Desde 2011, a la Ciudad de México se le ha nombrado como una ciudad incluyente. Mancera y las autoridades federales argumentan que es pionera en reconocer los derechos de toda la comunidad sexodiversa. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario, dado que está clasificada como una de las ciudades con más crímenes de odio en el mundo.
daniel sputnik @daniel_sputnik
Sábado 29 de octubre de 2016
Miguel Ángel Mancera es conocido por sus políticas reaccionarias y represivas en contra de las juventudes, mujeres y obreros de distintas áreas. Ha hecho de la diversidad sexogénerica uno de sus principales bastiones políticos; parece que este sujeto considera a la ciudad sólo el corredor centro-reforma y las colonias más opulentas de la ciudad, donde ser gay, lesbiana, trans, bisexual, intersexual o no binario es permitido y tolerado por la mayoría, sumado a la variedad de negocios y bares que se enriquecen con nuestra preferencia sexual.
¿Pero qué sucede con la gran mayoría de miembros de la comunidad LGBTTTQI que no pertenecemos a ese minúsculo sector que gana más de $7,000 por mes? Nosotros los que no podemos darnos el lujo de ir a la colorida y lujosa zona rosa, nosotros los que de manera sistemática hemos sido relegados a vivir en las periferias o zonas barriales de la urbe, los que estamos apartados de la cultura y esparcimiento que se limita sólo para clases privilegiadas, nosotros los que tenemos que trabajar, como la gran mayoría, jornadas extenuantes por sueldos precarios y sumado a la inseguridad que todos los días vivimos a la hora de salir y regresar a casa.
Parece que, para nosotros, los que sostenemos la economía, riquezas y lujos de políticos y burgueses no gozamos de derechos ni igualdad; mucho menos acceso al esparcimiento o convivencia; el hecho de no gozar de los accesos económicos y culturales de la minoría sexodiversa que Mancera estratégicamente ha elegido para enarbolarse como un jefe de gobierno ejemplar trae consigo una gran cantidad de problemas de discriminación dentro y fuera de nuestra comunidad.
En las zonas barriales y periféricas de la ciudad reside la clase trabajadora, clase explotada y sin acceso a la “capital social” de Mancera. Esta brecha socio-económica nos divide aún más, no sólo entre clases sociales sino también dentro de la sexodiversidad. Si naces con tal o cual orientación sexual, identidad de género, preferencia o sexo biológico en estas zonas el hecho de sobrevivir día con día y el rezago educativo que tanto conviene a este sistema clasista y neoliberal son constantes para la proliferación de los crímenes de odio y machismo sumado en general a la propagación por parte de instituciones y corporaciones del romanticismo clásico y heteronormado que nada ayuda a la creación de una nueva sociedad donde la cosificación sea erradicada de las relaciones erótico-afectivas.
El gobierno de la Ciudad de México en comunicados oficiales y en su página de internet no para de mencionar los reconocimientos que las comisiones de Naciones Unidas han dado a su “moderna e incluyente” capital federal; no obstante poco se habla del aumento de los crímenes de odio a raíz de las manifestaciones impulsadas por el Frente Nacional por la Familia, el cual está integrado por partidos políticos, empresarios y sectores de derecha.
Para enfrentar la ofensiva clerical es vital organizarnos en forma independiente de los partidos tradicionales, al servicio de los empresarios. Es luchando junto con otros sectores de los explotados y los oprimidos, con la clase trabajadora a la cabeza, como podremos arrebatar nuestros derechos en el camino de la lucha por una nueva sociedad, libre, igualitaria y socialista, la sociedad que tanto necesitamos.