Prohibiciones, una calle encendida por la movilización y el escenario de la revuelta de Stonewall. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario los jueves de 22 a 24 por Radio Con Vos FM 89.9.

Celeste Murillo @rompe_teclas
Lunes 28 de junio de 2021 00:47
La madrugada del 24 de junio de 1969, la policía de Nueva York hacía una razzia en el bar Stonewall Inn. La presencia de la Policía no tuvo que ver con gays y lesbianas, sino con la licencia para comercializar alcohol (que el bar no tenía).
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Lo que no sabía la Policía es que cuando volviera la madrugada del 28 iba a desatar una revuelta que duraría tres noches y que las barricadas improvisadas del barrio Greenwich Village iban a marcar un antes y un después. Con la inspiración del movimiento de derechos civiles, en las calles movilizadas contra la guerra en Vietnam, el racismo y por la liberación de las mujeres, nació el movimiento de liberación sexual.
Es una historia bastante más vieja, la primera organización en defensa de los derechos de las personas homosexuales en Estados Unidos data de 1924, pero las organizaciones que tendrían algo más de repercusión serían las fundadas en los años 1950, como Mattachine Society y Daughters of Bilitis. Ambas se nombraban como homófilas, escapando a la estigmatización de la palabra homosexual, asociada a delitos penados por la ley y patologías. Pelearon por desnaturalizar prejuicios en un clima adverso.
La Segunda Guerra Mundial había provocado muchos cambios en la vida, las mujeres habían ingresado en masa al mundo del trabajo, explotaron las ciudades y muchas personas vivían por primera vez de forma independiente fuera del seno de sus familias. A la vez, la posguerra fue un momento de reforzamiento de estereotipos y prejuicios. Esa combinación iba a ser la antesala de los movimientos sociales y políticos que estallarían en la década siguiente.
¿Cómo era la Nueva York de los años ‘60?
En los años ‘60 estaban vigentes varias penalizaciones sobre la homosexualidad. Si eras gay o lesbiana no podías ser empleado público (te consideraban pervertido e inestable y por eso permeable al comunismo, piensen que estamos en la Guerra Fría).
Era una práctica común que despidieran a empleadas y empleados públicos por ser homosexuales. Se llegó a hablar de la “amenaza lavanda”, un paralelismo con la “amenaza roja” que alimentó el macartismo y la persecución a cualquier persona que fuera señalada como comunista en los años de la Guerra Fría. A fines de la década de 1950, Frank Kameny fue despedido de su puesto de investigador en astronomía en el servicio de mapas del Ejército estadounidense y decidió pelear. Su caso llegó hasta la Corte Suprema y aunque no logró su reincorporación, fue una de las primeras veces que se desafiaron las leyes y gays y lesbianas hablaron públicamente contra la discriminación.
Las personas homosexuales no podían mostrarse públicamente con una pareja del mismo género y los bares tenían prohibido servirles alcohol.
De hecho, Stonewall no fue la primera protesta en un bar. En 1966, la Mattachine Society iba a los bares de Nueva York, anunciaban que eran gays y pedían una copa. Después de varios intentos lograron que una corte estatal dijera que la prohibición era inconstitucional.
¿Cómo terminó siendo Stonewall Inn un ícono gay?
Incluso después de ese pequeño logro era muy difícil conseguir una licencia para vender alcohol en un bar gay. Por eso muchos eran semiclandestinos y administrados por la mafia. En los años ‘60, los Genovese, una de las cinco grandes familias de la mafia, controlaban la mayoría de los bares gay del Greenwich Village, un barrio universitario (Universidad de Nueva York) con un circuito cultural alternativo muy grande.
No fue una casualidad que alrededor de un bar cualquiera, una noche cualquiera de 1969 brotara una revuelta. El barrio de Greenwich albergó durante décadas los bares y las calles que fueron la casa de quienes no encontraban su hogar en Estados Unidos. Por eso supo albergar revistas socialistas como The Masses (Las masas), que iba a tener entre sus cronistas a nada menos que John Reed (la revista financió su viaje a Rusia en la Revolución de 1917), y enfrentó varios juicios por difundir ideas socialistas.
Varios años antes de Stonewall, Greenwich Village fue el primer reducto de la generación beat, el movimiento literario que se haría famoso por escritores como Jack Kerouac o Allen Ginsberg. Uno de sus libros más famosos, En el camino, narra el gran viaje del Este al Oeste que iba a ser uno de los mitos originarios del movimiento. En la plaza Washington Square, cerca del Stonewall, se juntaban varios de ellos como cuenta Joyce Johnson en su libro Personajes secundarios.
¿Cómo funcionaba Stonewall en un contexto de prohibiciones? Oficialmente, Stonewall era un bar de botella, es decir, el cliente llevaba su bebida y completaba sus datos al entrar, emulando los clubes exclusivos. La gente ponía nombres falsos y llegaban con botellas que dejaban en los autos o en la vereda. El Stonewall era un desastre, la gente que iba decía que era como un baño gigante sin agua, porque no había agua corriente (los vasos se “lavaban” en baldes). Pero era de los pocos bares donde las drag eran bienvenidas, era relativamente barato y era el único bar gay donde estaba permitido bailar.
La familia Genovese tenía un arreglo con la Policía para poder vender alcohol sin licencia y no cumplir las medidas de seguridad básicas.
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La madrugada y la palabra orgullo
Pero la madrugada del 28 de junio la policía llegó sin avisar y empezó una razzia. Hubo golpes y detenciones, desvestían a la gente en los baños para comprobar que el género coincidiera con su vestimenta. La leyenda dice que cuando llevaban a los empujones a una mujer al patrullero, se resistió y empezaron los forcejeos, la gente que pasaba le gritaba a la Policía, se corrió la voz (piensen que es verano en un barrio universitario). Y se armó una batalla campal.
La Policía termina encerrada con un periodista del Village Voice en el Stonewall, en un episodio confuso los mafiosos casi prenden fuego el bar. Al día siguiente el diario Village Voice alimenta la revuelta porque cuenta una versión a favor de la policía.
Esas madrugadas fueron un catalizador de algo que se venía cocinando hacía tiempo. Un año después se hizo una marcha de día. Se llamó “Día de la liberación de la calle Christopher” (donde está el Stonewall). La consigna que más sonó fue “Decilo fuerte, gay es orgullo”. Orgullo en 1969 significó no dejarse humillar por los que humillaban todo el tiempo a la mayoría, los que obligaban a millones de personas a vivir una pesadilla para que una minoría viva el sueño americano.
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Cada vez que veas una publicidad que habla del orgullo o escuches a políticos de corbata autofelicitarse por votar leyes de igualdad un día mientras le cuidan los intereses a los poderosos el resto de la semana, pensá que lo que cambió es resultado de dos cosas: de los momentos en los que se improvisa una barricada de madrugada y de que haya gente que no se conforma con que haya algunos derechos para algunas personas mientras la mayoría sigue viviendo una pesadilla, que hoy tiene otras formas. Por eso, estos días inundados de arcoiris no está de más recordar que Stonewall fue una revuelta contra los que humillan a la mayoría todos los días de la semana.

Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.