Encuestas internacionales posicionan a Chile como el segundo país que más ha empeorado en términos de salud mental. La pandemia trajo consigo una agudización de la crisis en salud mental, demostrada en el constante empeoramiento de la calidad de vida de la clase trabajadora y las grandes mayorías, y con un sistema de salud que no pone por delante realmente la salud por sobre las ganancias de los empresarios.

Cristobal Cartes Bernal Estudiante de Medicina U. de Antofagasta. Militante Vencer.
Viernes 23 de abril de 2021
Durante la semana pasada, un estudio de Ipsos reveló los resultados de una encuesta a nivel internacional, posicionando a Chile como el segundo país que más ha empeorado su salud mental durante el último tiempo. Hace más de un año que el primer caso de coronavirus se presentaba en Chile, trayendo consigo no solo una crisis sanitaria y social, sino que también una profundización a una problemática que se venía arrastrando de la última década, la crisis en salud mental.
La crisis sanitaria producto de la pandemia dejó al descubierto un sistema de salud público que se venía cayendo a pedazos. Pero con el paso de los meses, no solo se demostró que faltaban y que siguen faltando camas críticas, ventiladores mecánicos e insumos básicos en general, sino que faltaba también un aspecto fundamental en las y los trabajadores, en la primera línea de la salud, en los pacientes de tercera edad, en mujeres, jóvenes e incluso niños y niñas: la salud mental.
Históricamente se ha visto que la salud mental en el Sistema público de salud en Chile no ha sido tema de gran relevancia, siempre se ha dejado de lado, incluso en los presupuestos en salud, donde las unidades de salud mental y psiquiatría siempre son las que menores aportes de recursos reciben. Mientras las grandes mayorías no cuentan con un correcto y oportuno acceso a la salud mental en centros públicos, las comunas más adineradas pueden costear el lujo de una salud privada en clínicas, sin tener que esperar meses en ser atendidos, por ejemplo.
Según un estudio de la Universidad de Chile, tan solo un 38,5% de las personas con enfermedades y/o trastornos mentales recibe atención. Además según especialistas del área de la salud, debido a las medidas sanitarias que restringen a la población como las cuarentenas, si bien, en términos sanitarios disminuyen la movilidad y propagación del virus, estás medidas a largo plazo, como, por ejemplo, meses de encierro y de aislamiento social claramente pueden provocar una alza en trastornos anímicos de las personas, agudizando trastornos anímicos, de estrés, ansiedad y depresión.
Y es que justamente se ha percibido en los últimos meses un aumento significativo en trastornos de tipo anímicos, ansiosos y de eventos postraumáticos, como incluso lo puede desencadenar familiares que han perdido a un ser querido (como millones de familias en el mundo) a causa del coronavirus.
En tiempos de pandemia, la realidad de la salud mental en un Chile que tiene un Sistema de Salud por el suelo se agudiza aún más. Aumentan las consultas asociadas a salud mental, por ende, aumentan las prescripciones y el consumo de medicamentos de tipo antidepresivos, los cuales son los más utilizados por la población, pero esto disminuye la disponibilidad de estos medicamentos, incluso provocando agotamiento de estos medicamentos. A raíz de esto, muchos usuarios y pacientes se han quedado sin su tratamiento, causando mayores exacerbaciones y descuidos en su plan de tratamiento. Pero también se ha visto que, producto del colapso hospitalario, se ha descontinuado las atenciones de pacientes con enfermedades que requieren cuidados constantes, además de controles periódicos, como lo es la demencia, en especial en adultos mayores, que tienen una incidencia a esta condición mucho mayor en comparación a la población en general.
Sin embargo, la salud mental no solo viene siendo un tema del qué hablar desde el inicio de la pandemia, sino que desde mucho antes, lo cual nos debe hacer reflexionar en ciertos problemas tales como, la calidad de vida que las grandes mayorías tienen, el tiempo que las y los trabajadores gastan en sus lugares de trabajo versus el tiempo que dedican a sus familias o al ocio, la precarización del trabajo en especial hacia mujeres y a la juventud, un sistema educacional que pone por delante las ganancias del mercado de la educación por sobre el bienestar de miles de estudiantes universitarios y secundarios. La carga que deben tener miles de familias al no tener qué comer para fin de mes, sueldos miserables que no alcanzan ni para la canasta básica. Todos estos son problemas que este sistema capitalista nos arroja, con el único fin de producir más riqueza para un puñado de empresarios dueños del país.
La crisis en salud mental es un problema cada vez más latente, urgencias asociadas a trastornos anímicos y mentales van en aumento y lo que es peor, las tasas de suicidio no paran de subir, en especial en la juventud. Es necesario tomarle un peso real a esta crisis que la pandemia viene solamente a agudizar. Es por ello que se requieren medidas como el aumento del presupuesto de salud mental en todos los centros y hospitales de atención, habilitación de más centros de salud mental dirigidos para la atención de cualquiera que lo necesite, además de la atención oportuna y efectiva. Para ello es fundamental la contratación de personal capacitado para llevar a cabo las terapias necesarias. No basta con un tratamiento farmacológico, es necesario un plan de terapias psicológicas, para ello se requiere la contratación de una cantidad de profesionales acorde al número de pacientes, profesionales como psicólogos y psiquiatras.
Pero estas medidas no solo deben llevarse a cabo en el sistema de salud, cada lugar de trabajo y estudio debe contar con personal necesario para la ayuda y atención a todo el que lo necesite, la salud mental también es una urgencia, al igual que cualquier otra enfermedad que altere nuestro bienestar.
Finalmente, si queremos restaurar la salud mental, es muy importante tener presente que mientras el sistema capitalista siga de pie, nuestras vidas seguirán siendo oprimidas. Para tener una vida que merezca ser vivida, libre de opresión y explotación, sin tener que preocuparnos de la salud mental que este sistema nos destruye, es necesario que las y los trabajadores, los oprimidos se alcen y se dispongan a ponerle fin a este sistema y conquistar una nueva sociedad a favor de las grandes mayorías.