El gobierno de Cristina llega con los dólares justos hasta el 10 de diciembre. Los planes de los candidatos para encarar la cuestión del dólar ya desde antes de ganar.
Esteban Mercatante @EMercatante
Jueves 12 de noviembre de 2015
Que la cuestión del dólar será la primera a la que deberá enfrentarse quien llegue a la Casa Rosada, está determinado por el hecho de que el gobierno de Cristina Fernández dejará el poder con un Banco Central (BCRA) exhausto en su disponibilidad de dólares. Como si hubiera resultado de un cálculo milimétrico, el gobierno llegará con lo justo para no enfrentar turbulencias antes del 10 de diciembre, pero ni un poco más. En este momento, el conteo oficial dice que en las arcas del BCRA hay poco más de 26 mil millones de dólares. Pero acá se incluyen montos que no estarían disponibles para seguir vendiendo dólares al ritmo que lo viene haciendo la autoridad monetaria para satisfacer la demanda de los ahorristas y entregar algo a la industria, además de continuar realizando pagos de deuda. Si restamos los 11 mil millones de dólares del swap con China, que si se utilizaran efectivamente (lo que requiere autorización de China, y tiene además un gravoso costo de 8 % anual) los encajes de los depósitos en dólares (9 mil millones), y si además agregamos a la cuenta como hacen la mayor parte de los analistas los pasivos que tienen los importadores por mercadería ya ingresada que no pudo pagarse porque el BCRA no entregó los dólares, y la plata que el gobierno transfirió para pagar los bonos bloqueados por Griesa, los dólares utilizables a virtualmente cero. Con una sangría diaria de millones de dólares en ahorro, literalmente el gobierno llega con lo justo. Para lograrlo, apeló entre otras cosas a las recetas ortodoxas ampliamente criticadas en los discursos como recrear una bicicleta financiera para contener parcialmente la salida de dólares.
Conseguir dólares para mover el dólar
La promesa de liberación del cepo inmediata de Macri, o la propuesta de ir ajustando gradualmente el tipo de cambio que realizaron los asesores de Scioli como Miguel Bien, requieren lo mismo: dólares para atravesar las turbulencias. Para quienes es tabú afectar el verdadero monopolio privado del comercio exterior que existe hoy día, donde las cerealeras y algunas pocas empresas más (30 en total) concentran los dólares de exportaciones del país, y que tampoco se proponen la conformación de una banca estatal única mediante la nacionalización de todas las entidades, única forma de cortar definitivamente con las maniobras de fuga y centralizar los depósitos y el crédito, acceder a dólares a través del mercado de crédito, o de la “seducción” a quienes tienen en sus manos dólares para vender, es precondición de cualquier decisión de cambiar el tipo de cambio. Miguel Bein observó sobre las propuestas de Alfonso Prat Gay de levantar el cepo inmediatamente, que esto requeriría disponer de nada menos que 40 mil millones de dólares. Buena parte de verdad hay en este planteo, pero su plan también requiere, como ha dicho eufemísticamente el asesor estrella de Scioli, una “recapitalización” del BCRA. Recordemos que en enero de 2014, después de haber devaluado (devaluando “sólo” 23 %, menos del ajuste cambiario que se discute ahora), el gobierno siguió teniendo que vender dólares para estabilizar la moneda, además de recurrir a otros ardides que para el próximo gobierno no estarán disponibles como obligar a los bancos a vender una parte de sus tenencias en dólares. Por eso, quien reemplace a Kicillof tendrá que conseguir un colchón de más dólares para “bancar” la tensión cambiaria que sigue a cualquier movimiento fuerte de la paridad. Si no cuentan con esto, existe el riesgo de “overshooting”, es decir que aunque el plan se pasar a un dólar de 14 o 15 pesos, la especulación empuje un tipo de cambio más alto y el Central no tenga poder de fuego para responder. Devaluar y conseguir dólares son dos cosas que se condicionan mutuamente.
No sorprende entonces que tanto Macri como Scioli estén anticipando un giro de 180 grados en la política hacia las patronales agrarias, bajando retenciones para todos los granos, incluyendo el “yuyito” estrella, la soja, otro clavo más en el féretro del relato para los kirchneristas que “bancan” a Scioli. Es que ahí se encontrarían nada menos que 13 mil millones de dólares por granos no liquidados, que con este cambio podrían pasar en lo inmediato de las silobolsas al BCRA.
Pero esto no alcanza, por eso, Scioli mira hacia el país vecino, y hacia Rusia, buscando obtener la promesa de nuevos canjes de divisas, mientras que en el ámbito macrista circula desde la posibilidad de negociar un crédito puente con el FMI o con bancos privados. Bein también se ilusiona con un nuevo blanqueo de capitales, a pesar del patente fracaso del intentado por el kirchnerismo. En un caso como en el otro, se trata de crear un puente hasta que las nuevas “señales” de precios (es decir la devaluación sostenida con este apoyo) incentiven la entrada de dólares de la soja e incluso el retorno de algunos dólares fugados.
Bienvenido mister buitre
La ingeniería para pasar el verano es apenas una parte de los planes de que se vienen. El número al que todos los aspirantes a ministros dan la mayor importancia es al mágico 11 %, que es la deuda en dólares que tiene el país con acreedores privados, medida como porcentaje del PBI. Ese nivel (que es sólo una parte de la deuda total, que hoy está mayormente en pesos y es intrasector público), habilita las ilusiones con la posibilidad de pasar del muy publicitado “desendeudamiento”, que fue sobre todo conversión de deuda externa en deuda interna, al reendeudamiento. Oscilación que se repite una y otra vez en la historia argentina, y siempre termina mal eventualmente. Pero en el medio puede habilitar grandes negocios, que es lo que importa a los funcionarios y al empresariado que espera participar del festín.
La agenda para esto requiere sin embargo apurar el trámite de los buitres, que siguen engordando en el juzgado de Griesa por los “me too”, es decir otros acreedores con títulos en default que se incorporan a la sentencia (hoy son 8 mil millones de dólares lo que Griesa ordenó pagar).
La regularización de lo de Griesa, más la probable papelización de algunos pasivos encubiertos que deja el kirchnerismo como la deuda de los importadores, aseguran un rápido crecimiento de la deuda. Pero esto es sólo el preámbulo del festival de bonos que proyectan los asesores económicos de los dos candidatos que se disputarán este 22N. Como plantea Claudio Katz en Ideas de Izquierda 24, otra condición de cualquier endeudamiento masivo es el “reordenamiento” de las cuentas fiscales, es decir un ajuste, que tendrá a los trabajadores del sector público y los subsidios a los servicios públicos como sus principales destinatarios.
3 en 1
Devaluación, endeudamiento y ajuste, es un combo del que sólo podemos esperar que cambien (muy relativamente) las dosis según se imponga uno u otro el 22N. Su necesidad es una herencia de la administración kirchnerista, cuya inclinación de “pagador serial” hasta el último dólar, y la incapacidad de cuestionar los condicionamientos de la Argentina dependiente y semicolonial que comparte con sus sucesor sea este quien sea, hicieron esta perspectiva inevitable.
Sólo un programa que se proponga atacar de raíz la sangría que impone el saqueo imperialista y el vaciamiento de la burguesía, imponiendo el monopolio estatal del comercio exterior, la conformación de una banca estatal única controlada por los trabajadores, y el no pago de la deuda pública, puede ofrecer una alternativa para que la crisis no la paguen los trabajadores.