El grupo de Ada Colau trata de navegar entre las aguas del Referéndum y las del centralismo español. El 1-O le hará optar o puede que le aplaste.
Guillermo Ferrari Barcelona | @LLegui1968
Viernes 21 de julio de 2017
En esta semana, Barcelona en Comú se negó a votar una proposición para que el consistorio facilite instalaciones en las cuales se pueda realizar el referéndum del 1O. De ésta forma negó cualquier tipo de ayuda institucional de la capital catalana. Desde una perspectiva logística, esta negativa no generará problemas graves ya que el 9N se realizó sin apoyo del Ayuntamiento.
No obstante, sí que genera perplejidad. Tan solo unos días atrás, en un documento de CatComú, el nuevo nombre que agrupa a los Comuns, se pronunciaba por un apoyo al 1O y la participación del mismo. Sin embargo, dicha participación es para fomentar “una movilización por el derecho a decidir” y no un referéndum de autodeterminación. Es de esos apoyos que restan más que suman.
Según los dirigentes de CatComú al referéndum del 1O le falta apoyo internacional, ser pactado con el Estado y que interpele a los catalanes. Esto último se cumple ya que alrededor del 80% quiere votar. Pactarlo con el Estado es casi imposible porque se necesitan 3/5 partes del Parlamento. Aunque no se entiende que para conseguir la libertad, haya que pactarla con el opresor. Estas condiciones hacen que sea imposible votar.
La ambigüedad de CatComú es que llamarán a participar del 1O, sin darle ningún otro apoyo. Y, como si esto fuera poco, al 1O le quitan cualquier carácter “vinculante”. En síntesis, buscan un 9N de segunda versión para pactar con quien no quiere pactar. Si esto no es ayudar al Gobierno de Rajoy y la oposición del PSOE-Ciudadanos, ¿qué es?
Pero en el Consistorio barcelonés apareció otra propuesta referida al 1O. El ala centralista propuso votar una moción que exalte los principios constitucionales y estatutarios para promover una actuación conforme a la ley contra el referéndum del 1O. La alianza dirigente del Ayuntamiento votó de manera opuesta: el PSC junto a Cs y el PP y BComú junto a ERC CiU y la CUP. ¡Es difícil ser ambiguo!
Navegando en la “nueva” ambigüedad
Había una época, no muchos años atrás, en que dos partidos políticos se repartían el dominio del Principado (y el dinero). Eran dos partidos que se dedicaban a usar el sentimiento de catalanidad de la población para mantener los negocios que la burguesía catalana. Convergència i Unió y el Partit Socialista de Catalunya navegaron entre las aguas de la catalanidad y las de los negocios de la burguesía catalana con la burguesía centralista casi durante 35 años.
Sin embargo, no pudieron seguir con su “esquema” político. CiU ya no existe y Convergència Democràtica se transformó en PDeCAT con un discurso independentista y así abandonó la ambigüedad del pujolisme. El PSC que se apuntó el gran negocio del Área Metropolitana y las Olimpíadas del ’92 bajo el ala de Maragall, también abandonó la ambigüedad hacia las posiciones centralistas impuestas por el PSOE. Lo que no abandonaron fueron los casos de corrupción que les azotan.
Desde 2012 se abrió un nuevo escenario político y social en el cual la gran mayoría de la población quiere votar y una importante franja de la población quiere la independencia. La nueva ambigüedad (algunos le llaman nueva política) es la de los Comunes, la de Catalunya en Comú. Es la ambigüedad de que los catalanes puedan votar si se separan o no, pero bajo las reglas que impone la restringida Constitución del 78. Eso es un claro ejemplo de oxímoron.
Es en éste nuevo espacio en el cual tratan de afianzarse los comunes. No llevan las mochilas cargadas de corrupción como el PSC y Convergència-PDeCAT. Y, se apoyan en la figura de Ada Colau que surgió como activista de la PAH. En las municipales lo han explotado al máximo y ahora se preparan para dar el salto a la Generalitat. En este carro se apuntaron antiguos socios de la “casta” del Tripartit como Iniciativa y Esquerra Unida.
1O, un talón de Aquiles de los Comunes
Sin embargo, la “nueva” política tiene un talón de Aquiles que se llama 1O. La semana pasada decían que más allá de lo que fuera el 1O, Barcelona se pondría a disposición del 1O. Por activa y por pasiva han aclarado que la convocatoria formal no existe y que no hay garantías de que Junts pel Sí garantice un Referéndum con garantías.
Sin embargo, miran desde el balcón a ver qué pasa. Si pasa algo dirán que han estado y si no pasa nada dirán que lo han advertido. Expertos en nadar y guardar la ropa. Esta ambigüedad les llevará a ser aplastados por los polos que quieren la independencia por un lado, y por el otro los que quieren seguir dentro del Estado español. Muchas veces se acaban castigando las medias tintas en las elecciones, sino veamos la situación del PSC y de Convergència.
La ambigüedad, igual que la mentira, tiene patas cortas y no permite ir rápida. Colau lleva más de un año gobernando con aquellos que otrora (no hace tantos meses) eran la casta. Sus, socios, los socialistas catalanes, es una manifestación clara de la ubicación política de los Comunes. No hay que olvidar que algunos de los Comunes fueron socios de la “casta” apenas hace unos poquitos años.
La “nueva” política, en fin, tiene un grave problema: respetar las reaccionarias instituciones del 78. Ya sea la de Podemos y Pablo Iglesias a nivel de todo el Estado, ya sea la de los Comunes en la situación especial de Catalunya. Siempre respetan éste régimen. Lo han hecho algunos de sus socios, y lo hacen ahora pidiendo pactar el referéndum. Lo hacen al buscar una alternativa con el PSOE o cuando la buscan con el PSC. Se parecen mucho a la política de siempre.
Más que herederos políticos del 15M, son los enterradores de éste importante movimiento social que alumbró la crisis del moribundo Régimen del 78. El 15M levantó a la juventud tan castigada por la crisis, tan vilipendiada como “ni-ni”. La “nueva” política ya no tiene huellas de ese movimiento. Pase lo que pase el 1O, los Comunes parece que no pasarán la prueba de los acontecimientos y es probable que sean devorados por los mismos.