×
×
Red Internacional
lid bot

TRIBUNA ABIERTA. La importancia de la manifestación contra la opresión en la cueca sola

La cueca sola es una de las manifestaciones culturales y de resistencia contra la dictadura militar, su origen comienza desde la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos a fines de los años 70’, y que al día de hoy ha sido un testimonio tomado por las nuevas generaciones a través de los nuevos movimientos sociales.

Viernes 11 de septiembre de 2020

Por Paloma Vargas, miembro del equipo de investigación del Proyecto Fondecyt “Cuerpos presentes, cuerpos ausentes”.

Foto: Colectivo Cueca Sola

Vestidos negros, clavel y pañuelos rojos, la imagen en el pecho de una víctima de la represión se vuelve a manifestar en septiembre con sombras solitarias que danzan el baile nacional. Hace un año, en el Plaza de la Constitución como escenario, el colectivo Cueca Sola convocó a este particular baile por el dolor colectivo. Llegaron cientos. Vaticinando lo que se podría expresar un mes después, cuando “Chile despertó”.

La constante pelea de los familiares de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y sobrevivientes de la dictadura se ha vuelto un emblema de la lucha contra el olvido a través de distintas manifestaciones por la permanencia de memorias en disputa de una historia fragmentada, a pesar de las promesas emanadas en el Estadio Nacional un 13 de octubre de 1990, cuando Patricio Aylwin asumió el gobierno con el célebre slogan “Chile, la alegría ya viene”.

La cueca sola es una de las manifestaciones culturales y de resistencia contra la dictadura militar, su origen comienza desde la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) a fines de los años 70’, y que al día de hoy ha sido un testimonio tomado por las nuevas generaciones a través de los Nuevos Movimientos Sociales.

Así, como “El Siluetazo” que utilizaron las Madres de la Plaza de Mayo junto a familiares de detenidos desaparecidos en Argentina para manifestarse desde una práctica artístico política contra la dictadura de Jorge Rafael Videla, la cueca sola ha sido una danza de resistencia que comenzó en la AFDD ante el “oasis” de opresión y represión instalado en dictadura.

A casi un año de la revuelta de octubre 2019, y a 50 años del aniversario de la Unidad Popular, las constantes denuncias a las violaciones de derechos humanos han tomado relevancia a través de distintas manifestaciones por justicia, verdad y castigo a los responsables políticos y materiales de estos crímenes de lesa humanidad. Una de las manifestaciones que ha tomado vigencia durante estos últimos años es la cueca sola, la cual se ha transformado en un dispositivo de denuncia contra la herencia dictatorial y la violencia machista en las últimas marchas por Ni Una Menos.

A 47 años de la dictadura cívico militar, apenas se ha revelado el paradero de 170 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, de los 1201 detenidos desaparecidos de acuerdo a las cifras de la AFDD, siendo este un secreto de Estado sellado por los gobiernos de la ex Concertación, luego de llegar al poder tras conversar con la élite nacional, compuesta entre militares, partidos políticos y empresarios.

Hoy, esta singular danza toma las raíces del baile nacional desde la ausencia del cuerpo de compañeros, amigos y familiares, denunciando los crímenes cometidos por la dictadura militar y también por el reclamo de la presencia de las mujeres que han sido asesinadas durante estos últimos 10 años a través del reimpulso del movimiento feminista.

La cueca sola se caracteriza por la contraposición al sentido festivo de la cueca, restituyendo la huella de un cuerpo ausente en una danza de a dos, la que nos interpela a la recuperación de nuestras memorias y los lazos de solidaridad que alguna vez arrebató la dictadura. En su lugar, la cueca sola expresa un ritual del duelo visibilizando la soledad, la espera y tristeza. Una politización del dolor que lo hace colectivo en las calles y espacios sociales, y que nos ubica en el lugar del desaparecido o de la víctima de un feminicidio para evitar que esta historia se repita.

Lamentablemente nos hemos vuelto escépticos a la frase “para que nunca más en Chile” tras la permanencia del negacionismo, la brutalidad policial y los 30 años de abusos, pero que tras la revuelta del pasado 18 de octubre develó algo oculto durante años: la necesidad de una Asamblea Constituyente libre y soberana para re encontrarnos y construir herramientas colectivas para devolver a nuestros cuerpos ausentes la presencia que merecen en nuestras memorias.