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OPINIÓN. La cuarentena se agrieta

Reproducimos texto de opinión elaborado por un psicologo de Buenos Aires, Patricio Leone.

Patricio Leone Lic. en Psicología y docente - Director de Diafos y creador del grupo "Psicólogas y Psicólogos en Argentina"

Lunes 20 de abril de 2020 19:23

La cuarentena se agrieta. Comienza a gotear. Los sectores populares, devastados por el encierro sin ingresos y sin contención, se aventuran cada vez más a salir. Se entiende. El Coronavirus es una posibilidad. El hambre y la miseria son una certeza. Miles han quedado sin ingresos. 45000 despidos, contabilizados. Pero otros, muchísimos más, los invisibles, los que hacen la diaria, escuchan con espanto el aullido del hambre en sus panzas y en las de sus hijos.

  •  ¿Adónde vas? - pregunta el periodista en una parada de colectivos de Constitución
  •  A vender ropa interior - responde una chica
  •  ¡Pero esa actividad no está exceptuada! - se indignan periodistas, invitados y panelistas en el piso, todos con la panza llena. El movilero escucha y reproduce:
  •  Pero esa actividad no está exceptuada - le dice a la chica. - ¿Tenés un permiso?
  •  No - le responde la chica con honestidad brutal. - Pero ya no tengo plata para comer y pagar las cuentas.
    Sólo uno de los periodistas le da la derecha. El resto está indignado. Furiosos. Ellos, los que cobran sus jugosos salarios, más algún sobre, y tienen ahorros para tirar un tiempo. Todos los que opinan en los medios están cubiertos en su economía y no pueden o no quieren contemplar la penosa realidad de aquellos que no lo están. Cero empatía con los desesperados.

    "Hay que aplanar la curva", dicen los especialistas. Mientras, la curva de la indigencia, la pobreza, el hambre, la miseria, y la desesperación, siguen en alza exponencial. "De la economía se vuelve, de la muerte no", argumenta falaz el presidente, inundada su cabeza de filminas sin alma. La falacia del falso dilema en su máxima expresión. "La vida primero. La economía después" funciona... sólo si tu economía está bien.

    47000 detenidos. Hay miles de pelot*udos en esa cifra, es cierto. Pero habrá miles que son como la chica entrevistada. Los aplausos de las 21 son cada vez más débiles y cortos. Las encuestas marcan como se va limando el apoyo al encierro y al aislamiento. La obligatoriedad del uso del barbijo sin reparto de barbijos, un negocio redondo para varios, ayuda bastante poco.

    Los padecimientos psíquicos han aumentado brutalmente. El consumo de psicofármacos y sustancias también. Empastillarse o alcoholizarse para seguir. Los vínculos se desgastan, sometidos a una inmensa presión. Femicidios y violencia doméstica presentan números escalofriantes. Todos los indicadores sociales piden a gritos el fin de la cuarentena, o una sólida y eficaz contención del Estado. Cuarentena sin contención es un crimen social.

    Por supuesto, mis condolencias para familiares y allegados de los fallecidos por el COVID-19. Y mi solidaridad con los infectados. No tengo que aclararlo pero, como decía mi Cuñado, "Los bol*dos son como las hormigas. Todos los días mueren miles y miles, pero siempre alguno queda". Y agrego yo: insultan en las redes.

    El presidente triplicó la cantidad de gendarmes en el Conurbano. Ayer, se desactivó sobre la hora un piquete. Los rumores se intensifican. La extensión de la cuarentena sólo podrá cumplirse con una escalada represiva de magnitud. El relato ya no alcanza. Presentar como épico un vuelo de ida y vuelta a China suena algo bizarro. Imagino que hasta los pilotos deben reirse de su "hazaña". Seguir culpando al canalla de Macri tampoco aporta demasiado. Cambiemos nos destrozó, es cierto, pero ahora hay que hacerse cargo. Discutir quien tiene la culpa, en la cubierta del Titanic, parece la estrategia de aquel que no sabe hacia dónde correr para evitar el naufragio.

    Estamos en un punto de inflexión. Restan 10 días para el fin de la cuarentena. Su prolongación suena hoy como peligrosa, cruel y absurda. Y falta más. La salida de la cuarentena y de la crisis del Coronavirus va a ser dramática. Un escenario de tierra arrasada, con una economía devastada, y millones en la ruina. Muchos de ellos, insospechados.

    "A grandes males, grandes remedios", decían las abuelas. Habrá que ver hasta dónde llega la voluntad de un gobierno más preocupado por el default que por garantizar vacunas antigripales para los Viejos. "Esperar y ver", como decía Lenin.

    Qué tengan un lindo día.
    Respeten la cuarentena, extremen las medidas de prevención, y usen el barbijo.