La protesta de 400 trabajadoras de la recogida de la fresa marroquíes en Almonte este domingo fue represaliada por los terratenientes de Doñana 1998 con el intento de deportación en autobuses de estas mujeres. Los autobuses fueron detenidos a través de una denuncia del SAT.
Lunes 4 de junio de 2018
Este indignante caso salió a la luz como la ocasión interceptada de una práctica que, conociendo el historial de superexplotación e incumplimiento de los más elementales derechos humanos que los terratenientes ejercen contra trabajadores migrantes en toda Europa, parece algo habitual y encubierto.
Unas 400 temporeras de la recogida de la fresa habrían sido llevadas en buses con la intención de ser deportadas antes de finalizar el contrato por haber denunciado y protestado contra los terribles abusos que sufren a diario como mujeres trabajadoras inmigrantes y como forma de que no pudieran llevar los hechos ante cualquier autoridad. Este hecho aparece como una denuncia por “secuestro” contra la empresa Doñana 1998, la cual afirma que el traslado en autobuses es debido al fin de la temporada de la fresa.
Las trabajadoras relatan que “no hay cocina, seis mujeres duermen en una habitación, y solo una vez a la semana pueden darse una ducha (…) y que el supervisor "viene todas las tardes. Él tiene los números de teléfono de todas las mujeres y obliga a tener relaciones sexuales con él. Cada noche con una mujer. Si dices que no, te castiga en el trabajo".
Estos abusos machistas se multiplican hacia las trabajadoras al tiempo que la precariedad laboral se extiende, pero en el caso de las temporeras alcanza cotas terribles. Es uno de los aspectos más aberrantes de este enorme sector que concentra un sinfín de ataques contra los trabajadores, con mucha más intensidad si son migrantes, que sigue totalmente impune en el Estado Español.
Las trabajadoras afirman que “trabajan desde las 6 de la mañana hasta el almuerzo y luego de nuevo por la tarde. No ganan más de 30 euros por día. Las empresas no pagan si el clima es demasiado malo para la cosecha, la producción se cierra por un corto tiempo por razones totalmente arbitrarias, como el castigo por los errores.”
Así como se producen estas situaciones en los invernaderos de Huelva, también denuncias de trabajadoras de las empresas envasadoras han puesto el punto de mira en este sector donde trabajan casi 30.000 trabajadores, en su mayoría mujeres y muchas de ellas inmigrantes, así como denuncias de trabajadores de los invernaderos de Almería cobrando un euro la hora por jornadas de 12 o 14 horas diarias.
Estas empresas no son más que las herederas del viejo cortijo andaluz, el de la miseria, el hambre y la esclavitud, contra el que tanto han luchado generaciones de jornaleros a lo largo de nuestra historia, sin embargo el nuevo latifundio explota especialmente a migrantes en una economía agrícola que muchas veces se disfraza de ecológica, socialmente responsable y toda la retahíla de etiquetas que ha puesto de moda el “capitalismo verde”.
Paradójicamente, la política de la burocracia sindical de CCOO y UGT se limita a pedir más inspectores e inspecciones de Trabajo en el sector, que éstas actúen con mayores medios y que actúen no sólo cuando hay denuncias si no de forma continuada.
Se hace necesario acabar con el olvido de los trabajadores del campo en el Estado Español, a través de la Reforma agraria y la colectivización de la tierra bajo control de los trabajadores.
Las mujeres trabajadoras inmigrantes sufren los peores contratos laborales y condiciones de sobreexplotación, la precariedad laboral como una violencia hacia las mujeres que se ejerce desde el Estado y sus instituciones, aplicando todas las directivas de las empresas capitalistas. Esta violencia oprime y explota doblemente a la mayoría de las mujeres trabajadoras, a través de sus políticas racistas e imperialistas y sus reaccionarias leyes de extranjerías, oprime triplemente a las mujeres inmigrantes.
Por ello se hace necesaria la derogación de la reaccionaria Ley de Extranjería, el cierre de los CIEs (Centros de Internamiento para Extranjeros), el cese del uso de los papeles como arma de chantaje y explotación de parte del mercado de trabajo, por papeles para todas y todos sin contrato y la lucha contra la discriminación laboral mediante el racismo, la xenofobia y la islamofobia.

Jorge Remacha
Nació en Zaragoza en 1996. Historiador y docente de Educación Secundaria. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.