El texto constitucional aprobado por el Congreso de la Unión menciona el concepto “excelencia” educativa como directriz, pero ¿qué significa este concepto y cómo se relaciona con el anterior de “calidad”? ¿Por qué las y los profesores debemos negarnos a educar bajo la bandera de la calidad y la excelencia?
Javier Méndez Prof. de Historia, Agrupación Nuestra Clase
Lunes 13 de mayo de 2019
Ambos conceptos pueden ser googleados para encontrar un abanico de significados, pero a decir de los críticos de este parámetro, normalmente usado en las empresas y sus “círculos motivacionales”, se inserta en el mundo educativo prácticamente sin ningún cambio. La calidad y la excelencia son definiciones del marketing y la industria para separar al producto “de calidad” del defectuoso.
Calidad y excelencia: del neofordismo a las aulas
Primero, la “calidad” hace referencia al “conjunto de propiedades de un objeto que permiten valorarlo con respecto a los demás de su especie”, y también a la “superioridad o excelencia de algo o de alguien”, es decir, no todos los objetos que se producen pueden ser de calidad.
Por ejemplo, en la fabricación de un tornillo, de una pieza de queso o del fuselaje de un avión todos tienen que cumplir una serie de “estándares de calidad” en su fabricación para poder “competir” con el resto en el mercado.
En este mismo sentido está pensado el concepto “excelencia”, en cuya definición de diccionario podemos encontrar que se refiere a “superior calidad o bondad que hace digna de aprecio y estima una cosa o a una persona”. Si bien las principales críticas al concepto de calidad estaban puestas en que este se atribuía a los objetos, ahora la reforma de AMLO hace un “ajuste epistémico” en el concepto empresarial para trasladarlo al sujeto educativo.
En una empresa que se dice “competitiva”, se puede decir que cuenta con empleados de “excelencia” porque estos cumplen con los “estándares de calidad” para poder disputarse un lugar en el mercado.
Esta misma lógica busca meterse en las escuelas: un alumno o un profesor “de excelencia” es aquel que mediante el “mérito individual” cumple con los “estándares de calidad” o los “parámetros e indicadores” impuestos desde la institución, reduciendo cualquier iniciativa e interés auténtico por enseñar o aprender a sólo “cumplir”; entregar trabajos, proyectos, cursos, talleres etc. Es decir, hacer mucho y pensar poco.
Calidad y excelencia en la Educación de la 4T
En este sentido, la reforma educativa que propone AMLO lo que hace es profundizar la lógica mercantil de la educación desde estos principios. La calidad y la excelencia son dos pilares que sostienen a la educación que nos enseña a ser máquinas al servicio del capital y no seres humanos.
La educación, como esta marcado en la reforma de López Obrador, “será de excelencia entendida como el mejoramiento integral constante que promueve el máximo logro de aprendizaje de los educandos para el desarrollo de su pensamiento crítico y el fortalecimiento de los lazos entre escuelas y comunidad”.
En el texto constitucional se le trata de dar un carácter “progresista” porque incorpora la cuestión de la “crítica” en la forma de pensar; sin embargo, a decir de especialistas, como Mauro Jarquín Ramírez, del Seminario de Perspectivas Críticas, la génesis de esta visión educativa proviene de la Guerra Fría, con Reagan a la cabeza de crear la Comisión Nacional de Excelencia Educativa en los años 80, como táctica de combate ideológico contra la URSS, pero también al interior del país, para abonar desde la educación a la precarización laboral y al férreo control del magisterio norteamericano.
Hace algunas semanas, el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) realizó el “Foro Académico: iniciativa de reforma educativa, voces de la investigación”, donde participaron especialistas, quienes plantearon sus visiones sobre los elementos de continuidad de esta reforma con la anterior. Tal fue la ponencia del Dr. Hugo Aboites, quien sobre el tema de la calidad y la excelencia plantea que “la excelencia [educativa] es como la calidad recargada donde se ve a la escuela, no como formadora y constructora del conocimiento, sino como una industria de la impartición de conocimientos.
En este mismo foro destacó la ponencia de Sebastián Plá, doctor en Pedagogía, quien asegura que “la excelencia educativa es un proyecto civilizador, de clase, donde se convierte en una aspiración para la masas populares ser de excelencia, construida a partir de un modelo de perfección que proviene del hombre blanco, burgués y occidental”.
La ideología representada en la aspiración a la excelencia constituye entonces un mecanismo de colonización ideológica al servicio de la sociedad capitalista, es decir, de la competencia.
Desde la Agrupación Nuestra Clase te invitamos a dar tu opinión. En breve realizaremos foros virtuales donde podamos debatir entre docentes, estudiantes y trabajadores que tipo de educación necesitamos para lxs hijxs de pueblo trabajador.
Nueva reforma educativa contra el magisterio y la educación pública
Nueva reforma educativa contra el magisterio y la educación pública