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Red Internacional
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HISTORIA MUSICAL. La nueva canción chilena y el rescate de las raíces originarias

Frente al intento de la clase dominante, de ocultar las raíces de la Nueva Canción Chilena por medio de la dictadura, y los distintos medios tradicionales, el día de hoy persiste la necesidad de traer una parte de la historia que cruza a la música con la historia política de nuestro país.

Miércoles 16 de agosto de 2017

La nueva canción chilena fue un movimiento cultural que se gestó al calor de los cambios políticos de los años 60 -70 , con grupos como el Quilapayún, inti illimani, los Hermanos Parra y Víctor Jara que buscaban a través de la música cantar la realidad llena de miserias. Todo esto, marcando pauta tanto en temas estéticos como musicales, rescatando los ritmos de la música latinoamericana y los instrumentos de los pueblos nativos que eran mezclados con la música popular, utilizando en ocasiones instrumentos eléctricos o complicados arreglos de voces.

La cultura de los pueblos originarios, tiene grandes diferencias con la cultura que el estado chileno ha promovido, en los años de la dictadura estas diferencias se hicieron aún más notorias dentro de la cultura chilena y aunque La Nueva Canción Chilena no fue encabezada por músicos o artistas de pueblos originarios, fue liderada por jóvenes que buscaban rescatar las raíces de la música latinoamericana.

En contraparte a este movimiento, existían grupos como los cuatro cuartos o las cuatro brujas que tocaban música mucho más tradicional, basando sus arreglos en el folklore tradicional, cuecas, tonadas y boleros, las cuales iban acompañadas de letras que reivindicaban el trabajo militar en la guerra del pacífico y el nacionalismo. Más tarde ambas tendencias se alinearon como las bandas sonoras de las clases sociales en disputa, siendo así la nueva canción chilena, la música de los jóvenes militantes de izquierda y trabajadores organizados, mayormente ligada a la UP, versus el neofolklore que envolvía a conjuntos como los Cuatro Cuartos, los Huasos Quincheros, entre otros, que se codeaba con los sectores más conservadores y acomodados. (Salas, 2001. Revista musical chilena).

Entre las letras, los arreglos musicales y sus intenciones saltaban varias diferencias, pero algo que no podemos dejar de mencionar es la estética. El neofolklore reivindicaba el estilo del huaso dueño de fundo, con espuelas, sombreros atractivos, camisas y chaquetitas blancas, pelo corto y barba afeitada, mientras que los representantes de la Nueva Canción chilena llevaban los cabellos y las barbas largas, vestían ponchos, con vestimentas negras o camisas simples (Es peligroso ser pobre amigo. Rubí Carreño Bolívar), tales aspectos podrían ser comparados con la estética del rock internacional como Led Zeppelin o Black Sabbath o bien nos puede parecer que tienen cierta similitud con los pueblos precolombinos y sectores del campesinado más pobre.

Inmediatamente iniciada la dictadura (1973) , los artistas de la nueva Canción Chilena, fueron exiliados, perseguidos y asesinados. Al silenciar la música de este nuevo movimiento cultural, censuraron los instrumentos que forman parte de una identidad que va más allá de la cueca, que es un ritmo producto de la interacción con esclavos africanos, colonizadores españoles e indígenas que se generó en la época de la colonización dejando de lado toda la historia anterior de los pueblos indígenas. Al parecer es algo que siempre han querido extirpar, borrandolos de las historias, enseñándonos la cueca solamente, tal cual se nos enseña a creer en dios, es decir, sin contarnos sobre las raíces más profundas. Sin contarnos sobre los genocidios llevados a cabo por latifundistas, militares y empresarios.

La imposición musical de la dictadura expresa el sentir más profundo de la derecha, el desprecio a la comunidad mapuche y a toda la historia de lucha de los pueblos originarios. Es por eso que los músicos de esta época, tenemos una gran tarea, la de hacer música y arte que retrate la realidad y que rescate la historia que nos han querido ocultar.