El DNU fue rechazado en el Senado y se transformó en la segunda derrota política de magnitud del Gobierno de Milei. Una vez más sobre la relación entre economía y política. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que ese emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso @RossoFer
Jueves 14 de marzo de 2024 23:54

Foto: Comunicación Senado
- El mega Decreto de Necesidad y Urgencia fue contundentemente rechazado en el Senado en la tarde de este jueves (42 votos en contra y 25 votos a favor). Es la segunda derrota política de magnitud que sufre el Gobierno de Javier Milei a manos del Congreso (la anterior fue la caída de la “Ley Ómnibus” en Diputados). A estas derrotas de magnitud, hay que sumar otras resoluciones adversas que no tienen la misma relevancia, pero que son importantes como las resoluciones judiciales que trabaron el capítulo de reforma laboral del DNU u otras que suspendieron los aumentos autorizados por el Gobierno a la medicina prepaga.
- Creo que esta derrota permite tener una visión más equilibrada del escenario político en el que todo está abierto y estamos lejos de un Milei imbatible que —por le hecho de ocupar la centralidad política a fuerza de tuitearse encima todo el día— daba la imagen de avanzar sin trabas.
- Porque en el debate público parecía que asistíamos a una especie de deja vú en relación a las discusiones sobre la consistencia política del Gobierno y del proyecto libertariano. Por lo menos a mí me da la sensación de estar escuchando un eco de afirmaciones que se oyeron al comienzo de varias experiencias de gobierno en los últimos tiempos.
- Recuerdo que en los primeros años del Gobierno de Mauricio Macri y el Cambiemos original (estamos hablando de los 2015, 2016 hasta 2017) circulaban interpretaciones que decían más o menos esto: Macri logró desconectar la política de la economía porque la gente lo apoya pese a que está sufriendo un ajuste y (sobre todo en 2017 cuando ganó las elecciones legislativas) lo votan por otras razones, porque ganó una “batalla cultural” o porque logró cambiar la naturaleza de la política a través de un control de lo que piensan las personas con la utilización del big data, la nueva sabiduría del algoritmo y la comunicación a través de redes sociales. Marcos Peña (¿se acuerdan de Marcos Peña?), exjefe de Gabinete de Macri, era el cerebro de esta gran transformación, el estratega que había logrado convertir a una Macri un gran estadista del siglo XXI.
- Si uno observaba bien las razones de fondo por las cuales Macri había triunfado en 2017 encontraba que la economía había sido muy importante, que había tenido una política que algunos calificaron de “populismo financiero”, había inyectado dinero en la economía, 2017 fue el único año en el que no cayó el salario real etc. Pero, bueno, algunos preferían pensar que Macri había impuesto una “nueva hegemonía” de tipo ideológico o “cultural” en el sentido más amplio y que iba más allá de la economía. Ya sabemos como terminó la historia: jornadas de diciembre de 2017 contra la reforma previsional que demostró la imposibilidad de aplicar el plan contrarreformista de Macri, revuelta de los mercados durante todo 2018, pedido agónico de rescate al FMI y hundimiento del Gobierno que no cayó —esto hay que decirlo— porque lo sostuvieron desde afuera, le dieron gobernabilidad para “hacerlo llegar” hasta el recambio electoral.
- Frente al Gobierno de Milei se escuchan interpretaciones parecidas. Ya no se dice que “la economía no importa”, sino que, pese al ajuste, se lo banca y se lo seguirá bancando por largo tiempo. Porque, además, también “ganó la batalla comunicacional” y tienen un manejo aceitado de las redes, en este caso para sus guerras de guerrillas digitales en las que va volteando enemigos como se le canta. El “Marcos Peña” de este proyecto político es Santiago Caputo o si se quiere el rol que concentraba Marcos Peña hoy se divide en dos personas, el Caputo chico como estratega de las redes y Karina Milei como el gran cerebro, el monje negro detrás de todas las jugadas del Presidente.
- A ver, tanto en aquel momento como ahora, estas miradas contenían y contienen núcleos de verdad. La “nueva derecha” que nació con Macri se había apropiado del viejo electorado radical (de la UCR), había penetrado en ciertos sectores populares (María Eugenia Vidal gobernó la provincia de Buenos Aires) y había convencido (ante el fracaso y las inconsistencias de las experiencias “progresistas” o “nacional populares”) a un sector de la población de determinados valores vinculados al universo de ideas de la derecha.
- En el caso de Milei, radicalizó a parte de ese electorado (por el fracaso del Gobierno de Macri) y lo absorbió. Pero, además, hay un factor político que juega en esta coyuntura (a casi 100 días de administración). La consultora Escenarios (que dirigen Federico Zapata y Pablo Touzon) preguntó en una encuesta reciente sobre varios temas (sobre la caída de la Ley Ómnibus, sobre la crisis con los gobernadores) y en la mayoría de las respuestas se responsabilizaba al Gobierno de los fracasos (por ser intransigente, porque las provincias tienen razón etc.) Ahora, cuando consultaron “¿Quién cree que es responsable ante la situación económica actual?”, la respuesta fue categórica: la crisis se sigue cargando a la cuenta del Frente de Todos.
- O sea que el hándicap con el que hasta ahora cuenta Milei sigue siendo un “partidismo negativo” por el rechazo a las recetas anteriores que condujeron al país a una crisis crónica. Ahora este factor es muy endeble y precario, cambiará con el tiempo por la falta de resultados de programa que es inconsistente por donde se lo mire.
- Por eso equivocan esas lecturas en dos cuestiones: tomar esos elementos reales y darle un valor sin límites y considerar que pueden independizarse absolutamente de la economía, esto es de los resultados tangibles del programa económico de Milei.
- De esto son conscientes los gobernadores (que dicen que es necesario el ajuste, pero que lo haga el otro porque ellos saben pueden tener consecuencias gravosas) y también los senadores que les responden. Son conscientes de que es un gobierno débil, cuyas bases de sustentación son muy precarias y cuyo programa económico es insostenible en el tiempo. A ver, si fuera un gobierno fuerte (incluso como Macri cuando empezó) se subordinarían todos y todas sin problemas.
- Ojo, no son los únicos que ven esto: lo vio el Papa cuando hizo un gesto político recibiendo a Milei, lo sabe Rosatti (ministro de la Corte) cuando marca la cancha, lo sabe Victoria Villarruel que comenzó con sus movidas conspirativas (entre ellas habilitar esta sesión) y lo sabe hasta el FMI que exigió que busque sustentabilidad política para el ajuste y el programa económico y está monitoreando todos los días a ver si la logra. Que la cámara más aristocrática (el Senado) vote contra el Gobierno de esta manera no estaría siendo una señal en ese sentido.
- A su manera también lo sabe la CGT, por eso dosifica el enfrentamiento porque que una medida contundente pondría muy en crisis a este gobierno.
- Lo que está planteado es que de esta realidad, se hagan consciente las grandes mayorías que pueden imponer un plan de lucha que pueda torcer la balanza, imponer que también se rechace el DNU en Diputados (lo que implicaría su caída) y se pueda terminar con la pesadilla de este ajuste salvaje.

Fernando Rosso
Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.