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Red Internacional
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La dimisión de Espinosa de los Monteros destapa la crisis en Vox

La dimisión de Iván Espinosa de los Monteros, número dos y portavoz del grupo parlamentario de Vox, ha desencadenado una crisis interna en Vox tras los malos resultados electorales y la pugna entre las corrientes políticas del partido de extrema derecha.

Roberto Bordón

Roberto Bordón @RobertoBordon13

Viernes 11 de agosto de 2023

Iván Espinosa de los Monteros, hasta ahora número dos y portavoz del grupo parlamentario de Vox, anunció esta semana su dimisión de los cargos orgánicos de Vox y la renuncia al acta de diputado en una rueda de prensa en el Congreso afirmando hacerlo por motivos personales. Espinosa de los Monteros se mantendrá por ahora como un afiliado más de Vox. Su salida ha desencadenado una tormenta en el partido que ya venía alimentándose tras los malos resultados del pasado 23 J donde perdieron 600.000 votos y 19 escaños. Las reacciones a su decisión tanto de militantes de la formación de ultraderecha como de los medios desvelan la existencia de una lucha de poder entre distintas corrientes del partido y colocan a Jorge Buxade, vicepresidente de Acción Política y eurodiputado de Vox, como el responsable de una purga interna que ha forzado la salida de Espinosa de los Monteros.

Los resultados electorales de las pasadas elecciones generales supusieron un batacazo para Vox que tras haber obtenido amplias cuotas de poder territorial en los comicios autonómicos y municipales aspiraba a ser socio de gobierno estatal del PP. Sin embargo, la imposibilidad para el PP de formar gobierno junto con la pérdida de 19 diputados respecto a 2019 ha supuesto un jarro de agua fría para una formación que vendía a los suyos la idea de un aumento constante de los apoyos políticos desde las elecciones andaluzas de 2018.

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Sin embargo, los 33 diputados obtenidos han supuesto una derrota no sólo por la incapacidad de alcanzar el poder estatal sino porque priva a la formación de dos herramientas que ha venido utilizando como son presentar mociones de censura (requiere 35 diputados) o presentar recursos ante el Tribunal Constitucional para recurrir leyes (requiere 50 diputados). A pesar de que oficialmente Vox no ha hecho una autocrítica de los resultados, sus distintas figuras públicas o exfiguras públicas, como es el caso de Macarena Olona, sí lanzaron mensajes al respecto tras las elecciones.

La derrota aviva las tensiones internas en cualquier partido y en el caso de Vox estos resultados parecen haber sacado a la luz una pugna de poder entre las dos familias políticas que parecen habitar en la formación. Por un lado, los “liberales” de Iván Espinosa de los Monteros frente al sector de Buxade que sería “neofalangista y ultracatólico” habiendo ganado claramente este último. Buxade llevaría más de medio año ganando la batalla interna con distintos movimientos como conseguir que Ignacio Garriga fuese secretario general tras la crisis que generó Olona y que provocó la caída de Javier Ortega Smith. A esto se le sumaría el quitar de las listas electoral del 23J a perfiles como Rubén Manso, economista que hizo el primer programa económico de Vox, o a Víctor Sánchez del Real otra figura pública de dicho sector liberal. Este junto con otros movimientos habría logrado el efecto de aislar a Espinosa de los Monteros como único representante del ala “liberal” dentro del núcleo duro de la dirección, lo que suponía arrebatar cualquier poder orgánico a dicha corriente partidaria teniendo en cuenta la estructura organizativa antidemocrática de Vox donde toda decisión sale de dicho núcleo.

La salida del exportavoz supondría que dicho núcleo lo compondrían además de Abascal, Garriga y Buxade, Kiko Méndez-Monasterio que controlaría el aparato según los críticos y es junto a Gabriel Ariza los asesores en estrategia política de Abascal. El núcleo se completaría con Ignacio de Hoces, ahora diputado antes asesor del grupo parlamentario, que habría dirigido negociaciones con el PP y al que acusan de llevar a cabo la purga del ala “liberal” del equipo económico del partido.

A pesar del intento de discreción de Espinosa de los Monteros, la crisis ha estallado en Vox con algunos de los purgados como Manso publicando en los medios balances críticos con su partido y señalando con nombre y apellidos a los responsables de la debacle electoral y el giro político del partido. Para Manso, Vox ya estaría en manos de Buxade que impondría una línea política más cercana a la derecha del llamado eje de Visegrado, una familia política de la derecha europea que defiende una política económica proteccionista, una línea ultracatólica aún más reaccionaria en temas sociales, que es anti-Unión Europea y que se divide entre apoyar a Ucrania y a la OTAN (como hace Polonia) y alinearse con Rusia (Hungría). Buxade se apoyaría en los sectores “antiglobalistas” de la derecha radical mientras que los liberales se apoyaban en tesis más neoliberales con conexiones con el Partido Republicano en Estados Unidos y defenderían según sus palabras “un libre mercado” frente al “proteccionismo” que promueve el sector de Buxade. Para los purgados, el jarro de agua fría de las pasadas elecciones tiene que ver con los cambios en el programa político y económico, así como el cambio de discurso que se habría producido con el giro de Buxade, con una mayor incidencia en el aspecto “antiglobalista” y neofalangista que se habría dado. No obstante, cabe señalar que, aunque ahora intenten despegarse de ello, este mismo sector ha apoyado muchas de las políticas reaccionarias de Hungría y Polonia reivindicándolas como ejemplo. El propio Espinosa de los Monteros tuvo famosas frases como cuando se lamentó de que “antes pegábamos a los homosexuales, ahora tenemos que acatar las leyes del lobby LGTB”, por lo que, como mínimo, un programa de consenso en ser escoria contrarrevolucionaria tenían.

La realidad es que como analizó Pablo Stefanoni en su análisis sobre los partidos de la alt right, estos suelen ser coaliciones con un programa de mínimos entre distintas familias de la ultraderecha que se suman por motivos electoralistas y porque tienen un enemigo común, pero nada impide que se enfrenten entre sí, especialmente tras una derrota. Vox entra dentro de ese perfil, si bien quizás es menos variopinto que otros modelos descritos por Stefanoni en su libro. No obstante, cabe recordar que Vox tejió alianzas a nivel internacional con estas corrientes hace ya un par de años con el llamado Foro de Madrid donde una de las señas clave de la alianza era una política radicalmente antifeminista. En aquel momento, por lo que describen los críticos Buxade y su sector aún no habían tomado el poder de manera interna, por lo que cabe matizar este intento de algunos medios de lavar la imagen a algunos ahora que abandonan la política institucional.

La mezcla de derrotas internas y la electoral habría motivado la salida de Espinosa de los Monteros lo que parece haber activado a los críticos que aprovechan distintas tribunas mediáticas para cobrarse las deudas tras la purga sufrida. Si bien, cabe ser escéptico y desconfiar de quienes parecen lavar la cara al exportavoz parlamentario afirmando que era el “diputado más ilustrado, el menos incendiario”, es una realidad que Vox sufre una crisis que ha llegado al punto en que los purgados escriben artículos donde se pone en duda el liderazgo de Abascal, algo intocable hasta ahora en un partido donde toda purga y conflicto se resolvía internamente y en silencio hasta la salida de Olona. Esta última ha aprovechado la crisis para reivindicarse y dar a entender que su caso fue la primera ficha en el dominó de esta tormenta política.

Una tormenta política que parece indicar que Vox ya no cuenta con el favor de algunos sectores de las élites económicas que parecen apostar por un refuerzo del PP como casa común de la derecha. A lo largo de los días, se han sucedido noticias y artículos donde se plantea el problema para la gobernabilidad que supone un Vox controlado por el sector de Buxade al mismo tiempo que se recalca las mayores facilidades para los pactos que habría planteado un Vox dirigido por los de Espinosa de los Monteros. La salida de este último alimenta las dudas sobre el posible desgaste que ejerzan los pactos a nivel autonómico al mismo tiempo que refuerza al PP a nivel estatal ya que puede recuperar una parte del voto que se alinee más con un liberalismo que puede encarnar perfectamente Isabel Díaz Ayuso que con el neofalangismo de Buxade. Sin duda, en una posible repetición electoral el PP podría hacer mella a Vox apelando al voto útil y a la crisis política de la formación de ultraderecha.

No obstante, habría que ser cautelosos y no pensar que su caída será similar a la de Ciudadanos si tenemos en cuenta el considerable poder territorial e institucional que obtuvieron en mayo y que se mantendrá a lo largo de la legislatura. Aunque probablemente sus expectativas electorales se reduzcan a diferencia de los de Arrimadas, Abascal y los suyos han logrado conquistar un espacio ideológico en el debate público.

Aunque ver como la ultraderecha se destroza a sí misma es una bonita forma de pasar estos días tan calurosos, hay que recordar que ganen los nostálgicos de Primo de Rivera o los de Thatcher ambos deben ser combatidos como la basura reaccionaria y antiobrera que son. Las pugnas de poder y una pérdida de escaños y votos que ha vuelto al PP no significan que sus ideas hayan retrocedido a nivel social, desgraciadamente han logrado instalar en el debate público algunas de ellas y eso sigue siendo un conflicto central. Frente al avance de la derecha no sirven los males menores sino la izquierda revolucionaria y combativa que confronte con un programa obrero de independencia de clase.


Roberto Bordón

Andalucía

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