En el último tiempo las movilizaciones LGTB han tenido dos ejes principales orientados hacia el matrimonio igualitario y el fin a la discriminación, sin embargo poco se habla de los trans, la ley de identidad de género y los cupos laborales.
Martes 17 de octubre de 2017

La dificultad de ser trans en esta sociedad capitalista y homofóbica se hace cada vez menos visible, aunque la realidad no ha cambiado mucho en el último tiempo a pesar de los avances en derechos democráticos que ha tenido la comunidad LGTB, pues los trans hoy en día son las principales víctimas de la homofobia.
Al hablar de homofobia es necesario tomar en cuenta la homofobia estructural, en ese marco vemos que las compañeras trans son relegadas a la prostitución por distintos factores influyentes, en especial la falta de una ley de identidad de género y la falta de cupos laborales, las principales barreras radican en la constante influencia conservadora de la Iglesia y la Derecha, quienes pretenden perpetuar el machismo y la homofobia que nos ha infectado históricamente.
Otro producto de lo mencionado es la constitución de los “guetos” LGTB, donde gays, lesbianas y trans son divididos en base a su “estatus social”, este producto de la sociedad de clases ha mantenido a la diversidad sexual en un estado de confort apoyado en distintos calmantes que entrega el capitalismo rosa.
El otro factor de la homofobia es el que se reproduce de forma individual y se representa en el ataque directo, a pesar de que hace un par de años de promulgó la Ley Zamudio, esta no ha garantizado el fin de la discriminación ni se ha transformado en una política pública de prevención en contra de los crímenes de odio.
En este marco, una Ley de Identidad de género sin cuestionamientos es una necesidad mínima para los trans, un pequeño avance democrático que impulsaría la eliminación de las brechas generadas por las morales burguesas, sin embargo insuficiente frente al relego a la prostitución mencionado más arriba, práctica que hipócritamente es perseguida por el Estado y sus fuerzas represivas.
Por esto es necesario exigir cupos laborales trans sin brechas de sueldo entre géneros, acompañado de la demanda de un sueldo mínimo acorde a la canasta familiar, consiguiendo así garantizar la inserción o reinserción laboral que hasta ahora no se permite, también de la mano con una reforma a la Ley Zamudio que ponga barreras a la discriminación laboral.
Dentro de un programa de la diversidad sexual, es necesario que estas demandas sean transversales para combatir al moralismo burgués dentro de los marcos del capitalismo, pero nunca dejando de lado que la única forma de emancipación de la diversidad sexual solo es posible acabando con la sociedad clases.

Javier Ilabaca
Estudiante de Periodismo, Universidad Central de Chile