Desde hace unos años no dejamos de ver en grupos en Facebook o foros de debate en internet acusaciones de “chairos” y de “derecharios” para descalificar posiciones políticas. ¿A qué responde esta situación característica de la generación millennial?
Martes 8 de agosto de 2017
Luego del estallido de la crisis económica del 2008/09 hemos visto enormes movimientos juveniles en distintas partes del globo. Del movimiento Ocuppy Wall Street que cimbró Estados Unidos con el lema “somos el 99% y vamos por el 1%” y que se tradujo con el tiempo en un gran movimiento en favor del candidato autoproclamado socialista Bernie Sanders, a la juventud en Brasil con el movimiento “Pase libre” en el metro, y luego el “No va a haber Copa” previo al Campeonato Mundial de futbol, donde millones salían a las calles por demandas como mayor presupuesto a servicios públicos. O la juventud chilena que hasta el día de hoy mantiene un potente movimiento –con altas y bajas- por la educación pública y gratuita.
En todo el mundo, incluyendo el centro del capitalismo como Europa pero también en Medio Oriente o China hemos visto cómo amplios sectores de la juventud se politizan y salen a las calles a reclamar sus derechos. En un periodo de la historia donde no hay ningún acontecimiento importante que no sea difundido y discutido en las redes sociales, no es de extrañarse que el fenómeno de activación política en la juventud genere respuestas en internet a favor y en contra de los distintos movimientos, liderazgos o posiciones políticas que se expresan en las calles.
Polarización del espectro político: batalla ideológica en internet
La representación política empresarial también llamada “casta política” en todo el mundo se encuentra fuertemente cuestionada tanto por innumerables escándalos de corrupción que la atraviesan como por las políticas que vota y aprueba. Millones de personas (jóvenes en primer lugar) desconfían de los políticos tradicionales y se acercan a nuevas –y no tan nuevas- formaciones políticas que se colocan a la izquierda o a la derecha del centro político al que se habían integrado los partidos en la mayoría de los regímenes capitalistas “democráticos”.
Así, Donald Trump en Estados Unidos o Marie Le Pen en Francia mantienen un discurso contra los políticos y ganan simpatía entre electores hartos de la corrupción y las mentiras de los partidos empresariales. Lo que dejan de lado estas críticas es que los partidos tradicionales gobiernan para los grandes empresarios y banqueros y que la corrupción es inherente a la administración pública en el sistema capitalista.
Por otro lado, también personajes como Pablo Iglesias, de Podemos, en el Estado Español denuncia a la “casta política” con un programa reformista que plantea construir un capitalismo más “humano” (como si tal cosa fuera posible), aunque en los últimos años su ascenso mediático y electoral lo ha llevado a integrarse poco al régimen de la casta que otrora criticara y Podemos ya no puede presumir de “horizontalidad” con que se diferenciaba de los demás partidos “verticalistas”.
Como Podemos, encontramos distintas formaciones políticas que se colocan a la izquierda del espectro político tradicional y que se apoyan en los llamados “movimientos sociales” que recorren el globo y que están en buena medida impulsados por jóvenes.
Vivimos nuevos fenómenos políticos, el internet y las redes juegan un rol muy importante en su expansión. La polarización del espectro se expresa en internet con millones de jóvenes que se acercan por primera vez al debate entre la izquierda y la derecha. El año pasado, por ejemplo, la palabra más buscada en internet fue “socialismo”.
Chairos y derechairos en las redes
En este panorama los calificativos (o descalificativos) “chairos” y “derechairos” son recursos sin mucho contenido que se utilizan en los debates principalmente en México, aunque tiene sus equivalencias en otros países y latitudes.
Chairo vendría a significar una persona que se acerca a posiciones políticas de izquierda, pero con poca claridad, a la que se cuestiona constantemente su “coherencia” entre lo que plantea y lo que hace; derechairo por otro lado, se suele utilizar para descalificar posiciones conservadoras o reaccionarias que se apoyan en el sentido común que usufructúa la derecha y que carecen de elementos serios para poder interpretar y comprender la realidad.
La utilización de estas palabras en las redes refleja una realidad: millones de personas se acercan a posiciones que cuestionan el orden social imperante. Ahora bien, es claro que no se le puede pedir a una generación que recién se acerca a la política que tenga la claridad y la radicalidad política que vivimos en otros tiempos.
El marxismo después de la caída del muro de Berlín fue duramente atacado, apenas comienza a retomar fuerza y el proceso de politización en la juventud parte de muy atrás. Aún el individualismo y la idea de la competencia como único medio de superación personal permean a millones, no obstante claramente comienzan a moverse las conciencias.
Es la lucha de clases. Las ideas que cuestionan (aún con poca claridad todavía y mezclando distintas posiciones) un sistema que le conviene a una minoría multimillonaria y las que defienden y justifican este sistema con la posición de que es natural la explotación y la opresión en el ser humano.
La existencia de posiciones críticas al capitalismo no es algo nuevo. Sin embargo, para que logre cambiar la subjetividad en la juventud y en la clase trabajadora, para que se deje de aceptar la explotación y la obscena desigualdad capitalista como algo natural a lo que hay que resignarse, hace falta recorrer un complejo camino en el que las masas puedan recomponer la subjetividad (sus propias organizaciones independientes) y la disposición a luchar. Desde La Izquierda Diario buscamos aportar a esa recomposición y a esa batalla de ideas, para que cada vez más y más personas rompan con la resignación y se dispongan a levantar la cabeza para luchar.