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La necesidad de la Ley Trans

En el marco de distintas discusiones que se han dado en torno a la Ley Integral para personas trans, es importante detenernos a pensar, con objetividad y distancia, si este proyecto de ley está siendo tratado de la manera adecuada y si resulta suficiente para los niveles de vulnerabilidad que presenta dicha población.

Sábado 15 de septiembre de 2018

Una ley necesaria, urgente pero mínima e insuficiente

Entendemos la sanción de dicha ley como un asunto de vital importancia, porque es real que al día de hoy la marginación que sufren las personas trans (con especial énfasis las mujeres trans) es innegable. A raíz de la discriminación a la que se enfrentan, abandonan el sistema educativo tempranamente, tienen dificultades para ingresar al mercado laboral, así como en el acceso a la vivienda. Por otro lado, las mujeres trans son quienes presentan mayores niveles de pobreza.

Hasta el año 2017, el censo realizado por el MIDES mostró que 937 personas se declaran trans en Uruguay, siendo solamente el 2% de ellas quienes superan los 65 años de edad. Esta población presenta especiales dificultades para llegar a la vejez debido a que no tienen las condiciones de vida adecuadas. Muchas de estas personas ven afectada su salud tempranamente y, al estar en condiciones de extrema pobreza, sintiéndose a su vez discriminadas muchas veces incluso por el sistema de salud, mueren en la soledad de sus precarios hogares, con la poca dignidad que esta sociedad les ha dejado intacta.

En base a este contexto, no podemos afirmar que la ley sea justa ni adecuada. Sí la entendemos necesaria porque al menos reglamenta derechos que hoy son indispensables para que las personas trans vivan mejor. Pero no dejan de ser derechos mínimos, considerados de tipo fundamental que están siendo tratados como si fuesen beneficios cuando en realidad deberían emerger de la sola calidad de ser personas.

La ley vista con objetividad es paliativa y mínima. Pero aún así, no debemos olvidar que desde el Estado se está intentando modificar para hacerla aún más básica. Los dos artículos que están en mayor discusión son en primer lugar el referente a la reparación económica de personas nacidas antes de 1975, y el segundo es aquel que regula la hormonización en menores.

En cuanto a la reparación, está de más decir que es excesivamente magra, estaríamos hablando de 3 BPC, un equivalente aproximado a $11.500; es una suma insuficiente dada la gravedad de los daños que se buscan reparar monetariamente. Además, si estamos hablando de personas sumergidas en la pobreza, y el único instrumento que se aplica para elevar su estilo de vida es una reparación económica, ¿de verdad podemos pensar que esta suma es suficiente para vivir dignamente? ¿O que esa suma impedirá que mueran en la pobreza? Ese monto tiene carácter de limosna, es una prestación otorgada con el fin de acallar reclamos, y no porque exista un efectivo interés en dicha población afectada. Si así fuese, estas 30 personas (quienes se estiman recibirán la reparación) estarían percibiendo una suma que les permita vivir. A su vez, sería importante destacar que es necesario ejercer paralelamente un proyecto de inserción laboral donde no solo se involucre al sector público sino también al privado.

La discusión en torno al artículo que refiere a la hormonización en menores de edad resulta una falta de respeto hacia los derechos de las y los menores. Hay una carencia de sensibilización en la discusión, donde un grupo de personas cisgénero, busca negociar sin entender el sentimiento de estar en un cuerpo con el que no existe identidad. Lo único que estaremos asegurando si este artículo se modifica, es un mantenimiento o un aumento en el daño psicológico de estos adolescentes, lo que consecuentemente también podría derivar en un aumento en la tasa de suicidios. Les estaríamos condenando a vivir 18 eternos años, negándoles la posibilidad de ser quienes son.

El Estado y la responsabilidad de cada quien

Es evidente la negligencia del Estado al negociar este tipo de derechos con los sectores más conservadores, que abarcan no solo a la derecha, sino que se encuentran también dentro del mismo partido de gobierno.

Entonces, debemos ser objetivos y críticos, lo cual no significa negar los avances que ha tenido incluso la población LGBTQ+ en la última década.

Pero seamos conscientes: si realmente lo quisieran, si realmente se buscara proteger e insertar a la población trans de manera adecuada en la sociedad, el proyecto de Ley original no habría sufrido tantas modificaciones, no se estarían negociando derechos básicos, y estaríamos hablando de beneficios reales - como podría ser el de trabajo genuino en vez de una reparación - y no de derechos mínimos. Si realmente ésta fuera la intención el Frente Amplio, con su mayoría parlamentaria aprobaría la ley sin tantos retrocesos, y no impulsando una juntada de firmas, cuando en sus manos está la posibilidad de que el cambio ocurra inmediatamente.

Entendemos que debemos apoyar a todo movimiento que sea en pro de nuestros derechos, hacer ruido en las calles y mostrarnos a favor de lo que creemos que todos merecemos tener; el derecho a vivir dignamente. No obstante, tememos que nuestra lucha, que la juntada de firmas, sea una forma de evadir la responsabilidad real que poseen senadores y senadoras en la toma de esta decisión. Es una ley que nos urge y que se la debemos hace años a les personas trans, no nos podemos permitir seguir extendiéndola.

Abolir los prejuicios es dar calidad de vida

En 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió eliminar a la homosexualidad de su lista de enfermedades. Posteriormente, se ha eliminado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Sin embargo, 28 años después seguimos luchando contra estos estigmas que se han arraigado a las personas pertenecientes a LGBTQ+. Sin ánimo de olvidarnos de lesbianas, gays y bisexuales, haremos énfasis en les trans y travestis, quienes han estado a merced de todo tipo de violencias psicológicas y físicas, no solo por su condición de disidentes sino también por tener un vivir totalmente fuera del heteronormativo.

Uno de los elementos a enfatizar es la necesidad en hacer foco en la educación para que se incorporen conocimientos sobre la diversidad sexual. Aprendizajes que rompan con estereotipos binarios de identidad y género, que sirvan para eliminar prejuicios. Los mismos que dan lugar a violaciones de derechos, que ponen en juego la vida de las personas trans y prohíben su acceso a la salud, a la educación, a un trabajo digno o llevándoles a la indigencia.

Hemos visto cómo, en un intento nefasto de hacer reír, se ha utilizado el travestirse como herramienta de chiste, ridicularizándoles y dejando en evidencia que nuestra ignorancia es el mayor símbolo de tortura. La sociedad les ha violentado de maneras inhumanas y tan gratuitamente que hoy, deberíamos de estar luchando para devolverles algo de paz.

Así mismo, impulsar una ley no resulta suficiente si no cambiamos nuestras miradas, nuestros propios hábitos. ¡Igualdad legal no es sinónimo de igualdad real! Nos compete como sociedad sensibilizarnos y profundizar en nuestra propia responsabilidad individual. No cuestionarnos el sexismo en el que estamos inmersos es perdernos la posibilidad de ser nosotras y nosotros mismos, no dejar de ver en tonos rosas y celestes nos impide disfrutar de una gama inmensa de colores.

Nuestros derechos no se mendigan, se conquistan

Somos conscientes que los derechos básicos de las mujeres y de la diversidad sexual que hemos conseguido a base de lucha en el marco de este sistema capitalista y heteropatriarcal, no resolverán los grandes problemas de la discriminación, feminicidios, homolestransfobia y la desigualdad ante la vida. Pero, es nuestra obligación luchar por obtener los derechos básicos que garanticen una calidad de vida digna.

Durante todos estos años, con mucha organización y lucha hemos peleado por nuestros derechos, en las calles, en nuestros trabajos y nuestros hogares, perdiendo vínculos, sufriendo discriminación y violencia únicamente por intentar conseguir igualdad ante la sociedad y ante la ley. Por estas y otras razones, hacemos énfasis en que no se nos ha regalado nada, y no queremos que estas ni otras demandas del movimiento de mujeres y de la diversidad sexual sean utilizadas a pro de una campaña electoral, nos han escuchado pero no nos han hecho favores.

Es importante que nuestros movimientos puedan desarrollarse de forma independiente del Estado y de los partidos del régimen. Si de verdad queremos conquistar nuestros derechos en el marco de una pelea más profunda contra este sistema que oprime y explota a la mayoría de la población, las organizaciones sindicales como el PIT-CNT o movimientos estudiantiles como la FEUU junto al movimiento de mujeres tenemos que acompañar fuertemente el reclamo de #leytransya.

Como dice aquella famosa frase: “Cuando un pueblo se levanta, la oligarquía tiembla”. ¡Levantémonos para lograr todo lo que nos merecemos!