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Ciudad de México. La Pagoda cierra sus puertas, los trabajadores en peligro de perder sus empleos

La vuelta al semáforo rojo implicó el cierre de los negocios restauranteros. En muchos de los casos de manera permanente, poniendo en peligro el sustento de miles de familias de trabajadoras.

Miércoles 13 de enero de 2021

Si han visitado el Centro Histórico de la CDMX, seguramente conocen el café La Pagoda, un restaurante clásico abierto desde la década de los años 20’ con diferentes nombres y dueños. Fue en la década de los 90’que adquirió el nombre por el que se conocería ampliamente, La Pagoda. Rápidamente se convirtió en un favorito tanto de turistas como de locales debido a sus precios accesibles y porciones generosas.

El lunes, por medio de sus redes sociales y su sitio web, anunciaron el cierre indefinido de sus puertas. El regreso al semáforo rojo implicó de nuevo el cierre de restaurantes, esto sumado al bloqueo de accesos a las calles del primer cuadro del Centro Histórico, donde se encuentra La Pagoda, han llevado a la decisión del cierre indefinido.

En su comunicado la empresa explica que su principal motivación para tomar esa medida fue salvaguardar la salud del equipo de trabajadores que laboran allí y que si bien cerrar en estos momentos podría ser “un tiro de gracia” confían que en cuanto puedan abrir de nuevo contarán con el apoyo de todos los clientes.

#Abrimos o morimos

El cierre del emblemático restaurante se da en medio del movimiento de los restauranteros #Abrimos o morimos. El lunes 11 se realizó un cacerolazo de protesta para pedir la reapertura de los restaurantes argumentando que de mantener el cierre de consumo en el lugar, se perderán miles de empleos. Hasta el momento han cerrado de manera permanente 10 mil negocios y ante las medidas tomadas en un intento tardío por contener la pandemia, se prevé que cierren muchos más.

Las protestas están encabezadas por los restauranteros argumentando que son responsables de mantener los empleos de sus trabajadores. Sin embargo, el sector de servicio es uno de los más precarizados. La mayoría de los trabajadores tienen jornadas laborales excesivas e irregulares, las prestaciones como seguro social y aguinaldo son prácticamente inexistentes. Los meseros suelen ganar el sueldo mínimo y el resto de su ingreso se complementa con las propinas dejadas por los clientes. El sistema de repartición de propinas tampoco es claro, pues en muchos lugares son distribuidas por los dueños de los negocios sin hacer partícipes del proceso a los empleados.

A pesar de las prohibiciones de apertura para el consumo en el lugar, muchos negocios abrieron sus puertas para recibir clientes, sin que haya mucho apuro por parte de las autoridades para sancionarlos.

#AbrimosOMorimos: restauranteros en rebeldía

Las contradicciones de la 4T

Desde que se anunció la implementación de la “nueva normalidad” la apertura de los restaurantes ha generado debate, ya que a pesar de implementar medidas sanitarias como la toma de temperatura antes de ingresar, el uso de gel anti bacterial y la distancia entre las mesas, son lugares en donde se retira el cubre bocas para comer y se queda completamente expuesto a los contagios. Sobre todo en espacios que normalmente son cerrados. El rápido cambio del semáforo rojo al naranja, realizado principalmente por las presiones empresariales, expone no solo a clientes de los locales sino principalmente a los trabajadores de los restaurantes que se exponen al contagio desde usando el transporte público para llegar a sus centros de trabajo, hasta el contacto recurrente con numerosas personas a lo largo de la jornada.

Es completamente contradictorio que desde el gobierno central se bombardee con recomendaciones y llamados a quedarse en casa y al mismo tiempo se abran negocios que dependen completamente del consumo presencial de los clientes.

La organización como respuesta

El discurso de los restauranteros sobre la preocupación del bienestar de sus empleados es una verdad a medias, puesto que desde momentos anteriores a la pandemia han dejado claro que siempre han antepuesto garantizar sus ganancias sobre la vida de los trabajadores. Esta pandemia recrudece las condiciones de precariedad en la que ya se encontraban los empleados de este sector.

Es necesario la organización, no de los dueños de los restaurantes, sino de los trabajadores que son quienes quedarán sin ningún sustento ante los crecientes despidos. Es necesario implementar un protocolo de emergencia que permita salvaguardar la vida de los trabajadores y que puedan resguardarse en casa sin que eso implique morir de hambre

Un programa de emergencia como el que plante el Frente Independiente Anticapitalista.

La crisis no la generamos nosotros, que la paguen los empresarios.