El sindicato docente convocó a elecciones de Comisión Directiva el 7 de julio, solo dos días después de las elecciones generales en la Ciudad. Entre maniobras e intento de proscripción se oficializó la lista Multicolor y habrá una disputa entre la actual conducción y la oposición. Idas y vueltas de una Juventud “divino tesoro” que gira a derecha. Macartismo pos moderno.

Federico Puy Docente | Secretario de Prensa Ademys
Miércoles 6 de mayo de 2015
Hay que decirlo, la juventud de la lista Celeste, como parte de la propia interna de la burocracia sindical, no es algo completamente homogénea. En ella están contempladas diferentes facciones de la Juventud Peronista, como la JP Evita, La Cámpora y algunos ex Sabbatellistas tardíos. También, y sobreviviendo, está el Partido Comunista, hoy kirchnerista referenciado en el estalinismo, que completa este paisaje de agrupaciones políticas. Muchos de ellos ocupan cargos en los despachos legislativos del bloque del FPV y ministerios del Gobierno. Otros están con comisión de servicio en el sindicato.
En un primer momento, con el envión de la presidencia de Néstor Kirchner, las juventudes sindicales de la –ese entonces única– CTA, fueron el corazón de ese movimiento político que vino a desviar las jornadas revolucionarias de 2001. Con vientos de cola en la economía y crecimiento a tasas Chinas y la bajada del cuadro de Videla, el llamado a los jóvenes para meterse en la política parecían avivar una llama que supo ser fuerte en las juventudes peronistas en los 60 y 70, como la JTP (con inserción y disputa política en las fábricas) y las diferentes tendencias en aquella época. Algunos de los militantes de la juventud celeste salieron de las pocas huestes de la universidad donde el kirchnerismo aún no logra hacer pie (acá no se cumple el “tarde pero seguro”) y otros de los terciarios de las Escuelas Normales, donde muchos también hicimos dicha experiencia en la coordinadora de terciarios (Interterciarios), con la formación de los centros de estudiantes, y con la derrota tras la lucha por el cambio de los planes de estudio, y hemos visto a esta maravillosa Juventud Celeste nacer, crecer y burocratizarse, durante la dekada ganada.
La “pequeña política” y su lejanía del movimiento obrero
Lejos de tomar las encíclicas papales de “hacer lío en las diócesis” (un Papa al que los K ayer cuestionaban y hoy reivindican o al menos callan) esta Juventud que se decía nacional y popular y se consideraba el ala izquierda y “obrerista” del movimiento K, se adaptó a todas las políticas de conciliación con las fuerzas armadas, a las represiones a la vanguardia obrera, como en LEAR, y a tener a Milani como jefe del Ejército. Lejos de la clase obrera, prefirió un espacio propio y “puro” de la CTA donde el movimiento obrero industrial no tiene ninguna representación ni peso. No han dado “la pelea desde adentro”, sino que le dieron la espalda al conjunto de los trabajadores aceptando que no pueden ser parte del poder real y se dedican a la “pequeña política” recorriendo despachos legislativos o en el arribismo sindical.
Sin contacto con la clase obrera peronista y no peronista, su relación con la política sindical es un espacio de cuatro paredes, con edificio propio y una sala “juvenil”. Como propia interna de la burocracia también son arribistas por un interés meramente propio. Como dijimos más arriba, la militancia de las rentas y los cargos. No saben ni sienten los procesos del movimiento obrero de masas y menos de la vanguardia obrera, que hoy elige a la izquierda como representación sindical y también política con el Frente de Izquierda.
Sindicalismo K y política Sciolista
Es una coyuntura difícil para los K en un fin de ciclo y sin recambio presidencial con el fin de mandato de CFK, con diferentes elecciones perdidas en las provincias, entre las que se cuentan la pérdida del segundo lugar a manos del FIT (sí, los que propusieron “ganar lo mismo que una maestra”), quedando terceros en la capital mendocina. Pero para los sindicalistas K se abre una situación aún peor. Tienen que buscar su propio espacio los Marín del FOETRA en Telefónicos, los Beto Pianelli en el subte (donde la izquierda avanzó hacia la minoría del secretariado ejecutivo de la AGTSyP) o en Aerolíneas Argentinas con APA. En Telefónicos y Aeronáuticos sigue habiendo precarización laboral luego de muchos años de kirchnerismo. Pero al mismo tiempo, en UTE, APA, AGTSyP y FOETRA ha venido creciendo sistemáticamente una oposición clasista por la fortaleza de la izquierda combativa y por los errores de estas conducciones que al estar tan pegados y ser ministros sin cartera del Gobierno nacional, no han conseguido logros para su propia base.
Ante esta nueva situación la juventud K tiene una ubicación doblemente oportunista y se pronuncia por el giro a derecha. En CABA apostar a Recalde (o a Cerruti o Ibarra que fueron superados por el FIT) muestran como las pruebas electorales de los representantes del llamado “núcleo duro”, y ahora de La Cámpora, demuestran las contradicciones generales de la fracción “progresista” del kirchnerismo. Aquí nada (¿y se ahoga?) la Juventud Celeste.
Más temprano que tarde tendrán que llamar a votar a Scioli. Su correligionario bonaerense Baradel aún no lo explicitó, pero ya está en campaña “Scioli 2015”: mientras las docentes de la provincia se organizaban y salían a pelear porque el gobierno provincial no pagó sus salarios masivamente, “el Roby” no solo no movió un dedo sino que además no denunció a Scioli y acusó a la izquierda diciendo que las legítimas protestas se trataban de “una iniciativa político partidaria”. ¿Se cambiarán el nombre de “la Celeste” a “la Naranja”?
Scioli, hijo político de Menem, es un candidato del pejotismo rancio que –junto a los barones del conurbano y los gobernadores como Gildo Infrán–, será el recambio de Cristina. La triple B (barones del conurbano, Policía Bonaerense y burocracia sindical) los deja asfixiados y no hubo ningún el cambio que pregonaban. Triunfó el peronismo permanente de los barones y la burocracia sindical de Gerardo Martínez. Aún no se les ha caído ni una palabra al respecto de toda esta situación. Siguen pronunciándose a favor de la continuidad del general César Milani, quien fuese denunciado por crímenes de lesa humanidad, y saludan el abrazo de Hebe de Bonafini con sus verdugos.
Como diría Fernando Rosso, director de La Izquierda Diario: “Demasiado kirchneristas para el clima sciolista que han sabido construir, demasiado impotentes e (in)creíbles para postularse con fuerza como ’los pibes para la liberación’. La ficción de una “batalla cultural” que va encontrando su verdad en el desierto de la política real”.
Las brujas no existen, pero que las hay, las hay
Ante esto, los docentes de la Corriente Nacional 9 de Abril-Lista Marrón (PTS + Independientes) fuimos consecuentes. Dimos el debate en nuestras escuelas y construimos mandatos mocionando una gran campaña por el "Fuera Milani", que la Celeste maniobró para no votar. Pero no es lo llamativo las maniobras de una conducción que tiene años de burocracia, sino su Juventud divino tesoro, pichones de aquellos, que su respuesta ante Milani y Scioli fue tirarse contra los partidos de izquierda en particular. “No queremos partidos”, fue su grito. Hoy en el medio de la campaña sindical sacan afiches contra los partidos de izquierda y marcan a los militantes en las redes sociales. "Si no le gusta mis principios… tengo otros", diría Groucho Marx.
Con la definición de macartismo de Wikipedia alcanza: “Se origina en un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956 durante el cual el senador Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un extendido proceso de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas”. Este macartismo contra la izquierda no es más que una cortina de humo para ocultar que vienen jugando con el macrismo y dejando pasar todos y cada uno de los ataques a la educación pública como el cierre de las Juntas de Clasificación docente, el cierre de grados y el presupuesto más bajo para educación de la Ciudad.
Hoy la Juventud Celeste es la máxima expresión del rol restaurador que juega el kirchnerismo, como desvío de las jornadas revolucionarias de 2001. Esta Juventud que pretenden ver en el peronismo al partido de la transformación, más que al partido de la contención y en la burocracia sindical a los genuinos representantes naturales de los trabajadores, más que a la policía interna del movimiento obrero.
Los sectores que se opusieron a los métodos irregulares e indiscriminados de McCarthy denunciaron el proceso como una “caza de brujas” y llevó al destacado dramaturgo Arthur Miller a escribir su famosa obra Las brujas de Salem (1953).
Hoy a la juventud K además de cargar con las brujas de Salem cargan con el fantasma de Scioli, Berni, Milani y Gildo Infrán.

Federico Puy
Docente | Secretario de Prensa Ademys