×
×
Red Internacional
lid bot

La PSU como la herramienta segregadora del sistema educativo

En medio de protestas contra su realización, la Prueba de Selección Universitaria y la educación nuevamente se ponen en el centro del debate sobre desigualdad. Aquí un par de datos al respectoo, que dejan al descubierto el carácter segregador del exámen.

Juan Andres Vega

Juan Andres Vega Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Militante de Vencer

Martes 7 de enero de 2020

Mientras se escriben estos párrafos cerca de 300 mil jóvenes enfrentan, como cada año, el proceso de admisión para las universidades chilenas, en medio de protestas contra la Prueba de Selección Universitaria, su mecanismo central, que concluyó su primera jornada con la suspensión temporal de la prueba en 86 locales de rendición a nivel nacional, incluyendo comunas enteras como Quellón y Calama.

El debate sobre la PSU se renueva con cada edición de la prueba porque las críticas son muchas y son profundas. Desde su utilidad técnica para medir conocimientos y los mecanismos de rendición, hasta su carácter segregador al ser una prueba que mide de igual manera el nivel educativo de jóvenes salidos de un sistema educacional muy heterogeneo, donde los puntajes superiores se acumulan en los colegios privados y la gran mayoría de estudiantes de liceos municipales, hijos e hijas de trabajadores queda fuera.

Los números de la segregación

La PSU fue ideada en 2003 para el reemplazo de la antigua prueba de aptitud académica. Los resultados de su primer año de aplicación son que de los 153 mil estudiantes que rindieron la PSU, solo se matricularon 42 mil, de los cuales 26 mil salieron de establecimientos particulares o particulares subvencionados.

Después de más de diez año de iniciado el imperio de la PSU, la brecha se profundiza. En el 2018, entre los 100 colegios con mejores puntajes PSU solamente hay 4 establecimientos municipales (3 en Santiago y 2 ubicados en el centro) y solamente 2 dentro de los mejores 40, 3 particulares subvencionados ubicados al final de la lista. Además, de los 290 mil estudiantes que rindieron la prueba solo se matricularon 159 mil.

Chile despertó, las y los estudiantes también

Son cientos de miles de jóvenes y sus familias tienen que enfrentarse a la incertidumbre de si el esfuerzo de 12 años de estudio tendrán continuidad en la educación superior o no, lo que marca una diferencia en el Chile del siglo XXI, heredero de la dictadura donde el mercado laboral premia -y exige en ciertos casos- una superespecialización para poder trabajar y vivir en condiciones mínimas de dignidad.

Sin embargo, luego de la rebelión popular abierta tras el 18O, la permanencia de dicho orden de cosas en la educación se ha vuelto intolerable. Son cientos los y las estudiantes quienes se organizan para boicotear el proceso de la PSU con el objetivo de superar el gran filtro que significa. Además son miles las personas que exigen el fin de la PSU y su cambio por otra forma de ingresar a la Universidad.

Luego de que se abriera un gran cuestionamiento a toda la herencia de la dictadura y a semanas de que comience un proceso constituyente, se ha vuelto imposible ignorar la pesada herencia de la educación de mercado junto con sus pruebas estandarizadas y selecciones.