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Red Internacional
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PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN. La educación universitaria es un tema de estatus y de clase social

La pandemia nos ha mostrado toda la crudeza de la desigualdad social, la cual es observable por ejemplo en el ámbito educativo, ya que hoy con la implementación de las clases en línea sale a relucir quién tiene las condiciones para acceder y quién no.

Arturo Rendón Académico de la agrupación Nuestra Clase

Viernes 7 de agosto de 2020

El desarrollo de la pandemia del Covid-19 ha hecho más evidente e incluso más extenso el fenómeno de la desigualdad social, el cual se manifiesta en distintos ámbitos. Uno de ellos es el educativo, donde la imposición de la “nueva normalidad” por parte del gobierno de la 4T está dejando fuera de la educación a miles de niños que no cuentan con internet para tomar las clases en línea.

Este mismo fenómeno se replica en otros sectores como la educación superior y media superior, ya que la urgencia de las rectorías por asumir las directrices del gobierno los ha hecho olvidarse de que muchos de sus alumnos no cuentan con una red digital casera.

Esta es una decisión ya tomada por rectores de múltiples universidades del país, decisión que tomaron de la mano de representantes del gobierno federal, como lo es Luciano Concheiro, subsecretario de educación pública, que en la administración actual es el encargado de tratar estos temas. Su alternativa fue reflexionar sobre los procesos académicos para asignar las calificaciones adecuadas para que los estudiantes no pierdan los avances en sus estudios, el problema fue que la desigualdad social no es el tema que dirige sus reflexiones.

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Esto nos hace preguntarnos ¿Quiénes son los que pueden acceder a la educación superior y media superior? En teoría todos tienen el derecho de aspirar a realizar sus estudios en preparatorias y universidades públicas, algo que es garantizado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Sin embargo, en los hechos las limitaciones materiales ponen trabas a muchos de los que buscan hacerlo, esta es la trampa que impone el derecho liberal burgués, ya que desde el punto de vista legal se pueden hacer las cosas, pero en lo real no es posible, la igualdad ante la ley no es igualdad ante la vida.

México, al igual que muchos otros países que viven la opresión colonial del imperialismo, se encuentra lleno de desigualdades sociales que marcan una gran brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, entre los que concentran mucha riqueza (la burguesía), poder político y prestigio social y entre los que no (en su mayoría asalariados). Los que acceden a la educación superior y media superior y los que no.

Eso no quiere decir que, por ejemplo, hijos de trabajadores no logren llegar a obtener altos grados académicos. El problema radica en que, para la mayoría, eso se hace cada vez más difícil; sectores acomodados de la clase obrera ven sus conquistas cada vez más mermadas.

Por poner un primer ejemplo, en la Ciudad de México y área conurbada se concentra un 50% de la población y por lo mismo la mayor parte de la oferta educativa del país. A pesar de eso, en el 2014 un tercio de los jóvenes de 20 años expresaron que sólo habían logrado terminar la secundaria, muchos ni siquiera eso. Por otro lado, siete de cada 10 encuestados había cursado por lo menos un año de educación media superior, y sólo uno de cada cinco la había concluido, pero ¿Quiénes eran los que lograban estudios prolongados?

Según los datos del artículo de Patricio Solís y Emilio Blanco, "La desigualdad en las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes de la Ciudad de México: un panorama general", en el libro Caminos desiguales Trayectorias educativas y laborales de los jóvenes en la Ciudad de México, los jóvenes del estrato más bajo (precarizados) que continuaban estudiando al momento de la entrevista eran cerca de 8%, mientras que en el estrato más alto esta cifra llegaba a 33%, esto es una proporción cuatro veces superior.

Si contrastamos estos datos con los de la actualidad encontraremos que las cosas no han cambiado mucho. Al compararlos con lo que arrojan las cifras de 2019, nos encontramos con que la mayor parte del analfabetismo se concentra en los trabajadores más precarizados, 16 de cada 100 son analfabetas y 30 de cada 100 no tienen estudios básicos obligatorios.

A la inversa, de la población con más ingresos sólo 1 por cada 100 son analfabetos y la cifra de quienes no terminaron la educación primaria se reduce a 4 por cada 100. Estos son los grupos que pueden mantener estudios prolongados a nivel universitario.

Dicha situación se vuelve más cruda con el Covid-19, ya que gracias a la propagación de la enfermedad, el aumento en deserción escolar es cada vez más grande, pues muchos estudiantes no cuentan con las condiciones mínimas para realizar sus estudios, por ejemplo, muchos no tienen acceso a internet.

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¿Qué pasa con todo esto frente a la pandemia?

Lo que sale a flote es que el acceso a la educación en todos sus niveles, con condiciones dignas para hacerlo, se vuelve un privilegio de clase. Esta situación se agudiza particularmente en el nivel superior y medio superior, donde la deserción escolar por falta de recursos económicos es más marcada.

La población más precarizada tiene severas dificultades para continuar preparándose, lo que la condena siempre a permanecer en los trabajos con peores condiciones, lo cual también se manifiesta en los trabajadores de la educación por ejemplo en los profesores de asignatura, excluidos de todos los beneficios laborales, los cuales están reservados para una élite académica.

No es posible hablar de clases en línea hasta que no se problematice primero la pauperización que padece la inmensa mayoría, la cual va creciendo conforme se desarrolla la actual crisis que es descargada sobre ellos por los capitalistas, quienes en su apetito de ganancia no les importa sacrificar a la mayoría.

Es por esa razón que los trabajadores no podemos esperar que partidos del régimen como Morena tengan una voluntad real de luchar contra esa situación, tenemos que ser nosotros, organizados de forma independiente, como por ejemplo en el Movimiento Nacional contra la Precarización Laboral y los Despidos.