Los vaivenes de la política nacional han hecho que el principal tema de discusión estas últimas semanas se mantenga en las esferas del caso PENTA. Con sus cuestionados parlamentarios y una clase empresarial que ha gozado de impunidad durante décadas han mostrado a todo el país que la colusión, el robo y la usura de la cual desde la izquierda denunciábamos como un secreto a viva voz, era cierta. El secreto de los empresarios y sus partidos no era un invento y después de todo, las instituciones del régimen en Chile los amparaban.
Miércoles 1ro de abril de 2015
Con fecha de caducidad las instituciones funcionan
El gobierno en medio de esta crisis política, en la cual está directamente involucrado, con Sebastián Dávalos hijo de Bachelet en el ojo del huracán, ha mantenido la línea de paños fríos a la situación; la salud de los enfermos que piden calma, nos llaman a tener confianza en las instituciones, con un Consejo Asesor Presidencial que no logra detener las criticas profundas, abiertas y subterráneas a lo que ha mostrado este episodio del nuevo ciclo político abierto en nuestro país.
Es difícil defender el régimen mientras de todos lados aparecen coletazos, el SII contra la fiscalía nacional, los parlamentarios contra la Comisión Asesora Presidencial, los empresarios catalogan de un "un cacho" tener que financiar a políticos a menos que se quiera sacar provecho de las leyes, la UDI en constante picada. De conjunto los responsables de ambos sectores, derecha y Nueva Mayoría, sus caras renovadas y los históricos, se muestran anacrónicos a la hora de proponer una salida ante los cuestionamientos al régimen que nos legaron de la dictadura. La respuesta no está por parte de quienes se beneficiaron con el modelo, así parece ser para los estudiantes, trabajadores y para las revueltas regionales que no han cesado desde el 2011. Las instituciones funcionan con fecha de caducidad, esta es la conclusión implícita del debate político de estas últimas semanas.
El gobierno, los partidos y la crisis política
La crisis política, de sus figuras y de su engranaje ha sido abiertamente anunciada por los columnistas y analistas de diferentes medios. Es transversal que algo muy profundo está recorriendo la vieja y añeja forma de hacer política en Chile. En este escenario vimos a la ex Concertación cambiándose el nombre integrando al Partido Comunista para intentar, hay que decirlo, usurpar las demandas planteadas en las calles con un desplazamiento moderado hacia la izquierda. Pero más allá de esa carta de presentación, de renovación política y de nueva coalición, todo pareciese haber quedado truncado por los últimos episodios en donde lo añejo de la vieja política al servicio de los empresarios se ha mostrado con nombre y apellido en los pasillos de los tribunales.
Que los empresarios compran sus escaños en el parlamento deja de ser consigna de propaganda de la izquierda y pasa a ser una realidad que salpica a todos los partidos del régimen heredado y diseñado por la dictadura. Yendo más allá de sus intentos de renovación.
Terminar con una constitución inválida no podrá realizarse con medidas técnicas
Es a ese régimen, que las mesas de “expertos” propuestas por el gobierno no dan una salida. Al malestar con la educación, el código laboral, las condiciones de salud y vivienda, en fin, con el ordenamiento de las instituciones del régimen. A estas complejas aristas el programa de Bachelet no da una salida al proponer una mesa técnica para el cambio constitucional. Una mesa técnica es lo que hemos tenido durante 20 años, los técnicos en economía que privatizaron todos los servicios básicos, los técnicos en la política que impusieron el binominal, los expertos del sector privado que se coludieron en el caso PENTA, de eso hay múltiples señales que muestran que estamos cansados. Tuvimos la razón, la calle, los estudiantes y trabajadores que han salido a luchar, en este punto tuvimos la razón.
Asamblea Constituyente hecha por quienes abrimos el nuevo ciclo político en Chile
Para la izquierda este debate no puede pasar desapercibido. Es justamente el problema del momento. Desde distintas esferas de la política, tradicional o extra parlamentaria se han venido levantando las pancartas que claman la urgencia de una Asamblea Constituyente. Es sin duda la discusión implícita que la agenda PENTA a impuesto. ¿Pero qué tipo de Asamblea Constituyente levantar?
Necesitamos una Asamblea Constituyente que no esté a la medida de quienes privatizaron el país y que hoy están en la palestra por ser además culpables de evadir impuestos, colusión y cohecho. A ellos no podemos confiarles algo de esta envergadura. Sería preciso pensar que es justamente a los del otro bando, a los que nos toca construir esta tarea. Los trabajadores, los estudiantes, el movimiento feminista y de la diversidad sexual, a los pueblos originarios. A todos ellos a quienes el sistema se nos negó y que fuimos a nuestro propio criterio quienes iniciamos un nuevo ciclo político en nuestro país. Y lo hicimos en las calles.
Necesitamos una Asamblea Constituyente para todos nosotros, en donde podamos discutir de todo, no solo lo que le conviene a la casta política. Que podamos discutir desde educación, salud, vivienda hasta la propiedad de nuestros recursos naturales. En este camino debemos saber que la misma clase empresarial que compraba hasta hoy sus escaños en el parlamento buscara limitar y oponerse férreamente a todo cambio. Nuestro campo de maniobra política no está en sus salones, está en la calle, en nuestro trabajo, en la lucha que hemos venido forjando. A esta situación las propuestas de plebiscito constitucional impulsado por “Revolución Democrática” o el PRO de Marco Enriquez Ominami (MEO), no dan una respuesta, son más bien, versiones moderadas dentro del marco de lo existente de un descontento bastante más profundo. Hay otra alternativa y se viene forjando silenciosamente en cada huelga, en cada marcha y en las cabezas de una nueva generación de trabajadores que se cansó de agachar la cabeza. Los organismos como la CUT o la CONFECH deberían plantear una política activa sobre este tema y la izquierda debe ponerse urgentemente en movimiento. Hay que ganarles la bandera, no vaya a ser que la casta PENTA nos plantee una asamblea constituyente con boletas ideológicamente falsas y colusión con los empresarios, por sus últimas prácticas, no sería nada raro.

Alejandra Valderrama
Redacción La Izquierda Diario Chile. Valparaíso, Chile