Sábado 10 de junio de 2017 17:30
Finalmente llegó el gran estreno con el que DC Comics redobló la apuesta a Marvel: la “Mujer Maravilla”, interpretada por Gal Gadot, dirigida por Patty Jenkins, con una historia desarrollada por Zack Snyder, director de “Superman”.
Este cómic inspirado en la mitología griega tiene como protagonista a Diana (para los griegos Artemisa), diosa de la caza, los animales, la natalidad; hija de Zeus, dios del Olimpo, y hermanastra de Ares, dios de la guerra.
El creador de este personaje fue William Moulton Marston quien se desempeñó en el ámbito de la psicología y fue el creador del registro poligráfico que luego se denominó “máquina de la verdad”, conocida comúnmente como el “detector de mentiras”, por ello se cree que quizá de allí surgió la idea del “Lazo de la verdad”, una de las armas de esta heroína. Marston fue un defensor de la causa de la mujer y en la década de 1940 creó el personaje.
La Mujer Maravilla llegó para romper con el estereotipo de los superhéroes hombres y se convirtió en un ícono feminista, promotora de la lucha por la justicia, el amor, y la igualdad sexual como se observa en diferentes pasajes de la película, por ejemplo cuando se refiere a la autonomía de la mujer en lo que respecta al goce y el placer.
El film comienza cuando Diana, criada en una isla escondida, entra en contacto con un piloto norteamericano que tiene un accidente cerca de la costa y le habla de la Primera Guerra Mundial que se estaba desarrollando entonces. A partir de allí Diana decide usar su entrenamiento de amazona para pelear y poner fin a la guerra.
En diferentes pasajes del film la Mujer Maravilla muestra su preocupación acerca de la temática sobre el origen de lo bélico, lo que atribuye mitológicamente a la maldad de su hermano, Ares, dios de la guerra, quien tendría un gran poder de persuasión e influencia en la especie humana y el instinto de destrucción característico de la misma.
Las guerras han sido protagonistas de muchas películas y de gran interés para diferentes intelectuales, en lo que refiere a la tendencia a la destrucción presente en la especie humana como plantea “Mujer Maravilla”, el antropólogo francés George Bataille lo explica desde una teoría biologicista y técnica: “Un sistema dedicará la energía necesaria para su crecimiento y el excedente lo derrochará”, por este motivo define a la guerra como “una destrucción de recursos cuando un sistema social ha tocado techo, cuando ya no puede crecer más debido a los límites que le presentan otros sistemas sociales” y desde el punto de vista del depredador “es un éxito pues éste ocupa el lugar del otro restableciendo el volumen energético total en poco tiempo”.
Desde una visión menos romántica que la que se plantea en “Mujer Maravilla”, el propio Vladimir Lenin ha explicado los orígenes de la guerra a través de la óptica marxista en “El Socialismo y la Guerra” (1915): “El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. (…) De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las "grandes" potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.”.
Al igual que Diana, los socialistas condenaron siempre las guerras entre los pueblos al considerarlas como algo bárbaro y feroz, pero como explica Lenin, comprenden que “no se puede suprimir las guerras sin suprimir antes las clases” e instaurar el socialismo.