Se prepara el XIII Congreso Nacional Ordinario de la CNTE para los días 24, 25 y 26 de marzo. Entre los temas a discutir se encuentra el balance crítico de la jornada de lucha del 2016.
Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Sulem Estrada, maestra de secundaria Agrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas
Miércoles 22 de marzo de 2017
Tras el repliegue de la lucha magisterial el año pasado, los primeros meses de este año estuvieron cruzados por el gasolinazo, las movilizaciones de repudio a esta medida por todo el país y por el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, sus políticas antiinmigrantes y las amenazas de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Cuestionado en las calles por las movilizaciones contra el gasolinazo, el gobierno de Peña Nieto intentó aprovechar la ofensiva trumpista para recomponerse políticamente, llamando a la unidad nacional. Al llamado acudió un amplio espectro de empresarios, políticos y personajes de la vida nacional, desde Carlos Slim y la Coparmex hasta Enrique Graue, pero no los trabajadores, los sectores populares y las clases medias movilizadas.
Incluso Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que es visto por millones de trabajadores y jóvenes como una alternativa opositora, declaró su apoyo a Peña Nieto ante Trump.
En este marco, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ingresó al Senado de la República su Iniciativa Ciudadana y Popular “Educación Pública para Todas y Todos”.
¿Por qué después de la gran lucha del 2016, los dirigentes de la CNTE consideraron oportuno explorar la “vía legislativa”, mientras avanzaba el cierre de filas por arriba y se expresaba un profundo descontento por abajo? Consideramos que esta táctica es el resultado de una estrategia que privilegia la búsqueda de diálogo con el gobierno, antes que el fortalecimiento de la lucha para generar una correlación de fuerzas favorable, sostenida durante años por los dirigentes en turno de la Coordinadora, que hasta el momento nos ha impedido vencer.
Para no repetir los errores del pasado, nos parece imprescindible aprender de nuestras propias experiencias de lucha, en este caso, de la más inmediata.
¿Cuáles son las principales lecciones estratégicas que nos deja el movimiento magisterial-popular del 2016? Pregunta indispensable que intentaremos responder para no partir de cero en la próxima etapa de la lucha, pues la enorme energía puesta en las calles y las vidas perdidas del movimiento no pueden ser en vano.
Sobre el propio balance de la CNTE
Como parte del balance de la lucha magisterial del 2016 contra la reforma educativa, la dirección de la CNTE ha planteado algunos elementos que consideramos necesario someter a consideración.
Se destacó en su momento que, como producto de la acción magisterial, pudo detenerse la evaluación punitiva. Esto fue sólo parcialmente cierto, pues aunque se determinó que la evaluación sería voluntaria, siguió siendo obligatoria para quienes salieron como “no idóneos” en el 2015. Además, mientras tanto, a muchos maestros interinos se les presionaba para evaluarse y se eliminaban los nombramientos con código 23.
Por otro lado, el carácter “voluntario” de la evaluación estaba contemplado únicamente para el 2016, como lo muestra el calendario de evaluaciones 2017, en el que la evaluación del desempeño no sólo será obligatoria para todos los convocados, sino que será la tercera y última oportunidad de preservar su empleo para quienes no resultaron idóneos en la primera y segunda rondas.
El otro elemento que la dirección de la CNTE presenta como un triunfo es haber conseguido, producto de la lucha, que la reforma educativa quedara desacreditada entre amplios sectores de la población y la opinión pública.
Sin embargo, esto deja de lado que a pesar de semejante descrédito, la política de la dirección (y de los sindicatos opositores que declaraban su “apoyo”) no buscó desarrollar la movilización contra el gobierno a un nivel superior.
Y aunque es innegable que la violencia y el autoritarismo del gobierno, enfrentado a la heroica resistencia magisterial, se tradujo en un profundo clamor popular por echar abajo la reforma educativa y en un amplio movimiento democrático a favor de los maestros, esto no debe impedirnos ver la continuidad de la ofensiva y sus avances contra la educación pública y los derechos de los trabajadores de la educación, sobre todo desde el
levantamiento de los paros y el “repliegue táctico” del movimiento.
Nos referimos al avance de la privatización educativa mediante el programa Escuelas al CIEN, a la presentación del Nuevo Modelo Educativo, al programa de Reconcentración de Escuelas, a la reactivación del operativo Mochila Segura que da entrada a la policía en las escuelas y al Plan de Acción para la Prevención Social de la Violencia y el Fortalecimiento de la Convivencia Escolar, que criminaliza a los estudiantes. También a los cambios arbitrarios de clave que liquidan la plaza base y la estabilidad laboral, y como mencionamos líneas arriba, a la vuelta a la obligatoriedad de la evaluación para este año. Sin olvidar el recorte al presupuesto educativo, el aumento del autoritarismo y la carga laboral-administrativa en las escuelas y, por supuesto, a los maestros que siguen presos, a los cesados y la continuidad de la represión contra los maestros que luchan.
Todo esto refleja un avance estratégico del gobierno, cambiando la relación de fuerzas entre éste -apoyado por los charros sindicales- y los trabajadores.
Por eso consideramos necesario evitar toda visión triunfalista sobre el grado de avance de la ofensiva del gobierno y la relación de fuerzas que ésta muestra, para no caer en balances erróneos que nos desarmen políticamente.
Somos conscientes de la enorme importancia de la lucha que dimos los maestros y maestras el año pasado junto a padres y madres de familia y sectores del pueblo trabajador, misma que ocupó el centro del escenario político nacional y metió en serios aprietos al gobierno durante varios meses.
Y es precisamente por eso, por la profundidad y la amplitud del proceso, por la combatividad y la disposición a la lucha mostradas, que consideramos que un balance que obvia el avance del ataque y presenta como grandes logros lo conseguido hasta ahora, en realidad oculta que el movimiento daba para mucho más, y que la falta de una estrategia correcta, para vencer, fue lo que llevó al desgaste y al retroceso magisterial-popular sin que a la reforma se le tocara ni una coma, posibilitando en cambio que el gobierno pasara nuevamente a la ofensiva.
Una estrategia correcta hubiera sido la que lograra frenar el ataque, con la unidad de todos aquellos que resisten los planes de este gobierno y las reformas estructurales, para echar abajo la reforma clave para la cual fue llamado Aurelio Nuño, logrando con ello, además, un debilitamiento y mayor exposición del gobierno ante las masas.
Desde este posicionamiento, se podía haber convocado a la movilización y la preparación del Paro Nacional, una política que podría haber impactado a sectores oficialistas del magisterio y a miles encorsetados por el control charro.
El impulso del Paro Nacional era clave en la lucha magisterial, pues implicaba avanzar hacia la unidad de las filas de los trabajadores, de los padres de familia y la población en general que simpatizó con los maestros en paro.
Incluso, en caso de que no se hubiera podido tirar la reforma, se podría haber producido un cambio en la relación de fuerzas entre las clases, y una experiencia que hubiera ayudado a la maduración del movimiento obrero-popular, al fortalecerse o crearse organismos democráticos y con independencia de clase para el combate.
Por supuesto, esto hubiera posicionado a la CNTE como uno de los batallones más fuertes del movimiento obrero, preparándolo, forjándolo para ir por nuevas posiciones.
La crítica que hacemos a la dirección de la CNTE es por no apostarse para este cambio en la relación de fuerzas entre el Estado y los trabajadores, optando por contener la lucha en los márgenes impuestos por esta democracia para ricos.
Aceptar los errores no demerita la importancia de la resistencia presentada ante la ofensiva del gobierno. Por el contrario, opinamos que nos fortalece para futuras batallas si sacamos las lecciones apropiadas de ellos.
A modo de aporte a nuestro movimiento y su futuro desarrollo, queremos compartir las que para nosotros son las principales lecciones estratégicas que deja el movimiento magisterial-popular del 2016.
Unidad magisterial, obrera y popular
La principal fortaleza del movimiento consistió, a nuestro entender, en que a diferencia del 2013, esta vez los cuatro estados bastiones de la CNTE (Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero) pararon simultáneamente, lo que arrojó la significativa acción conjunta de más de 200 mil trabajadores y trabajadoras de la educación durante 4 meses, además de los paros parciales en otros estados. Sobre esta base, los bloqueos carreteros apoyados por padres de familia, estudiantes y vecinos que impedían la circulación de mercancías en Chiapas y Oaxaca, provocaron la furia de los empresarios, cuyos intereses salió a defender el gobierno llevando a cabo la brutal represión en Nochixtlán.
Nochixtlán marcó un salto en la extensión del movimiento, en un momento de mucha inconformidad popular, con importantes muestras de solidaridad nacional e internacional, además de la sintomática entrada en escena, en el norte, de los maestros de Nuevo León, que metieron en aprietos al gobernador “independiente”, el Bronco, y a la burocracia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en el estado; y en el centro, de los maestros de la Ciudad de México, protagonizando en ambos casos importantes paros.
Como es sabido, fue la acción conjunta de maestros, padres de familia y sectores populares la que logró sentar a la mesa a las autoridades después de más de un año de negarse a cualquier diálogo, mostrando toda la fuerza que cobraba el movimiento.
¿Qué hacía falta para terminar de doblarle el brazo al gobierno? Consideramos, en primer lugar, que la dirección de la CNTE careció de una política para soldar la unidad de las filas magisteriales en todo el país, pues muchas de las manifestaciones contra la reforma se realizaban por fuera de la Coordinadora, un elemento altamente progresivo que opinamos no se tuvo en cuenta.
A diferencia del 2013, cuando se realizaron los Encuentros Nacionales Magisteriales Populares, que eran un paso en el sentido de la unidad, esta vez la CNTE, el principal referente de la disidencia magisterial, adoptó una política sectaria desde nuestro punto de vista, y desechó la enorme tarea que tenía como dirección de extender el movimiento a esos miles de compañeros y compañeras que siguen sin poder zafarse de la dirección del SNTE, como planteamos reiteradamente desde Nuestra Clase.
Por otra parte, el gran ausente durante el proceso magisterial fue -como en el 2013- el movimiento obrero, lo cual obedeció, por un lado, a la ausencia de una política concreta por parte de la dirección de la CNTE para llamar al paro solidario -o paros escalonados- y a la movilización unitaria. Sorprende entonces que, como parte del balance del 2016, los dirigentes de la Coordinadora planteen como elemento de debilidad la no participación de los trabajadores de la educación media superior y superior, como lo hicieron en el foro de Casa Lamm el 5 de diciembre.
Si la dirección hubiera planteado ante las bases de esos sindicatos la necesidad de unir fuerzas, para actuar como uno solo ante el ataque a los derechos de los trabajadores a través de las reformas estructurales (como la laboral, etc.), la idea del paro nacional habría tenido bases sólidas como herramienta combativa.
Por el otro lado, salvo por un paro de los trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), otro en la Universidad de Chilpancingo y el acompañamiento a algunas movilizaciones por parte de sindicatos como el de telefonistas, el STUNAM, el SITUAM, el SUTIEMS y algunos sectores del sindicato minero, las direcciones de los sindicatos que se reclaman democráticos y opositores, como los agrupados en la Unión Nacional de Trabajadores y la Nueva Central de Trabajadores, se limitaron, en el mejor de los casos, a pronunciamientos en solidaridad, fotos y declaraciones para los medios. Esta política, absolutamente insuficiente, tuvo continuidad en el apoyo de los dirigentes de los telefonistas y los del STUNAM a la Iniciativa Ciudadana de la CNTE, de la cual nos ocuparemos más abajo.
Mención aparte merece la confluencia en las calles que, en los hechos, se produjo entre los trabajadores de la educación y los de la salud, aunque en este caso, lamentablemente, tampoco hubo una política para desarrollar y soldar la unidad en la acción.
Para generar una relación de fuerzas favorable al movimiento, era necesario ligar la lucha magisterial -con un programa contra los planes del gobierno- a las del resto de los sectores que sufren el embate de las reformas estructurales, fortaleciendo al mismo tiempo a las secciones en paro de Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Guerrero y la Ciudad de México.
Durante los meses de lucha, los maestros de la Agrupación Nuestra Clase insistimos en la necesidad de que la CNTE convocara a un gran Encuentro Nacional de sindicatos, organizaciones solidarias y sectores en lucha para discutir democráticamente un plan de acción unificado y preparar el paro nacional, en la perspectiva de sumar a los millones de trabajadores atenazados por las burocracias sindicales oficialistas y a los que no tienen sindicato, para luchar no sólo contra la reforma educativa sino contra el conjunto de las estructurales, que han provocado mucho descontento en la población trabajadora.
Lo anterior, partiendo del hecho contundente de que, a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio y la transformación de nuestro país en una plataforma de exportación a Estados Unidos, hoy en México los trabajadores asalariados alcanzamos una cifra que ronda los 42 millones, lo que muestra el gran potencial de fuerza de la clase trabajadora.
En cambio, tanto las reuniones de articulación convocadas por la CNTE, como las más de 60 reuniones intermedias con representantes sindicales, al llevarse a cabo únicamente “por arriba” y no con la participación de las bases, se mostraron impotentes para forjar un frente único capaz de torcerle el brazo al gobierno con los métodos de lucha de los trabajadores, como el paro y la movilización en las calles.
Auto-organización democrática desde las bases
El hecho de que fuera Chiapas el último estado en levantar el paro responde, en parte, a que fue en ese estado en donde la lucha contra la reforma educativa concitó mayor apoyo, o más precisamente, donde los más amplios sectores populares tomaron esta lucha como propia. Para muestra, recordemos la organización magisterial-popular para sostener los bloqueos carreteros, las imponentes movilizaciones masivas, la solidaridad de los vecinos frente a la represión policiaca o la organización del pueblo de Chiapa de Corzo para impedir la entrada de la policía federal.
Otro caso que queremos destacar es el de la Ciudad de México, en donde el paro de la Sección 9 -acompañado en menor medida por las secciones 10 y 11- y el despertar del movimiento magisterial-popular que hizo recordar la Primavera Magisterial de 1989, fue el fiel de la balanza para abrir las mesas de negociación en Gobernación.
Desde los barrios y colonias, en distintas delegaciones y zonas, madres y padres de familia y otros sectores del pueblo trabajador, normalistas, estudiantes y vecinos, se unieron a los maestros para echar abajo la reforma educativa. En muchos casos, fueron los propios padres quienes cerraron las escuelas. Por delegación o zona, en nutridas asambleas se discutían las acciones, y decenas de miles confluíamos en las movilizaciones centrales convocadas por la CNTE. Se iniciaba así un fenómeno de organización en torno al movimiento magisterial, que era necesario potenciar bajo una política independiente de padres y colonos junto a los maestros de base.
Mientras tanto, el Pleno de Representantes de la Sección 9 y la Asamblea de Coordinación de las Secciones 10 y 11 se nutrían con cientos de trabajadores de la educación, surgía la Asamblea Democrática de Escuelas Secundarias Técnicas y se incorporaban a la lucha los maestros de Educación Física.
Para desarrollar estas tendencias, unificarlas y fortalecer el movimiento, era precisa una política de auto-organización desde las bases, misma que los maestros de Nuestra Clase propusimos bajo el nombre de Asamblea Metropolitana, en la que tuviéramos voz y voto quienes poníamos el cuerpo en los paros, marchas, mítines, cortes de calle, semáforos informativos, metros populares, etc., y pudiéramos decidir democráticamente el rumbo de la lucha, los pasos a seguir, y por ejemplo, qué aceptábamos y qué no en las mesas de negociación.
La separación de los trabajadores de la educación capitalinos entre las secciones 9, 10 y 11 responde claramente al interés de las autoridades en mantenernos divididos. Lamentablemente, en los momentos en que más requeríamos superar la división, está política fue sostenida -en los hechos- por los dirigentes de la CNTE en la ciudad.
La propuesta de realizar una Asamblea Metropolitana -que incluyera por supuesto a la Sección 36 del Estado de México- fue muy bien recibida por los compañeros y compañeras de base, pues contenía el sentimiento de unidad que expresábamos todos en las acciones, y la convocatoria y fecha de realización de hecho fueron votadas en la Asamblea de Coordinación de las Secciones 10 y 11.
Sin embargo, era tal la oposición del sector dirigente de la Sección 10 a impulsar esta política unitaria, tal el apego a manejar las cosas por arriba, que decidió a espaldas de la base consultar primero con los dirigentes de la Sección 9, con los que acordaron crear una comisión de enlace de la que nunca se supo nada, para después volver a la Asamblea de Coordinación a explicar que no había condiciones y hacer votar que se levantara la convocatoria a la Metropolitana.
En el caso de la Sección 9, aunque la propuesta también fue bien recibida por el Pleno de Representantes, la maniobra de la dirección consistió en enviar la propuesta a la Asamblea Nacional Representativa, de donde nunca volvió.
De esta forma, la dirigencia de la CNTE en la Ciudad de México impidió que en la capital, el centro político de la nación, se desarrollara hasta su máxima expresión el enorme potencial que mostraba el movimiento, uniendo esa fuerza a los cuatro estados en paro para extender desde ahí la lucha a todo el país.
Por sí sola, la Asamblea Metropolitana no hubiera sido garantía de triunfo, pero indudablemente hubiera hecho avanzar el movimiento, y aún en la derrota habría significado una importantísima experiencia de auto-organización democrática desde abajo, dejándonos en mejores condiciones para las luchas por venir.
Secciones recuperadas, charros cuestionados y la lucha por la recuperación del SNTE
Indudablemente los estados en los que el proceso alcanzó mayor desarrollo fueron Chiapas y Oaxaca, lo cual no es casual, pues es precisamente en esos estados en los que la CNTE ha logrado recuperar las secciones 7 y 22 del SNTE de manos de la burocracia charra. Este solo hecho, muestra la importancia de la recuperación de las secciones sindicales por el magisterio democrático para luchar contra los planes del gobierno y el imperialismo.
Además, la capacidad de movilización magisterial en Michoacán y Guerrero no se explica sin la fortaleza de la CNTE en esos estados, al igual que en la Sección 40 de Chiapas y la 9 de la Ciudad de México.
Para nadie es un secreto que en la lucha por imponer a sangre y fuego la reforma educativa, el gobierno cuenta con el apoyo servil de la cúpula charra del SNTE, misma que, a pesar de haber aparecido milagrosamente el año pasado para negociar con Aurelio Nuño -mientras la CNTE negociaba en Gobernación- los términos de la implementación de la reforma, en una mesa que no tuvo ninguna trascendencia, permanece fuertemente cuestionada por los trabajadores de base.
Durante los meses de lucha, este cuestionamiento se expresó activamente en amplios sectores de maestros, que salieron a las calles superando el control charril en los estados, destacándose casos como el de Nuevo León.
Por ello, consideramos que en la lucha del 2016 contra la reforma educativa, se generaron nuevamente -como en el 2013- condiciones propicias para que, desde las posiciones ganadas, la CNTE retomara decididamente una de sus banderas fundacionales, y le planteara al conjunto de los trabajadores de la educación que salían a luchar enfrentando a sus dirigentes charros, la perspectiva de la recuperación del SNTE (el sindicato más grande de América Latina con más de 1 millón 200 mil miembros) como poderoso instrumento de lucha, integrándola como una de las consignas centrales del movimiento, como propusimos en su momento desde Nuestra Clase.
Así, parte de la debilidad estratégica fue no pelear para avanzar sobre el control charril del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, con política hacia el magisterio de base llamado “institucional”, lo que muy probablemente hubiera fortalecido al magisterio combativo y debilitado a los que subordinan el sindicato a los intereses del gobierno y la patronal. En nuestra opinión, esto se explica por no concebir la lucha como una forma de avanzar en posiciones que apuntaran a cambiar la relación de fuerzas en el conflicto magisterial con el gobierno.
Sin embargo, en estos momentos de retroceso de la lucha magisterial, los charros del SNTE aprovechan para pasar a la ofensiva, apostándose a cooptar maestros mediante campañas como “Por la Educación y la Escuela Pública”, o posando de defensores de los derechos de los trabajadores de la educación, como vimos recientemente en la presentación del nuevo Modelo Educativo. Por eso, en el próximo Congreso de la CNTE, la discusión sobre la recuperación del SNTE debe ser de primer orden, para resolverse medidas audaces en ese sentido.
La recuperación del sindicato, indudablemente, fortalecería no solo a los trabajadores de la educación, sino al conjunto del movimiento obrero y popular en la lucha contra los planes de miseria del régimen del Pacto por México.
Independencia de clase
Al calor de la crisis económica internacional abierta en 2008 y como corolario de las políticas neoliberales de las últimas décadas, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) viene orquestando una ofensiva global contra la educación pública, como parte de las medidas que los distintos gobiernos vienen implementando para descargar la crisis sobre los trabajadores y los pueblos.
En México, además de privatizar la educación pública y convertirla en un negocio, de modificar sus contenidos de acuerdo a criterios de eficiencia empresarial, de liquidar los derechos de los trabajadores de la educación, de someternos a un férreo control burocrático-administrativo y de volver al sindicato un simple adorno, uno de los aspectos estratégicos de la reforma educativa consiste en asestar un golpe histórico a la CNTE, el sector de trabajadores que más activamente se ha opuesto a los planes del gobierno, y eliminar así una fuente de conflictos gremiales y políticos.
Al conformar el Pacto por México, votar las reformas estructurales e implementarlas, los partidos del Congreso no han hecho más que representar los intereses de los grandes empresarios, organizados en Mexicanos Primero para opinar y marcar la pauta en materia educativa y laboral.
En tales condiciones, no podíamos esperar ninguna disposición del gobierno, las instituciones o los partidos del régimen para resolver nuestra demanda de abrogar la reforma educativa, lo cual hubiera abierto el camino para echar abajo el conjunto de las reformas estructurales.
Así lo mostraron las evaluaciones militarizadas, el asesinato del Profesor David Gemayel Ruiz en Chiapas o la continua represión policiaco-militar contra el movimiento, sumados a la campaña de la SEP y Gobernación que, con la mesa de diálogo como telón de fondo, hicieron aparecer al magisterio como intolerante ante un sector de la opinión pública, en tanto se recomponía la maltrecha imagen de Aurelio Nuño.
Nuestras demandas solo podían ser impuestas por la fuerza de la movilización, con o sin mesa de negociación mediante, para lo cual era necesario impulsar el desarrollo de la auto-organización democrática y la unidad magisterial, obrera y popular, partiendo de una política de independencia política de los trabajadores, como no nos cansamos de insistir desde Nuestra Clase.
La extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009, durante el gobierno panista de Calderón, marcó el inicio de un importante cambio en la relación del Estado con los sindicatos, expresándose una línea más dura del primero respecto a los segundos, reduciéndose o desapareciendo el margen de negociación para profundizar la ofensiva empresarial contra las conquistas de los explotados y oprimidos. La detención de la burócrata oficialista del SNTE, Elba Esther Gordillo, y después la extinción del IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca), confirmarían esta línea.
Por ello, tanto en el 2013 como en el 2016, la táctica de movilización-negociación-movilización de la CNTE chocó contra la pared, resultando infructuosa ante un gobierno dispuesto a imponerse a toda costa.
Con el acento puesto en la búsqueda de la negociación y no en el fortalecimiento independiente del movimiento, las mesas de diálogo resultaron una trampa tendida por el gobierno para desviar y desgastar la lucha. En lo inmediato, como medida de distensión, y es en ese sentido que se entiende la liberación de los dirigentes de la Sección 22, pero no de todos los maestros presos.
Ya desde que se anunció la apertura de las mesas con Gobernación, la dirección de la CNTE mostraba poca confianza en las fuerzas del movimiento, cambiando burocráticamente -sin consultar a las bases- la consigna de abrogación de la reforma educativa por la de suspensión definitiva, como muestra de buena voluntad hacia el gobierno, lo que desde Nuestra Clase señalamos como un error.
Durante la lucha, la exigencia del gobierno de levantar los bloqueos carreteros como condición para reanudar el diálogo, dejó ver una diferencia de métodos -que en realidad reflejaba diferencias estratégicas- entre la dirección magisterial, que terminó cediéndole al gobierno, y la base, que se resistía a levantar los bloqueos, como vimos por ejemplo en San Cristóbal de las Casas.
A tal grado se mostró como incorrecta la confianza de la dirección del magisterio disidente en las autoridades -en oposición estratégica a la confianza en las propias fuerzas-, que para el levantamiento del paro en Chiapas, al gobierno le bastó con prometer el aplazamiento de la reforma en el estado hasta el 2018, y desconocer su dicho una vez que los maestros habían votado el regreso a clases.
Pero la carencia de una política independiente no se reduce a la búsqueda del diálogo con el gobierno -como insiste hasta hoy la dirección de la CNTE- sin preocuparse por generar una relación de fuerzas favorable, para imponer las demandas por la fuerza, sino que se manifiesta como política de búsqueda de acuerdos, colaboraciones y aliados entre sectores ajenos a los intereses de los trabajadores, y como estrategia opuesta a la necesidad de recuperar el SNTE para convertirlo en una herramienta de lucha de los trabajadores de la educación y romper su subordinación al Estado.
Previo a las elecciones del 5 de junio de 2016 en Oaxaca, la dirección de la Sección 22 llamó a votar por el candidato a gobernador del Morena, Salomón Jara, a pesar de que este personaje había formado parte del gobierno de Gabino Cué, induciendo al magisterio oaxaqueño a repetir la experiencia que ya había hecho con el PRD.
Hoy, el derrotero iniciado con el llamado a votar por Salomón Jara, tiene continuidad en la política impulsada por la dirección de la CNTE de Iniciativa Ciudadana, ingresada al Senado el 9 de febrero y consistente no en abrogar la reforma educativa, sino en reformarla, contando con el apoyo de “legisladores comprometidos”.
Junto a ello, se plantea que “una vez aprobada esta Iniciativa, se establece un plazo de seis meses para la construcción del Proyecto de Educación Democrático”, haciendo depender todo de la buena voluntad de los legisladores, es decir, del Congreso de la Unión, la misma institución y los mismos partidos que aprobaron la reforma.
Reconociendo el carácter progresivo de varios de los contenidos planteados en la propuesta de la CNTE, cuestionamos que mientras el movimiento contra el gasolinazo recorría el país, incorporando entre sus demandas echar abajo todas las reformas estructurales y al gobierno de Peña Nieto, que por su parte, tratando de recomponerse llamaba a la “unidad nacional” frente a Trump, se hayan ido a tocar las puertas del Senado sin impulsar, simultánea y decididamente, la reorganización del magisterio y su unidad con la lucha nacional, legitimando así al Congreso de la Unión en un contexto de repudio de masas y profunda crisis de representatividad de los partidos y las instituciones del régimen, que se preserva hasta hoy.
Por eso opinamos que el camino tomado con la Iniciativa Ciudadana, que no es producto de los “triunfos” que pondera la dirección, representa un giro de 180 grados en la política y los principios que le dieron origen a la CNTE.
Sin negar el derecho que tenemos los trabajadores de recurrir a todas las vías legales que consideremos útiles en nuestras luchas, debemos estar conscientes de que sólo lograremos nuestros objetivos -incluso legislaciones que puedan ser progresivas- con la movilización en las calles, impulsando la unidad, la auto-organización desde las bases y preservando nuestra independencia política respecto a los partidos patronales y las instituciones del régimen.
Sin embargo, aunque en las palabras la dirección de la CNTE plantea una mesa de negociación unitaria, que sólo podría lograrse mediante la recomposición nacional del movimiento magisterial-popular, en los hechos las últimas movilizaciones en Chiapas, Michoacán y Oaxaca han tenido como objetivo negociar por separado en cada estado. Señalemos de paso, que no es casual que Alejandro Murat haya cedido a una mesa de negociación con la Sección 22 en Oaxaca, pues el gobernador está en la lógica de fortalecer la “unidad nacional” y a los de arriba les interesa calmar las aguas.
Y el mensaje que se manda a los trabajadores con la propuesta de Iniciativa Ciudadana, luego de cuatro meses de intensa lucha y en medio del movimiento nacional contra el gasolinazo, Peña Nieto y las reformas estructurales, es que con nuestras propias fuerzas y métodos, junto a nuestros aliados, los explotados y oprimidos del campo y la ciudad, es imposible lograr nuestros objetivos, y que necesitamos para ello de la ayuda de los representantes políticos de los empresarios en el Congreso. Ya anteriormente, la “traición” de Gabino Cué mostró lo equivocado de confiar en los enemigos de la clase trabajadora.
En cuanto a las expectativas en el Morena, aunque sabemos que importantes sectores populares, de trabajadores, jóvenes y maestros ven como alternativa a López Obrador, ya el político tabasqueño, a pesar de la importante convocatoria a movilizarse en solidaridad con el magisterio el 26 de junio pasado, declaró que la reforma educativa no puede abrogarse (solo reformarse), esgrimiendo como argumento que su abrogación pondría en cuestión la autoridad del gobierno.
Ante el creciente desprestigio de Peña Nieto entre las masas, AMLO salió a defender la figura presidencial, reiterándole después su apoyo frente a Trump, preocupado por preservar la estabilidad del régimen y respondiendo así a los intereses de la clase dominante, en la perspectiva de ocupar “la silla” en el 2018, consecuente con su estrategia de la vía legal, civil y pacífica para reformar las instituciones -aunque utópica si consideramos el grado de descomposición de las mismas-, contraria a la movilización y la lucha de los trabajadores.
Y aunque tampoco negamos el derecho de los trabajadores a participar en las elecciones, pues consideramos que es necesario echar abajo las proscripciones impuestas por el INE para aprovechar todo resquicio de esta democracia burguesa a nuestro favor: como tribuna de denuncia de los empresarios y los políticos a su servicio, para que nuestras reivindicaciones retumben en sus recintos y sean escuchadas por millones, y para impulsar la lucha en las calles y la organización de nuestra clase, alertamos que para no caer en la ilusión impotente de la vía parlamentaria, es necesario preservar en todo momento nuestra independencia política y una estrategia de lucha extraparlamentaria.
Así, mientras en el 2016 luchábamos en las calles como parte del movimiento magisterial, desde Nuestra Clase nos hicimos parte del impulso, junto al Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS), de la fórmula Anticapitalistas a la Constituyente para las elecciones del 5 de junio a la Asamblea Constituyente de la CDMX, representada por el maestro Sergio Moissen (candidato independiente) y la maestra Sulem Estrada (suplente), la cual estuvo puesta al servicio de la lucha magisterial y en el terreno educativo planteó, por ejemplo, la abrogación de la reforma educativa, la reinstalación de los maestros despedidos, aumento al presupuesto educativo mediante el no pago de la deuda externa e impuestos a las grandes fortunas, y acceso irrestricto a la educación media superior y superior, así como que cada funcionario cobre igual que una maestra.
Por lo pronto, alertamos que toda vez que el movimiento se encuentra a la defensiva, se corre el riesgo de que las presiones de la coyuntura electoral imperen en un sector importante del magisterio, llevándolo a una salida que reforzaría los mecanismos de control y engaño de la clase dominante. Se plantea entonces la disyuntiva entre organizarnos de manera independiente y apoyados en nuestros propios métodos, o ir detrás de una opción política como la de López Obrador, que se propone "humanizar" el capitalismo.
Hacia adelante, opinamos que la CNTE conserva toda su autoridad como sector de trabajadores que más ha resistido los ataques del gobierno, y debe jugar un papel fundamental en la recomposición del movimiento magisterial, obrero y popular, por ejemplo, planteando en el próximo Encuentro Nacional por la Unidad del Pueblo Mexicano, a celebrarse el 1 y 2 de abril en Belisario Domínguez 32, la necesidad de preparar el paro nacional junto a los sindicatos que se reclaman opositores, lo cual proponemos que se discuta en el Congreso de la Coordinadora.
Por una gran agrupación clasista de trabajadoras y trabajadores de la educación
Para lograr la libertad de los presos y la reinstalación de los despedidos, llevar hasta el final la lucha contra la reforma educativa y todos los planes contra la educación pública y nuestros derechos, en el camino de echar abajo todas las reformas estructurales, los maestros requerimos de un plan para recomponer el movimiento, unificar nuestras filas incorporando la consigna de
recuperación democrática del SNTE y soldar el frente único magisterial, obrero y popular, comenzando por los trabajadores ya organizados en los sindicatos que se reclaman opositores, con el método de la organización democrática desde las bases y no confiando más que en nuestras propias fuerzas. Para ello, es absolutamente necesario levantar bien alto otra de las banderas fundacionales de la CNTE, la independencia política de los trabajadores, como expresión de una estrategia de independencia de clase.
Desde la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase, llamamos a las trabajadoras y trabajadores de la educación a impulsar esta perspectiva mediante la conformación de una gran agrupación clasista, que pueda aportar e incidir decisivamente en el rumbo de las futuras luchas contra el gobierno, la patronal y la burocracia sindical; incorporando como central la cuestión de la mujer en este gremio predominantemente femenino, mediante el impulso de la agrupación de mujeres anticapitalistas, socialistas y revolucionarias Pan y Rosas; en defensa de la educación pública, laica y gratuita, y de los derechos y conquistas de los trabajadores de la educación; por una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo y, en última instancia, por la transformación revolucionaria de las sociedad, que siente las bases para el libre desarrollo de todas las capacidades humanas.
Junto a ello, ante las condiciones creadas por la crisis capitalista, vemos la necesidad de que los trabajadores demos respuesta más allá de las fronteras.
Con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, el imperialismo ha comenzado a mostrar su peor cara: además del anunciado muro, los impuestos a las remesas y la expulsión de migrantes, avanzará la precarización de los trabajadores en el vecino del norte, al tiempo que se redoblarán las cadenas de dominación y opresión sobre nuestro país (y la educación pública no estará exenta), principalmente a través de la renegociación del Tratado de Libre Comercio.
Quienes sostienen -como Peña Nieto, Osorio Chong y López Obrador- discursos de “unidad nacional”, o plantean como salida el fortalecimiento del consumo nacional, ocultan que quien se beneficiaría de estas medidas, en el marco del capitalismo semicolonial mexicano, sería la burguesía nativa, socia menor de la burguesía imperialista e igual o peor de explotadora, que cuenta entre sus filas por ejemplo a Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo; además de que las grandes empresas “nacionales” en realidad están fraccionadas en acciones, cuyos títulos de propiedad ostentan tanto empresarios locales como extranjeros.
A estas políticas ajenas a los intereses de los explotados y oprimidos, desde Nuestra Clase les oponemos el impulso de la unidad internacionalistas y antiimperialista de los trabajadores, las mujeres y la juventud a ambos lados de la frontera, partiendo por un lado de las manifestaciones anti-Trump que se vienen realizando en Estados Unidos, en las que los maestros y estudiantes se han puesto a la cabeza de defender a los migrantes, y por otro de la ofensiva común contra la educación pública y los derechos de los trabajadores de la educación, que nuestros colegas han venido enfrentando en distintas ciudades al otro lado del río Bravo.
¡Súmate a Nuestra Clase y Pan y Rosas!