Después de que el gobierno cerrara la cadena de Radio y Televisión Griega (ERT) en 2013, sus trabajadores resistieron y la pusieron a funcionar, administrada por ellos mismos de forma colectiva, y continuaron transmitiendo durante dos años.

Alejandra Ríos Londres | @ally_jericho
Viernes 7 de agosto de 2015
El 11 de junio de 2013, como parte de las medidas de austeridad, el gobierno griego del primer ministro Antonis Samaras cerró la cadena estatal de radio y televisión ERT. No hubo debate ni votación en el parlamento, de la noche a la mañana, todo el personal fue despedido por decreto del gobierno.
En respuesta al cierre, los trabajadores decidieron ocupar el edificio y durante dos años han funcionado como una emisora pública autoadministrada, bajo el nombre “ERT Abierta”. A pesar de ser completamente boicoteada por el gobierno y desalojada de sus estudios por la Policía, pudieron continuar transmitiendo desde varios lugares, y pusieron en pie una plataforma para los trabajadores que luchan contra la austeridad.
Su lucha y compromiso con un servicio público de transmisión plural fue recompensado cuando el actual gobierno se vio obligado a reabrir la ERT el 11 de junio de 2015, dos años después del día de su cierre. Actualmente, la ERT está en peligro y sus trabajadores enfrentan la pérdida de puestos de trabajo.
Visitamos el edificio central de la ERT en Atenas, para conversar con Nikos Tsibidas, el vocero durante la ocupación, que nos contó sobre su lucha.
¿Cuánta gente trabaja en ERT?
Cuando el gobierno anterior cerró la ERT en junio de 2013, había 3 mil trabajadores pero actualmente hay 2 mil. Algunas personas no quisieron volver a trabajar después de dos años, algunos se jubilaron y otros se fueron del país. Lamentablemente algunos excolegas murieron, la mitad de ellos se suicidaron porque habían perdido el trabajo.
¿Podrías contarnos sobre la lucha de ERT?
La lucha atravesó dos períodos. El primero fue entre junio y agosto de 2013, durante el cual, a pesar de las diferencias de estrategia en nuestras propias filas, mantuvimos un frente único contra el gobierno. La intención de la gerencia era dividirnos.
El segundo período comenzó en agosto de 2013 cuando el gobierno dijo que quería que el personal trabajara en un nuevo canal administrado por la emisora privada Nerit. La propuesta dividió a los trabajadores: cerca de 600 se fueron a trabajar con el gobierno, el resto se quedó y continuó transmitiendo los canales originales desde aquí, desde este edificio en Atenas, y desde otra estación de TV en Salónica.
En noviembre de 2013, la Policía entró al edificio. Este edificio era nuestro principal lugar de producción, todos los aspectos técnicos de los programas se hacían aquí. Fue un duro golpe para nosotros perderlo. Éramos más o menos 50 haciendo guardia en el edificio cuando llegaron policías armados y entraron a las 5:30 de la madrugada. No pudimos ofrecer resistencia, pero algunas horas después nos reagrupamos y alquilamos un lugar justo enfrente. Instalamos una radio y enviamos a algunos compañeros a la otra estación de TV en Salónica para mantenerla al aire. Reforzamos las guardias y de esta forma pudimos mantener la transmisión de 19 estaciones. También organizamos boletines de noticias desde la calle afuera del edificio de la ERT.
¿Cómo se mantenían? ¿Recibían un salario?
Nos mantuvimos gracias a los fondos de lucha, organizados por el Sindicato de Periodistas y el Sindicato de Técnicos, y con comida, gasolina y otras cosas donadas por gente solidaria.
El Grecia, el seguro de desempleo es de entre 400 y 500 euros al mes, solo dura un año, por eso el sostén de la familia y los amigos fue crucial.
¿Cómo organizaron la ocupación?
Durante la lucha había cerca de 600 personas involucradas en la autoorganización. Después de la primera división de agosto de 2013 cambiamos completamente la forma de trabajar, implementamos una estructura y organización más horizontales. La experiencia de dos años demostró que en algunos lugares funcionaba muy bien, en otros, relativamente. El modelo funcionaba bien en las ciudades más pequeñas donde las estaciones de radio estaban basadas en la comunidad. La gente allí organizaba asambleas muy rápido, eran más dinámicas, y las comunidades tenían comunicación directa con los trabajadores. En ciudades grandes como Atenas o Salónica el modelo no fue tan exitoso.
Cuando comenzamos a organizar la “ERT Abierta” estaba claro que si alguien una persona a cargo de un departamento específico era respetada por los trabajadores y se mantenía leal a la lucha, sería elegida como “jefe” o “coordinador” durante la autoorganización.
¿Cómo se tomaban las decisiones?
No había jerarquías, no había patrones, y todas las decisiones estratégicas se tomaban en asamblea. Este no fue un proyecto sencillo.
Intentamos desarrollar un sistema híbrido para lograr que las cosas se lleven a cabo. Como los boletines de noticias se producen con tiempos muy ajustados, era necesario elegir a una persona para que estuviera a cargo, que estuviera autorizado a tomar decisiones. Nadie interferiría durante la preparación de las noticias, pero las diferencias se discutirían después de la transmisión. Lograr esto en una escala macro no es fácil.
¿Esta nueva forma de organización afectó la forma en la que daban las noticias?
Sí, fue un quiebre en la forma en la que habíamos trabajado durante los últimos 25 años. Estamos tratando de mantener esta forma de trabajo, no solo porque el proceso de hacer las noticias era diferente, o porque nos liberamos de la autocensura y nos sentíamos libres para informar sobre cualquier tema, sino porque el principal factor que cambió la forma de dar las noticias fue el aporte de la sociedad. La gente que se fue de ERT no quería abrir el canal a la sociedad. Pero los ciudadanos son los mejores periodistas, como lo demostró la forma en que las comunidades participaron en la creación de programas de radio.
Reportábamos las noticias de forma diferente a la de los medios masivos. Hablábamos de huelgas, de las marchas, del caos en las calles, etc. Hablábamos sobre la gente sin empleo, sobre los niños que no tenían comida y se desmayaban en la escuela, sobre no poder pagar la electricidad.
Los canales comerciales dicen que los griegos son vagos, que nosotros generamos la crisis, que el país debe ser reformado, que tenemos que ser pacientes, y que las huelgas y las marchas alejan a los turistas. Nosotros usamos un enfoque diferente y la gente empezó a escucharnos. Incluso cuando el gobierno ordenó la suspensión del servicio satelital (estábamos alquilándole el espacio a empresas privadas fuera de Grecia para poder transmitir vía satélite) teníamos una audiencia de medio millón de personas por día. Esto era porque hablábamos sobre la vida cotidiana de la gente, sobre los recortes y los despidos que sufrían. Tuvimos que tomar partido, por eso el Estado fue tan duro con nosotros.
Hicimos un montón sacrificios y logramos mantener todos nuestros edificios menos este. La ERT tenía 115 transmisores en las montañas y controlamos 50 de ellos. Éramos como una guerrilla de medios, viajando por las montañas en motocicleta en el medio de la noche. Si nos hubieran atrapado, nos podrían haber acusado.
¿Cómo fue la situación durante las elecciones?
La estación no apoyaba a Syriza, no decíamos “Vote a Syriza” o “Vote a la izquierda”. Criticábamos al gobierno e invitábamos a todos los partidos a los debates electorales, excepto a los neonazis de Aurora Dorada. Invitamos a los políticos del gobierno anterior, a los comunistas y los verdes.
¿Y durante el referéndum?
Como se imaginarán, la mayoría de nosotros como individuos votábamos “Oxi” (No) en el referéndum. Todos los medios masivos votaban por el Sí, decían que podían producirse todos los desastres imaginables si ganaba el No. Pero a pesar del voto mayoritario por el No, el sistema político mostró claramente unos días después que no podía servir al país. No digo que el 60 % haya votado abandonar el euro, pero una gran proporción –en mi opinión, la mitad– estaba preparada para cualquier cosa. Lo que necesitaban era alguien que les dijera que, a pesar de que fuera un camino difícil, había un plan. Pero esto fue un golpe, fue un pequeño centro de poder el que decidió el futuro del país.
¿Podrías darnos algunos ejemplos de la solidaridad de ERT con otras luchas de trabajadores?
Apoyamos la lucha contra la privatización del agua en Salónica. Cubrimos en Creta la lucha contra los desechos nucleares. Les dimos espacios de radio y TV a los maestros para que hagan sus propios programas. Por supuesto, apoyamos la lucha de los trabajadores de la fábrica Vio.me bajo control obrero en Salónica, con quienes tenemos una relación muy cercana. Fuimos los primeros en informar del asesinato del rapero Pavlos Fyssas a manos de los fascistas, que era un activista político, y que era un asesinato político. Apoyamos la huelga de hambre del preso anarquista Nikos Romanos por su derecho a estudiar en prisión.
¿Cuáles son sus principales desafíos hoy?
Hay mucha presión sobre nosotros porque somos una emisora pública. Nuestros principales desafíos son mantener nuestra integridad, trabajar sin patrones, informar sin censura, y mantener la estación abierta a la participación de la comunidad.
La implementación del tercer memorándum probablemente ponga en riesgo los puestos de trabajo. La Troika busca cerrar ERT y el gobierno intentará reducir el personal. Esta lucha no ha terminado. Escribiremos un nuevo capítulo.