Los explotadores capitalistas, apoyándose en su gobierno que sólo alcanza para una planeación urbana perniciosa y la anárquica desigualdad económica, nos roban tiempo de vida mientras ensanchan sus ganancias millonarias.
Viernes 16 de julio de 2021
Una de las luchas históricas de las y los trabajadores más importantes, es la lucha por un horario de trabajo digno, por lo menos la jornada de trabajo por la cual lucharon millones de obreros durante los siglos XIX y el XX. Su objetivo: 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de ocio.
Así dividían las 24 horas del día los luchadores en su propuesta histórica, con la cual aspiraban un desarrollo humano y familiar combatiendo día a día la voracidad patronal que quería estandarizar la jornada en 16 horas trabajadas. Lograr la fórmula 8x8x8 costó las vidas y el esfuerzo de centenares de miles alrededor del mundo.
Sin embargo, de la mano de la oleada neoliberal en los 80’s que se extiende hasta nuestros días, muchos de nuestros derechos laborales fueron golpeados y múltiples conquistas obreras fueron arrasadas con la complicidad de las direcciones de los sindicatos subordinados al capital y al Estado capitalista. Hoy las 8 horas han quedado, prácticamente en todo el mundo laboral, solo en el recuerdo. Y la llegada del virus del SARS CoV-2 ha profundizando la intensificación de la explotación por la jornada del trabajo bajo el sistema laboral conocido home office.
Las y los trabajadores de servicios han denunciado el incremento de carga laboral producto de la pandemia global, donde el home office se ha convertido en el mejor pretexto para la superexplotación y causante de enfermedades que causan tanto estrés. Así, subrepticiamente se evade la garantía de la "hora" de comida: se exigen jornadas de trabajo más largas y, sobre todo, haciendo ahora que los costos por herramientas y fuentes para el trabajo se cargue en las cuentas de la casa y de la familia. Ahora las y los trabajadores deben de pagar por servicio de internet, luz, inmueble de oficina y espacio en casa.
En miles de plantas de la industria se ha puesto desde hace años la producción al máximo con el mínimo de personal como objetivo último, pasando por encima del bienestar y la seguridad de los trabajadores. Fueron muy pocas las que cerraron sus puertas a la llegada de la pandemia en marzo de 2020, entre ellas, el sector automotriz, pero este cierre fue rápidamente revertido por la presión empresarial nacional y sobre todo estadounidense, los que con la autorización del gobierno de AMLO, llamaron en el peor “pico” de la pandemia ─de acuerdo al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell─ a reabrir sus puertas (con el pretexto de que se trataba de "empresas esenciales") sin ningún tipo de protocolo seguro para la protección del personal, provocando la muerte y el contagio de varios cientos de obreras y obreros. Obviamente, tampoco contaban con comisiones de higiene vigiladas por el personal laboral, gracias a la servidumbre de los sindicatos charros.
Institucionalización de las jornadas extralargas
En la General Motors Silao, el horario de trabajo consta de 12 horas por turno; una jornada extenuante que se vuelve peligrosa por la enorme exigencia física y mental en la producción y el cansancio acumulado por el exceso de horas trabajadas. En algunas áreas sobrecargadas o sobrecicladas, como ensamble, se tienen únicamente entre 10 y 15 minutos para poder ir al baño o tomar algún refrigerio durante esta jornada de 12 horas. Esto es el capitalismo neoliberal de hoy.
Aunado a este horario ya de por si excesivo, se deben sumar los horarios de traslado que, para muchas y muchos trabajadores pueden representar hasta 2 horas dependiendo del municipio o comunidad en la que viven. tiempos que no entran en el cálculo de la jornada de trabajo.
Normalmente se toma el camión (que pertenece al charro sindical, Tereso Medina y que les es cobrado a las y los trabajadores para su enriquecimiento personal) a las 4:00 am para poder llegar a planta a las 5:30. Pero llegar a planta no es suficiente para checar entrada, por lo que hay que caminar hasta su puesto de trabajo que puede ser entre medio y un kilómetro.
En el caso de algunos compañeros ubicados en el municipio de Juventino Rosas, el transporte les fue retirado debido a que al transporte del charro Medina no le convenía enviar un autobús por un número reducido de empleados.. Debido a esto los trabajadores exigieron un medio de transporte o en su defecto, una liquidación por falta de un transporte, y la respuesta tanto de la empresa como del sindicato fue que si no les gustaba renunciaran.
Este exceso de tiempo por supuesto que no les es pagado a las y los trabajadores, a pesar de que en algunas ocasiones, considerando algún inconveniente en carretera, pueden salir a las 4 am y terminar llegando a su casa hasta las 8 pm, generando así una jornada laboral de 16 horas, por lo que de la jornada laboral conquistada en los siglos pasados, les es robado un total de 8 horas, mismas que reducen obligatoriamente el tiempo de sueño y el tiempo con las familias, así como el ocio y la libertad para el desarrollo humano que es un derecho humano. Hoy, la jornada de 8 horas de trabajo se vuelve una demanda elemental.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos en el propio sistema capitalista, en donde México es firmante, se establecen claramente en el artículo 23 y el artículo 24 los siguientes derechos:
· Artículo 23: el derecho a no trabajar en exceso.
· Artículo 24: Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.
Obviamente la formulación imprecisa de dichos artículos le garantiza a los patrones que sean ellos quienes establezcan sus propios criterios de "exceso" de trabajo y demás "derechos universales".
Además de la letra muerta de estas "leyes" internacionales, los abusos de la patronal General Motors, son avalados y aplicados traicioneramente por la burocracia charra del sindicato Miguel Trujillo López, acallando la exigencia que en algunas ocasiones, las y los trabajadores han planteado de que se les pague desde el momento en que suben a las unidades de transporte.
Para obligar a los charros y empresa a respetar los derecho humanos de las y los obreros de GM, se debe de establecer una comisión de higiene, salud y seguridad, votada y elegida democráticamente por las y los trabajadores en asamblea. Que regule y ponga un alto a estos infames abusos y que exija un tiempo de trabajo de 8 horas; que respete la libertad de tiempo libre y el descanso digno de quienes producen la riqueza de la trasnacional automotriz.
Para lograr eso, la mejor garantía de que estas medidas, así como la recuperación de otras conquistas que se han perdido, es que la base trabajadora eche a los charros y decida ella misma de manera libre la conducción de la vida sindical. La reorganización de la base obrera para recuperar sus propias organizaciones sindicales está a la orden del día.