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Red Internacional
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ARABIA SAUDÍ. La ejecución del clérigo Al Nimr y las tensiones internas de Arabia Saudí

Con la ejecución del activista religioso chií, la Casa de Saud busca, entre otros motivos, ganar fortaleza y legitimación puertas hacia dentro. Con esta acción, Riad profundiza la represión a sus detractores internos, buscando calibrar sus contradicciones en su política exterior.

Ivan Vela @Ivan_Borvba

Martes 5 de enero de 2016

FOTO: EFE / Abedin Taherkenareh

Arabia Saudí anunció este sábado la ejecución del clérigo chií disidente Nimr Baqr al Nimr junto a otros 46 detenidos acusados de terrorismo, según informó el Ministerio del Interior. La decisión de incluir a Al Nimr, no obstante, responde a otras razones. Más bien se han de buscar en la interacción de varios factores que afectan a la situación geopolítica de Arabia Saudí y que sin duda tienen una enorme repercusión dentro de sus fronteras, así como cuestiones internas.

Nimr Al Nimr fue una figura destacada que emergió en las movilizaciones del 2011. El clérigo impulsó movilizaciones en la región oriental de Qatif, rica en petróleo y donde se concentra la mayoría de la población chií (minoría en el Reino de Arabia Saudí). El impacto de la primavera árabe en Arabia Saudí no es comprable al que sí tuvo este fenómeno progresivo en otros países, incluidos los de la península Arábiga, como Bahréin. El rey Abdulá lanzo un leve programa de medidas económicas, centradas en reducir el alto porcentaje de paro, pero sobretodo lanzó una campaña represiva que disparó las detenciones.

Como apunta Christoph Wilcke, responsable para Oriente Medio de la organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch, "su policía (la del rey Abdulá) detiene a los que quieren un cambio más significativo, el número de arrestos se ha disparado dramáticamente".

No obstante, y a pesar de contener el malestar social mejor que sus vecinos, fue a partir de entonces que los servicios de seguridad y la policía religiosa de Arabia Saudí marcaron en rojo el nombre de Nimr.

Un año después de las revueltas, en 2012, Nimr Al Nimr fue detenido por delitos de violencia sectaria, resistencia al arresto y por romper su voto de fidelidad al regente. Con el pretexto de estas acusaciones se inició el proceso judicial que desde varios organismos internacionales como Amnistía Internacional o Human Rights Watch han catalogado de “gravemente irregular”. Falta de testigos, ocultación de información para los abogados de la defensa y un largo etcétera de irregularidades que incumplen incluso la limitada y restrictiva legislación saudí, lo que ya es mucho decir.

Fuertes tensiones internas

Aunque estas reaccionarias dinastías con estrechos lazos económicos con las potencias occidentales utilizan la pena de muerte como recurso frecuente frente a la disidencia interna, el caso de Nimr Al Nimr se enmarca en un contexto de alta tensión en la región que lo convierte en expresión de las contradicciones internas que sufre el propio bastión suní de la región.

Tras su zona de mayor influencia con las intervenciones en Bahréin y Yemen, una nueva ficha se puso sobre el tablero. Su eterna batalla con la otra potencia regional y de mayoría chií, Irán, aumentaba de nivel con la profundización de la guerra civil en Siria entre el régimen de Bashar al-Ásad, los rebeldes sirios y la aparición del Estado Islámico.

El rompecabezas que busca cuadrar el rey saudí Salman obliga a Riad a moverse en arenas movedizas. Si bien sus relaciones internacionales lo han situado en el bando “occidental”, apoyando un frente militar anti Estado Islámico junto a Estados Unidos, su situación interna le presiona en la dirección opuesta.

La Casa de Saud se caracteriza desde sus inicios por ser defensora de la corriente salafista, rama del Islam de la que beben grupos como Al Qaeda o el propio Estado Islámico. Que desde Riad se permita y se ayude a bombardear a estas facciones sunís que combaten a los chiís de Siria e Irak no está visto con buenos ojos por la mayoría suní de Araba Saudí.

Si bien los niveles de protesta en la potencia regional no son ni mucho menos como en 2011 desde Riad conocen bien que una actitud dubitativa frente a los chií puede poner en contra a su base social suní. A esto se suma un frente económico incierto con la disminución de las reservas en divisas, los cuestionamientos a la sucesión monárquica y la acumulación de tensiones con la intervención en Siria, Yemen y Bahréin.

Ante todo esto la ejecución del clérigo Nimr busca lanzar dos mensajes claros. En primer lugar, y como apunta el disidente Ali Adubisi, que dirige la Organización Europeo-Saudí para los Derechos Humanos (ESOHR) “el mensaje que envía la ejecución del jeque Al Nimr es que las autoridades saudíes no toleran ningún tipo de oposición ni de peticiones de reforma sin distinguir si se hacen de forma violenta o pacífica”. Y en segundo lugar muestra con hechos a su población suní que más allá de la coyuntura geopolítica actual, su particular “cruzada” sigue estando destinada acabar con el enemigo chií, encarnado en la República Islámica de Irán.

Un paso político desde Riad que tan solo en las próximas horas y días podrá definir su alcance en la región, y cómo esta acción afectará las delicadas relaciones diplomáticas entre los estados, en el marco de la inestabilidad reinante en la zona.