Una exposición en el Parlamento Europeo, recuerda a Elisabeth Eidenbenz, la joven enfermera suiza que ayudó a dar a luz a cientos de mujeres refugiadas republicanas españolas.

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza
Miércoles 29 de junio de 2016
La historia de Elisabeth, o Isabel como era llamada por las españolas, es la de tantas “heroínas anónimas”, que en medio de la barbarie más absoluta, dieron lo mejor de sí quedando, sin embargo, durante muchos años en el más absoluto de los olvidos.
Su historia comenzó en abril del 37, cuando con solo 23 años, decidió venir como maestra voluntaria, a la zona republicana. La crudeza de la guerra, y la situación de extrema necesidad de miles de niños, le llevó a cambiar sus planes iniciales. Desde entonces y hasta el final de la guerra, estuvo al frente de un almacén de ropa en Madrid que pertenecía al cartel de Ayuda Suiza a los niños de España, que englobaba a 15 organizaciones del país helvético. Al finalizar la guerra, huyo al sur de Francia junto a casi 500.000 republicanos españoles, y ahí fue donde empezó su principal labor.
La Maternidad de Elna
Allí, fue confinada junto con los miles de españoles en los nefastos campos de las playas (Argelès-sur-Mer Rivesaltes, etc). Si las condiciones en esos campos eran inhumanas para todos, las privaciones eran sufridas de forma especial por las mujeres embarazadas.
Como relata el testimonio de una refugiada, recogido en el libro de la historiadora Assumpta Montellà La maternidad de Elna: “Ya hacía meses que estábamos rodeados de alambres, vigilados como criminales y mal alimentados. La sarna, el polvo y la arena fina se colaban por todas partes, la ropa, la comida, los ojos (…). Yo no quería que mi hijo naciera en estas condiciones. Tenía miedo de que no sobreviviera. Había visto con mis ojos cómo morían los hijos de otras mujeres”.
Estas palabras reflejaban una cruel realidad. La mortalidad infantil alcanzaba el 80% entre los refugiados españoles del sur de Francia. El mayor drama se producía en el campo de Argelès-sur-Mer, conocido por los españoles como el "campo de la mierda". Hay testimonios de que las madres guardaban a los niños debajo de la arena de la playa hasta el cuello para que no les mordieran las ratas o se quemaran con el sol.
Frente a esto, nuestra joven heroína decidió ponerse manos a la obra, para paliar esta dramática situación. Para ello, eligió un castillo abandonado en la localidad francesa de Elna, cercano a los campos. Aquí gracias al dinero aportado por el Socorro Suizo (Una organización de ayuda a la infancia durante la IIGM), consiguió acondicionar el lugar y crear una Maternidad)
Este lugar se convirtió en lugar seguro, donde las refugiadas españolas, pudieran dar a luz en unas condiciones dignas. Entre 1939 y 1944 (año en que fue cerrada por los nazis) nacieron aquí 597 niños de 22 nacionalidades diferentes, aunque la inmensa mayoría eran hijos de exiliados españoles. El resto, judíos y gitanos que huían de la ocupación nazi de Francia.
El espacio disponía de aproximadamente 50 camas, distribuidas por habitaciones de entre cuatro y ocho camas cada una. La mayoría de estas habitaciones habían sido bautizadas con nombres de ciudades españolas: Barcelona, Bilbao, Madrid, Santander, Sevilla y Zaragoza. El paritorio se llamaba Marruecos.
Reconocimiento Tardío
La gran labor realizada por esta mujer, como en otros muchos casos, tardó muchos años en ser conocido y valorado. Tras la guerra, Elisabeth, se retiró a su Suiza natal, donde continuó con su labor de enfermera, hasta su muerte en mayo de 2011, a la edad de 97 años.
No fue hasta 2001, cuando varios de sus “niños/as” recuperaron su historia. Tras esto, recibió tanto el homenaje privado de los más de 600 niños que ayudó a nacer, como el público. En el año 2002 Elisabeth recibió la medalla de Justos entre las Naciones por el Instituto Yad Vashem de Israel. Posteriormente en 2006 recibió la medalla del Orden Civil de la Solidaridad Social, la Cruz de Sant Jordi, y Francia le entregó la Legión de Honor de manos del presidente de la República.
También el edificio fue restaurado y hoy se puede visitar. En la visita, se puede recordar a través de fotografías y objetos originales, la historia que allí sucedió. Para los que hemos tenido la oportunidad de visitar este lugar, todavía nos emociona el recuerdo de la visita.
La historia de esta mujer, se recuerda estos días en una exposición en el Parlamento Europeo a iniciativa del grupo “Primavera Europea” (Compromis-CHA). Su ejemplo es el de muchas otras. Cientos de mujeres que dieron todo, para combatir la muerte, el hambre y la desesperación de los refugiados, entonces españoles.