Rocío y Cristian fueron despedidos del restorán de Plaza Islas Malvinas, concesionado por la municipalidad, por contar las pésimas condiciones laborales a la que eran sometidos.
Jueves 28 de julio de 2016
Una realidad que viven cientos de jóvenes trabajadores en la ciudad.
Rocío tiene 30 años. Trabajó un año en el restorán de Plaza Islas Malvinas, donde bajo dos gestiones diferentes sufrió las mismas condiciones. “Empecé con la gestión de Bruera, me contrataron para moza, eran ocho horas diarias, seis días por semana, con un sueldo de $2700 promedio y en negro. Tuve que aceptar porque en ese momento estaba sin trabajo, tengo tres hijos y soy sostén de la familia”. En Rocío se refleja la situación de muchísimas jóvenes trabajadoras.
Cristian tiene 28 años, entró a trabajar en 2013 en el mismo restorán, en la barra. “De un día para el otro, sin aviso previo ni nada, me dijeron que ya no pertenecía al equipo de trabajo”, recuerda. Y agrega que “me pagaron el sueldo y nada más: ni la indemnización, ni vacaciones, ni aguinaldo, ni antigüedad. Cuando hacía dos años que yo estaba trabajando ahí”.
Ser joven y tener la necesidad de trabajar en la ciudad (como en cualquier gran urbe del país) parece ser garantía de lucro de empresarios que se manejen de forma “autónoma” o, como es este caso, lo hagan mediante negociados con el Municipio y el intendente de turno.
Dos gestiones, la misma explotación
Rocío relata cómo empeoraron las cosas a partir de que el manejo del restorán pasó a manos de un concesionario privado. “A pesar de que nos explotaban igual en lo que hace al sueldo, hasta que llegó la nueva gestión desayunábamos y comíamos en el trabajo. Cambia la gestión, viene Garro, y a partir de ahí la empieza a gestionar la empresa Segast S.A. Nos dijeron que iba a empezar a funcionar como una empresa, que ellos eran empresarios y se iban a manejar como tales. Contrataron una persona de protocolo y ceremonial y nos hicieron seguir una seria de pautas. No nos dejaban desayunar, al principio nos cobraban, después nos dijeron que nos llevemos nosotros la comida y a los días directamente nos prohibieron desayunar.
Nos obligaron a ir con ropa más formal, con zapatos y todo. Que lo teníamos que comprar nosotros porque nos daban una muda de ropa y si no nos entraba teníamos que llevar nosotros esa ropa. A las mujeres nos obligaban a ir maquilladas, no podíamos hablar, no nos dejaban ni saludarnos entre nosotras. Las mozas teníamos que estar una en cada punta del lugar y nos vigilaban las 8 horas, si no era la encargada era la de protocolo y si no el dueño” relata rocío.
“Después empezaron a echar a varios compañeros sin causa. Si no le gustaba como presentabas un plato o como te parabas te echaban”, continúa la joven trabajadora madre de tres hijos. “Encima trajeron a dos encargados nuevos, uno era un maltratador y acosador de los compañeros. Este encargado un día me comunica que el dueño le dijo que me eche, le pregunto por qué y me dice que no sabía”.
El relato de Rocío se complementa con el de Cristian. “En total echaron a ocho en esa semana. Tomaban gente nueva, nos hacían enseñarle el trabajo que había que hacer y cuando lo aprendían nos echaban. A mí me hicieron eso. El día que me echaron, llegaron un barra y dos mozos nuevos. Cuando terminó la jornada laboral nos echaron. A un compañero lo echaron a las 3 de la mañana de un viernes, nos hacían trabajar hasta el último minuto para exprimirte al máximo”.
Al que no le gusta el trabajo se puede ir
Rocío y Cristian cuentan que por ser una comisión nueva empezaron a trabajar de manera irregular con promesas de cambio que nunca llegaron. “Trabajaron desde enero hasta mayo que cayó la AFIP y al no haber ticket lo clausuraron por tres días. En uno de los días que no abrió hicieron una reunión, en la que nos pusieron al tanto de la situación, de lo que el dueño de la empresa (el concesionario) pretendía, de porque habían clausurado Malvinas, y nos mintió. Nos habló personalmente y cuando le preguntamos por el recibo de sueldo, por el aumento, todo lo que nos había prometido y le hablamos sobre cosas que estaban mal en el lugar y que ellos hacían mal también, directamente nos dijo que al que no le gustaba como hacían las cosas se podía ir, que él no tenía obligación de haber abierto el lugar, y que si quería lo cerraba y nos dejaba sin trabajo, que le teníamos que agradecer que no cerraba. “Al que no le gusta que se vaya” nos dijo, no haciéndose cargo de las cosas básicas del trabajador. Después nos prometió que nos iba a aumentar, que le diéramos tiempo, que él era una persona que le gustaba trabajar bien, correctamente”.
“Vos decí que trabajas 3 horas y que empezaste ayer, después yo te explico…”
“con eso que nos dijo al otro día abrió y nosotros fuimos a trabajar” explica Cristian. “Y el mismo día que abre de nuevo cayó de vuelta la AFIP a controlar si ya estaba todo en regla (lo de los tickets). En ese momento una de las chicas de la AFIP me preguntó a mí personalmente si estábamos en blanco, yo le dije que no, que estábamos todos en negro. Al rato vino más gente de la AFIP a tomarnos los datos.
Estaba el gerente y se puso como loco. El gerente nos empieza a agarrar a uno por uno y nos dice que digamos que trabajábamos tres horas y que ese era nuestro primer día de trabajo. O sea que perdíamos la antigüedad y cualquier derecho de reclamar algo. Entonces cuando yo fui a dar los datos dije la verdad, que estaba hace dos años y trabajaba 8hs, y le dije que el gerente me pidió que mienta. Los de la AFIP anotaron todo los que les dije y por ese motivo me echaron. Me lo dijo así: yo una vez te pedí un favor y vos me fallaste. En realidad no le falle, solo dije la verdad. Me trato como un boludo, porque si mentía perdía todo lo que había trabajado. O sea quería que mienta para favorecerlo a él y perjudicarme a mí mismo” relata indignado.
“A los que dijimos la verdad nos echaron y los que quedaron perdieron la antigüedad y todo, porque quedaron como que recién entraban a trabajar. Ahora están trabajando con menos personal la misma cantidad de tiempo”, agrega el joven trabajador
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Gastronómicos, nicho de explotación y precarización laboral
Estas empresas se manejan así, inescrupulosamente, porque el Municipio y todos los órganos de control se lo permiten.
Jóvenes como rocío y Cristian se animaron a contar su historia y denunciarlo, pero hay millones de jóvenes que viven las mismas condiciones laborales.
“Contratan estudiantes o gente que necesita muchísimo el laburo para tenerlos trabajando de esa manera”, sentencia rocío. Y mirándolo más en general agrega que “El sector de gastronomía en la ciudad se maneja así, te explotan por dos mangos. Encima es la Municipalidad la que hace esto. ¿Qué se puede esperar de los privados si el estado garantiza la precarización?“, se pregunta Rocío. Y reflexiona “Peor porque no te respalda nadie, si le haces juicio queda en la nada porque todo se resuelve en la Municipalidad, entonces pueden hacerte lo que quieran. Yo no puedo tener a mis hijos a upa, no puedo caminar más de diez cuadras seguidas por la pierna, así quede por los ritmos de laburo. Y no tenés cobertura, obra social, nada” cierra la joven de 30 años de edad.
“La Municipalidad le dio a estos empresarios le concesión del restorán de Malvinas, del pasaje dardo rocha y de la terminal. El intendente sabe de esto porque iba siempre al restorán, es un tipo que puso él, y tienen una relación muy cercana, son amigos, en la página de facebook tienen muchas fotos juntos. Así que sabe en qué condiciones estamos porque en los tres lugares se cobra lo mismo y los que trabajan ahí están en negro o precarizados” finaliza Cristian.