Pese a la advertencia de miles de docentes sobre las carencias en las familias de nuestros alumnos y las dificultades por la pandemia, se mantuvo el ciclo escolar. Ahora que es momento de evaluar nos piden tomar en cuenta esas condiciones para aprobar a todos los alumnos. Con esta simulación, dirán que aumentó el aprovechamiento escolar.
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Viernes 5 de junio de 2020
La pandemia llegó a México a fines de febrero; casi un mes después, se suspendieron las actividades en las escuelas de educación pública.
La alternativa de las autoridades escolares fue mantener el ciclo escolar a distancia, primero con medidas improvisadas en cada escuela y a la medida de las exigencias -y ocurrencias- de cada director.
Después del 20 de abril comenzó el programa “Aprende en casa”. Las críticas de los docentes -que sí conocen las condiciones de vida de sus alumnos- no se hicieron esperar, por las múltiples carencias: “no tienen computadora”, “hay alumnos que no tienen internet”, “en mi comunidad ni siquiera hay luz”.
Como muchos, las maestras y los maestros de la Agrupación Nuestra Clase denunciamos lo alejado de la realidad que estaba este programa en un país en el que 43 % de la población no cuenta con acceso a internet y más de la mitad no cuenta con equipo de cómputo. A lo que se sumaron los problemas que la propia crisis sanitaria trajo: despidos, mayores carencias, enfermos y decesos en casa, entre otros.
Desde hace dos meses señalamos que era necesario considerar las condiciones de los alumnos, que esta simulación no garantizaría un aprendizaje significativo y que además se convertiría en un factor de estrés para las familias que enfrentaban ya una situación difícil. La respuesta de los siempre obedientes directivos fue la misma: hagamos “lo que nos toca hacer”, por no decir “lo que nos ordenaron hacer”.
Bajo estas condiciones, miles de maestras y maestros adhirieron a una petición impulsada por la Agrupación Nuestra Clase a favor de la conclusión del ciclo escolar, en la que denunciamos además el hostigamiento y la sobrecarga de trabajo que significó para muchxs docentes la “educación a distancia”.
¿Evaluación “humanista”?
Sin embargo, una vez más los docentes no fuimos escuchados. Ahora que de acuerdo con la nueva calendarización definida arbitrariamente por la SEP deben registrarse calificaciones, en la mayoría de las escuelas -con el argumento de “tomar en cuenta a los alumnos y sus condiciones” (¡lo que demandamos hace 2 meses!)- los directivos exigen a los docentes aprobar a todos los alumnos automáticamente y en muchos casos con altas calificaciones.
Desde luego, no estamos en contra de la aprobación automática en estas condiciones. Sin embargo, nos damos cuenta que a las autoridades educativas el aprendizaje y la vida de nuestros alumnos no les importan en absoluto, lo único que les interesa es rendir cuentas “excelentes” a los empresarios y a la OCDE... aunque sean simuladas.
Llena de rabia prever (porque sí, se han vuelto previsibles) que a costa del rezago de millones de alumnos, del estrés en las familias y del acoso laboral que vivimos estos meses lxs docentes, con toda esta simulación, mañana saldrán a decir que pese a la pandemia el programa “Aprende en casa” fue todo un éxito, que los resilientes alumnos mexicanos mejoraron su aprovechamiento y agregarán: ¡Gracias a todo el esfuerzo de los docentes! Porque ya saben, ahora la fórmula de los funcionarios de la SEP es embellecer sus medidas autoritarias con el discurso de la “redignificación docente”.
Los maestros y maestras de Nuestra Clase creemos que esta pandemia reafirmó la necesidad de organizarnos contra los ataques a la educación pública y para conquistar escuelas dignas, a la altura de lo que merecen las hijas e hijos de nuestro pueblo. Les invitamos a conocer nuestras ideas en Facebook. ¡Contáctanos, seamos miles!