el hambre. Y además las dificultades de saneamiento complican muchísimo las cosas. Son muchas las familias que viven en un solo ambiente, con hijos y no tienen ni agua ni jabón. Sumado a esto, viven de changas. Esto lo hace imposible”.
Los hospitales
"Con un solo barbijo para todo el día es imposible”, cuenta una trabajadora del Hospital Balestrini que reserva su identidad por temor a represalias. “Incluso el director del Hospital hizo charlas de formación para todo el personal y llegó a decirnos que no es necesario ningún tipo de protección especial para quienes traten pacientes infectados por coronavirus. Pero no estamos hablando de nada especial, sino que no tenemos ni los insumos básicos", y remata: "eso sí, en las fotos de las notas periodísticas aparece con las mascarillas que dice que no son necesarias".
Los trabajadores de la salud vamos a enfrentar esta pandemia con contratos precarios como el 48 y monotributos, mientras las patronales despiden sin consideración, tras años de levantarla en pala. #ProhibicionDeDespidos en forma urgente. Basta de vivir de forma precaria!!! pic.twitter.com/sCreAc7eYR
— Luis Sucher (@luis_sucher) March 31, 2020
En los cuatro hospitales, los trabajadores pegan carteles, publican historias en Instagram y en Facebook para recibir la donación de lo necesario para producir barbijos caseros y camisolines. “Ya tienen las personas que lo van a hacer”, nos cuenta Karen, vecina de Ciudad Evita que preguntó en el hospital. La solidaridad se expresa y ya se está haciendo común la donación de mascarillas caseras realizadas con radiografías. En el Paroissien se ha llegado al colmo de recibir barbijos que son para trabajadores de la construcción, no de salud, sumado a camisolines cortos que no llegan a proteger la totalidad de los brazos.
Casos similares se replican en todo el territorio. Zaida, enfermera desde hace quince años del Hospital Dr. Jose Equiza de González Catán, cuenta preocupada, “estamos optimizando los recursos todo lo posible pero no es suficiente. Hay faltantes básicos. No tenemos los camisolines hemorrepelentes necesarios por protocolo, tampoco los mamelucos. El acohol en gel lo estamos racionando mucho para que dure. Además necesitamos tener barbijos N95 para todos los sectores. Solo han llegado y donado algunos. Queremos protegernos nosotros, pero también a los pacientes, a nuestras familias y compañeros”.
Valeria Bonetto plantea que desde los sindicatos están reclamando que el COVID-19 sea incluido entre las enfermedades profesionales a trabajadores de la salud. Respecto de los insumos nos detalla el cálculo realizado para una atención óptima que reduzca el contagio por cuestiones evitables a la mínima expresión. Por cada caso sospechoso de COVID-19 se necesitan veinticinco batas, veinticinco mascarillas triples, un barbijo para maniobras invasivas, cincuenta unidades de guantes y una antiparra.
“El vaciamiento de la salud pública no es algo nuevo. Yo ya tengo más de quince años de pelea contra el vaciamiento y desfinanciamiento paulatinos, hasta que llegamos al bajísimo 5,5% del PBI actual”. Vale la pena recordar que sigue vigente el presupuesto del macrismo, y que la partida extra de $1.700 millones al decretar la emergencia sanitaria es nueve meses menor que los 248 millones de dólares pagados hace diez días en concepto de servicios de deuda por el gobierno nacional. Al recordar este dato, Valeria Bonetto sentencia sin dudar: “La deuda es con la salud del pueblo”, al tiempo que reclama una partida presupuestaria de emergencia para la salud.
Unificar bajo control de sus trabajadores el sistema de salud.
Los recursos para producir los elementos necesarios más urgentes - equipos de protección personal (EPP) y los respiradores y camas necesarias para los pacientes - están. Pero están en manos privadas. Al igual que las clínicas privadas que cuentan con instalaciones e insumos que faltan en los hospitales públicos.
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En este sentido, Valeria Bonetto, plantea sin dudar: “necesitamos un sistema único de salud, que los recursos de la medicina privada estén disponibles en función de la necesidad de salud de la población. La salud no debe utilizarse como mercancía y que todxs tengan acceso a una salud pública gratuita y de calidad”.
El Ministro Gines González García amagó con declarar de utilidad pública a los centros de salud privados. Pero retrocedió enseguida, pues el gobierno viene mostrar actuar al servicio de los empresarios. El ejemplo de Techint y la represión en Penta lo grafican claramente.
Quienes pensamos que la salud de la población debe ser la prioridad, no sólo peleamos por unificar el sistema de salud público y privado para garantizar el derecho a la salud de la población exigimos que la salud sea considerada pública y que esté bajo control de los trabajadores y pacientes, pues son los únicos que conocen cuales son las necesidades y por ende pueden servir a los intereses de las grandes mayorías y no de las ganancias.
A su vez, debemos exigir información pública y veraz de todo. Las y los trabajadores de la salud y de todas las ramas esenciales (laboratorios farmacéuticos, alimentación, transporte, etc.) deben controlar la producción y los servicios que prestan para poner toda la información frente a la sociedad.
¿Para la tribuna?
El Hospital Paroissien es uno de los seleccionados en la descentralización de los tests para la detección de diagnósticos del COVID-19. O al menos eso dicen los anuncios. Sin embargo Valeria Bonetto es clara describiendo lo que en realidad ocurre: “todavía no hay personal para realizarlo, ni designación de reactivos. Incluso el proceso licitatorio todavía es una de incógnita. Son muy importantes los tests para la población y en primera instancia para los trabajadores de la salud, quienes en caso de síntomas deben poner a todo el equipo en cuarentena".
En los medios, una campaña permanente buscó durante días desestimar la necesidad de los tests. Parece que la OMS solamente es citada cuando conviene, porque en cuanto se exigieron “test, test y test” se hizo oídos sordos. La misma línea de ataque fue acompañada por medios oficialistas y “opositores”.
Desde el PTS en el Frente de Izquierda exigimos test masivos desde el primer momento que se explique cuál es el plan sobre los kits de test, pero desde el Ministerio de Salud nunca respondieron. Esto fue hace un mes (13 de marzo). Finalmente, los medios informan que están por llegar 45.000 kits de China para triplicar los test porque Argentina es uno de los países que hace menos por cada millón de habitantes.
La primer finalidad de los testeos masivos es encontrar a las personas infectadas para aislarlas, al igual que a todas las personas que tuvieron contactos con las mismas en las semanas previas. Esto podría permitir que el aislamiento fuera obligatorio solo para esos grupos de personas, los mayores de 65 años y quienes tengan enfermedades preexistentes. Pero también para tener un mapa sobre las zonas que se desarrollan más los contagios y así poder planificar racionalmente la utilización de los recursos. Algo fundamental en un distrito hiperpoblado como es La Matanza, donde el hacinamiento y la precariedad es constante.
La infraestructura
Gobierno tras gobierno se fue reduciendo el presupuesto, profundizándose durante el macrismo con una reducción del 25%. Pero tal como nos cuentan las entrevistadas, el deterioro edilicio y de las instalaciones se remonta incluso a la década ganada.
Los entrevistados coinciden en que la infraestructura es vieja y faltan muchas reparaciones y que “no se pensó nunca porque la salud nunca fue una prioridad”. Son necesarios lugares de aislamiento acondicionados y con todo lo necesario. Los entrevistados también han planteado la deficiencia en las áreas de infecciones respiratorias y la falta de ventilación es una constante.
Desde el Municipio de La Matanza están utilizando los clubes que generosamente cedieron su espacio como lugares de “aislamiento”. Y lo ponemos entre comillas porque hasta el momento lo único que se ha visto son simples camas esparcidas en grandes espacios ¿Las camas de internación y los respiradores? “Esa te la debo”, podría contestar Espinoza.
Otro elemento es que en el pico de la pandemia, el Hospital Paroissien, siendo el más importante del municipio va a contar con un total de veinte camas de terapia intensiva. Un número absolutamente insuficiente para la población matancera.
La falta de personal y la precarización laboral
Los presentan como héroes, pero son trabajadores que están en la primera línea, son quienes fisica y psicologicamente enfrentan la pandemia, tienen una sobrecarga laboral que los expone a peores situaciones además de la extendida precariedad laboral. “Cada vez que los trabajadores se jubilan o se van a la salud privada por cuestiones de salario e infraestructura, los puestos no se vuelven a ocupar”, nos cuentan desde el Hospital Balestrini.
En el Hospital Paroissien “nos faltan muchas especialidades”. Sin tomar en cuenta la pandemia, son entre 2500 y 3000 los puestos médicos necesarios para empezar a cubrir el déficit de la provincia de Buenos Aires. “Desde la Provincia hicieron una propuesta, pero quieren tomarlos como becarios. Esto permite que tengan un sueldo muchísimo más bajo además de no tener garantizada la continuidad”, detallan desde la CICOP. Respecto del personal de enfermería, Zaida del Hospital del 32 cuenta que “antes de la pandemia, ya se necesitaban miles de enfermeros para cubrir la demanda. Esto también tiene que ver con que nunca fue una profesión valorada y en estos momentos se ve la necesidad”.
A esto se suma el retraso salarial. Sin embargo, la propuesta del gobierno para “solucionar” los salarios atrasados de los trabajadores de la salud quiere resolverse con cuatro cuotas de $5.000 que se pagarán siempre se cumpla con el presentismo. El mismo bono que a las fuerzas represivas. Una vez más se pone en discusión, cuáles son las prioridades.
Los trabajadores de la salud no superan los salarios de pobreza del conjunto de las administraciones públicas Ante los montos propuestos es importante recordar que según ATE Indec una familia tipo necesitó $63.783,3 para satisfacer sus necesidades en enero de 2020.
Hay que invertir las prioridades
Ante la pandemia del coronavirus, los sistemas de salud dejan expuesta las consecuencias de una guerra contra los sistemas públicos que lleva décadas. Las consecuencias del desfinanciamiento y el pago de deudas ilegales y fraudulentas muestran cuales han sido y son las prioridades.
Los sindicatos deben ponerse a la cabeza de pelear por los insumos, salarios y licencias que no se cumplen en estos momentos, pero también por un sistema unificado de la salud bajo control de los trabajadores para que no primen las ganancias de ungrupo de miserables mientras nosotros contamos los muertos.
Es urgente aumentar el presupuesto en salud y un salario de emergencia de 30.000 pesos durante la cuarentena. El coronavirus mata, pero la pobreza también. Es urgente afectar con impuestos las ganancias de las grandes fortunas y que cada cama vacía que haya sea ocupada. Usándolas como centros de salud pero también para los millones de personas que viven en las calles. No hacerlo es una decisión consciente.
Años de gobiernos peronistas - sumados a los 4 años de ajuste macrista en Nación y provincia - hicieron de La Matanza un distrito absolutamente vulnerable social, económica y sanitariamente. Esta pandemia no hizo más que desnudar las condiciones estructurales e infrahumanas en que viven gran parte del pueblo matancero. El fortalecimiento de los planes represivos, y no así de la salud, la vivienda y el empleo, demuestran la persistencia de los sucesivos gobiernos por mantener esta situación.
La salida sólo pueden darla los trabajadores.
Te invitamos a leer "Frente a la crisis y la pandemia: imprescindibles medidas de autodefensa de la clase trabajadora"
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Daniel San Martín
Trabajador MTEySS - La Matanza (Delegado ATE - Agrupación Marrón )